MEDITACIONES

de     F. F.

Nehemías 1: Otro siervo fiel de Jehová


Léase por favor Nehemías 1


“Esto fue en el día trece del mes de Adar, y reposaron en el día catorce del mismo, y lo hicieron día de banquete y de alegría. Pero los judíos que estaban en Susa se juntaron el día trece y el catorce del mismo mes, y el quince del mismo reposaron y lo hicieron día de banquete y de regocijo.” Ester 9:17-18

“Me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.”

La semana pasada notamos como el hombre fiel y piadoso, Esdras, había ayudado a los israelitas en su arrepentimiento de haber mezclado con los pueblos de los gentiles a través del matrimonio. Ahora empezando con el libro de Nehemías y comparando verso 1 con Esdras 7:8, nos damos cuenta de que 13 años habían pasado desde que Esdras volvió a la tierra. ¿Por qué, entonces, la gran diferencia entre los judíos que no se habían animado para regresar a Palestina, y los que sí, se encontraron en la tierra prometida? ¿El pueblo en Babilonia regocijando con banquetes, y el pueblo en Jerusalén “en gran mal y afrenta”?

Creo que tenemos la respuesta en Hebreos 12:5-6 “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” A pesar del arrepentimiento tan profundo de que leíamos recién, encontramos que no había ánimo suficiente para continuar en una senda de fidelidad. La mano de Jehová estaba sobre ellos para volverlos a su fidelidad anterior; en cambio, los que nunca salieron de Babilonia se encuentran sin los problemas del remanente. La lección por nosotros, mis hermanos, es eso que la prosperidad y todo andando bien no es una marca de la bendición de Dios, como tampoco los problemas y tristezas de la vida son necesariamente marcas de la maldición de Dios. Nuestra tendencia siempre es conectar nuestras circunstancias con el favor de Dios, pero leyendo Hebreos 12 y muchos otros versículos acerca del sufrimiento, vemos que estamos en la escuela de Dios constantemente y todo debemos ver por este lente. Léase el Salmo 73 para ver un hombre que pasaba por esta pregunta y salió con su respuesta.

Nehemías, un hombre que amaba a su tierra, era el copero del rey y no tuvo libertad de estar en la tierra como deseaba, pero su corazón estaba con ellos. Nehemías, escuchando las noticias antes mencionadas, “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.” Se nota primero que Nehemías sentía en su corazón la condición del pueblo de Dios, e igual como Daniel y Esdras que fueron antes que el, buscó su refugio en “el Dios de los cielos.” Otra vez se nota que Jehová, Dios de Israel, se conoce como el Dios de los cielos. La relación del pueblo ya no se nota como antes cuando Dios se dedicaba principalmente al bienestar de Israel y las otras naciones solo como “los gentiles”. Hay que recordar que después que fueron llevados cautivos, aunque fueron devueltos a la tierra, todavía no se ha levantado el juicio de estar bajo la servidumbre de la nación en Babilonia. Pero, aun así, Nehemías reconoce que su única esperanza está en la misericordia de Dios por ellos.

También igual como hemos notado con Esdras y Daniel, Nehemías confiesa la condición del pueblo de Dios que los ha llevado a tal estado de ruina. “Confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.” Pero también Nehemías conoce la palabra de Dios y sus antiguas promesas. “Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.”

Es probable que Nehemías refiriera a la escritura en Deuteronomio 30:1-5. “Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y te convirtieres a Jehová tu Dios … entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios.” Hemos notado como Daniel entendía por haber leído el profeta Jeremías que Dios iba a cumplir setenta años en la cautividad de Jerusalén. Así también Nehemías era un alumno de la palabra de Dios. Le da entendimiento en la hora de su necesidad. Va a ser igual con nosotros. Si somos negligentes de la palabra, cuando llega la hora de la prueba, no vamos a tener entendimiento por nuestro camino. Nehemías había estudiado la palabra, y le da de entender que Dios tendría misericordia a su pueblo arrepentido. Así él puede orar con fe en su corazón que Dios le iba a contestar y darle favor en los ojos del rey. “Concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.” Era un rey de sumo potencia, pero comparado con Dios, era nada más que “aquel varón.”

O mis amigos, que no tengamos en poco la importancia de leer la Biblia por nosotros todos los días. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera á mi camino.” Salmo 119:105

Felipe Fournier
20 junio de 2021