Derrota de Israel en Hai
(7:6) Entonces Josué rompió sus vestidos, y postróse en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. (7:7) Y Josué dijo: Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar á este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los Amorrheos, que nos destruyan? Ojalá nos hubiéramos quedado de la otra parte del Jordán! (7:8) Ay Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto las espaldas delante de sus enemigos? (7:9) Porque los Cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos cercarán, y raerán nuestro nombre de sobre la tierra: entonces ¿qué harás tú á tu grande nombre?
El pecado de Acân
(7:16) Josué, pues, levantándose de mañana, hizo allegar á Israel por sus tribus; y fué tomada la tribu de Judá; (7:17) Y haciendo allegar la tribu de Judá, fué tomada la familia de los de Zera; haciendo luego allegar la familia de los de Zera por los varones, fué tomado Zabdi; (7:18) E hizo allegar su casa por los varones, y fué tomado Achân, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá. (7:19) Entonces Josué dijo á Achân: Hijo mío, da gloria ahora á Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. (7:20) Y Achân respondió á Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y he hecho así y así: (7:21) Que vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un changote de oro de peso de cincuenta siclos; lo cual codicié, y tomé: y he aquí que está escondido debajo de tierra en el medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.
(7:22) Josué entonces envió mensajeros, los cuales fueron corriendo á la tienda; y he aquí estaba escondido en su tienda, y el dinero debajo de ello: (7:23) Y tomándolo de en medio de la tienda, trajéronlo á Josué y á todos los hijos de Israel, y pusiéronlo delante de Jehová. (7:24) Entonces Josué, y todo Israel con él, tomó á Achân hijo de Zera, y el dinero, y el manto, y el changote de oro, y sus hijos, y sus hijas, y sus bueyes, y sus asnos, y sus ovejas, y su tienda, y todo cuanto tenía, y lleváronlo todo al valle de Achôr; (7:25) Y dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los Israelitas los apedrearon, y los quemaron á fuego, después de apedrearlos con piedras; (7:26) Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, hasta hoy. Y Jehová se tornó de la ira de su furor. Y por esto fué llamado aquel lugar el Valle de Achôr, hasta hoy.”  Josué 7:1–26
Disculpe la tardanza de escribir pues estaba haciendo visitas en Mission, Tejas y Reynosa, Tamaulipas la semana pasada y me estaba difícil escribir. Vienen mis nietos hoy día en la tarde y pensaba que si espero hasta mañana me voy a encontrar en el mismo problema; así les escribo hoy día el sábado en vez del día del Señor.
“Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel”.
Se nota en este capítulo que Jehová había visto el pecado en un solo hombre, pero se culpa a toda la nación. “Los hijos de Israel cometieron una prevaricación”. Acaso en muchos el pecado estaba en el corazón, aunque salía en acciones solo en uno. Vemos lo que dice acerca de Acán; “Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé … ”. Dice Acán “Vi…codicié y tomé”. Son tres cosas que pasaron a Acán y trajeron miseria a toda Israel hasta la muerte de 36 hombres. Acaso no nos parece tan mal lo que hizo pero tenía graves consecuencias. A mí me parece también que había muchos que no fueron juzgados como Acán que hicieron las dos primeras cosas; vieron y codiciaron.
Así vemos en el día de hoy que el pecado individual puede contaminar a la asamblea. Pensamos quizás cuando decidimos pecar que nuestro pecado no va a afectar nadie menos nosotros. Pero se ve que no es así. Siguiendo en el capítulo nuestro vemos que los hijos de Israel, incluso su líder Josué, se pusieron orgullosos de la victoria total en Jericó. No volvieron a Gilgal para “renovar el reino” como Samuel hizo muchos años después y como la nación hacia algunas veces después de sus victorias. Si hubieron ido para confesar los pecados menos severos (ver y codiciar; el ver quizás fue inevitable; el codiciar viene a través de un corazón no satisfecho con lo que Dios da.) Estoy seguro que habían hecho el viaje a Gilgal, el pecado allí hubiera sido descubierto y juzgado y los 36 hombres no hubieran muerto. Esta vez nada más estaban bien contentos con sí mismo y hablaron palabras de grande auto-confianza.
“Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai. Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos”. ¿Desde cuándo el número o fuerza de los enemigos tenía algo que ver con su peligro o amenaza? La idea de que pocos hombres es poco riesgo venia de la falta de entendimiento acerca de quien había tumbado las paredes de Jericó. El capitán o príncipe del ejército de Jehová que iba delante de ellos en su carácter de santidad había dado la victoria. Era pura auto-confianza que decía “No suba todo el pueblo … ”. Así Pedro cuando hablaba como nunca iba a negar al Señor Jesús; “yo seré fiel hasta la muerte” dijo en tantas palabras. La moderna nación de Israel tuvo semejante caída en 1973. En 1967 habían ganado una victoria contra los árabes, contra Egipto, Siria, Jordan, e Iraq. Su sobre confianza en sí mismo casi causó la eliminación de la nación el 6 de octubre, 1973, cuando ambos los sirios y los egipcios la atacaron y en 24 horas los sirios casi llegaron a cruzar el rio Jordan para entrar en la tierra misma. A nosotros nos conviene recordar también que no se puede tener confianza en la carne. El auto-juicio, del cual Gilgal nos hace recordar, es muy importante para una vida victoriosa sobre el pecado.
“Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua”. Ahora, después de ser derrotados, empiezan a pensar como habían llegado a este punto. No somos mejores que ellos; ¡cuántas veces nos ha pasado algo semejante! Josué, quien tomaba antes el consejo de los espías para enviar pocos y no consultaba nada con Jehová, empieza a reflexionar sobre la gravedad de su situación. “Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán”! No suena muy bien esta oración. Se oye como si fuera queja contra Jehová, aunque el acto de echarse sobre sus rostros y poner polvo en sus cabezas nos da la idea de arrepentimiento. Pero, ¡que tan pronto olvidaron las misericordias de Dios en la cruzada milagrosa del Jordan y los muros de Jericó!
Josué termina su oración por fin pensando de la gloria de Jehová; “¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre”? Era bueno que Josué pensara de la gloria del nombre de Jehová. Mejor hubiera sido empezar allí, como tantas veces había hecho Moisés. Pero vemos hasta en el líder un fracaso y así nos demos cuenta de nuestra debilidad y flaqueza espiritual, pero a la vez vemos que a pesar de la disciplina, Jehová iba a ensenarles en su misericordia su error y la forma de corregirse. Eso veremos Dios mediante la semana que viene.
22 julio de 2017