Una meditación por Douglas Jacobsen, traducido y redactado por Felipe Fournier
Algunos de ustedes que son del norte de México conocen al hermano Douglas Jacobsen que por muchos años visitaba las asambleas en el norte de México con el hermano Guillermo Guerra, ya con el Señor estos 18 años. En la asamblea en Hemet, estábamos estudiando los domingos por la mañana en el libro de Genesis y nuestro hermano compartía algo que me parecía muy edificante sobre los siervos de José, algo que yo no había meditado antes. Lo pedí que me escribiera algo, y me lo escribió, pero en una forma más bien como conversando y no escrito exactamente por publicidad. Pero yo pensaba que, aunque han pasado varios años desde que hacíamos el estudio sobre Genesis, valía la pena traducir y redactar algo los pensamientos de nuestro hermano. Siendo que es un poco largo, lo voy a hacer por dos o tres semanas, dependiendo como sale de largo. ¡Quiera Dios que estas meditaciones sirvan para animarnos acerca del amor y sabiduría de nuestro Dios y salvador Jesucristo!
Cuando José estaba en la cárcel de Egipto, le dijo al mayordomo que lo habían robado de la tierra de Canaán. Eso no era exactamente cierto pues sus hermanos lo vendieron como esclavo. Estaba protegiendo a sus hermanos. ¡Cómo ama Cristo a los suyos! En el prototipo de José como prototipo de Jesús, eso es lo que vemos en esta escena. “Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.” Genesis 40:14-15. José no iba a decir nada malo de sus hermanos. ¿Dónde está la amargura y rencor que normalmente mostramos nosotros, actuando por la carne? No se ve nada, pues así es nuestro Señor Jesucristo. “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.” 1 Pedro 2:21-22
Los sirvientes de la casa de Faraón ahora tienen un nuevo amo. Su nombre es José y parece ser un príncipe. Viste las túnicas de la realeza y parece que le quedan bien. Parece que las túnicas le pertenecen. Los sirvientes son esclavos, han sido comprados y vendidos, y terminaban allí como esclavos en Egipto, como lo había estado José. Pero no saben nada sobre el propósito de José.
Los ángeles miran y aprenden, por nuestra obediencia. Aprenden por lo que Cristo hace en nuestras vidas. Aprenden la sabiduría de su maestro. Pero no comparten su propósito. No comparten su conocimiento del futuro con ellos como lo hace con nosotros. Los ángeles observan y aprenden al observar lo que Dios está haciendo. Y así, los sirvientes de la casa de José durante nueve años han vivido en la presencia de José. Y puede imaginar cómo fue. La paz y la tranquilidad que llegó a la tierra, ya que está gobernada por un hombre que tenía la sabiduría y el poder de Dios detrás de él. Y cómo todo en toda la tierra ahora estaba sometido y sometido a este hombre. Sin rebelión o dificultad. Todo funciona ahora de acuerdo con la paz y la mente de Dios. Cómo los ángeles, se maravillaron los siervos de José con el cambio, sin duda. Aquí estaba un hombre en quien estaba la sabiduría de Dios. Los extranjeros venían de otras tierras, ¿y con qué se encontraron? Gracia, benevolencia y generosidad; uno tras otro, los necesitados llegaron a la presencia de José y él los suministraba de todas sus necesidades; uno tras otro sin discriminación. Cuán maravilloso debe haber sido el tratar con cada uno de los que venían, día tras día tras día, en gracia y misericordia. ¡Y cómo los trató a ellos, los mismos esclavos siervos! Eran esclavos y él había sido esclavo. ¿Qué tan bien cree que fueron tratados? Me imagino que no podrían creer su buena suerte. Servían con alegría en la presencia de José, su nuevo amo, alguien que conocía perfectamente bien como había sido ser esclavo. Como los siervos de Salomón en un día posterior, servían y fue un honor ser un sirviente en la casa de Salomón. Se regocijaban con Salomón. Tenemos el testimonia de la reina. “Oyendo la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles… dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído. Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría…” 1 Reyes 10:1-8
Por nueve años esto continúa. ¿Pero un día, que es lo que sucede? Diez de los hombres más rudos que jamás vieron, vinieron de un país lejano, mendigando pan. Qué cambio se produjo en su amo. De repente, los acusa de espías. Está siendo duro con ellos. Y sin duda los sirvientes pensaron que José había perdido la cabeza.
Nunca había actuado así, ¡ni una vez antes! En toda su historia estoy seguro que los siervos nunca veían cosa semejante. Sí, estos eran personajes de aspecto rudo, pero sin duda vinieron muchos personajes de aspecto rudo. Y los encierra en la cárcel; ¿se imagina qué pasaría si esa fuera la norma? No habría lugar en Egipto para todos los recién llegados mientras intentaban determinar si eran espías o no. ¿Y luego que pasa? De repente, abruptamente, se los suelta. Sus costales están llenos de trigo, y no solo eso, sino que se les devuelve el dinero. ¡Qué comportamiento tan extraño! Si José sospechaba de ellos, ¿por qué estaba llenando los costales hasta el borde y luego devolviendo el dinero en la boca de sus costales? Sin duda, los sirvientes se sentaban allí y se preguntaban y hablaban entre ellos. ¿Qué clase de hombre es éste? ¿Qué está haciendo? Mantiene a uno de ellos en la cárcel. Y nunca se saben de él durante un año. Y un año después regresan los nueve, demacrados y delgados. Pero hay algo más con ellos. ¡¡Un príncipe!! ¡Nueve personajes rudos y traen un príncipe! ¡Y este se parece a José! Con ellos, los hombres rudos, viene uno que camina con dignidad y honor. Eso parece ser el hijo de un rey. Y se los hace sentar en la mesa en la casa de José. Y el Príncipe es elegido por una recompensa extra. Cómo se preguntaban los siervos ¿Qué clase de comportamiento es este que está haciendo ahora nuestro amo? ¡Y luego son despedidos y la copa de plata se pone en el costal del Príncipe! ¡Cosa onerosa! Para tomar la copa de plata de José, sería una ofensa bien seria. ¿Qué estaba haciendo José?
Continuamos la semana que viene, Dios mediante.
21 febrero de 2021