Hemos estado considerando los libros que Pablo escribió desde su encarcelamiento. Ahora nos toca considerar su carta a Filemón, un libro muy corto pero lleno de instrucción de parte del amado siervo Pablo, escribiendo como a un amigo fiel y viejo. El tema del libro es un esclavo que tuvo Filemón, que escapó y posiblemente había robado a Filemón en su fuga. Bajo la ley de los Romanos, Filemón justamente hubiera podido condenar a Onésimo a la muerte, pero Onésimo había conocido a Cristo en Roma, aparentemente bajo la enseñanza del mismo Pablo. “Onésimo, a quien engendré en mis prisiones.” Para saber todos los detalles de esta conversión, vamos a tener que esperar hasta la gloria, pero un poquito si sabemos a través de este pequeño libro.
Nos parece que esta carta fue la última que Pablo escribió en su primer encarcelamiento, aunque no podemos estar muy seguros. Por lo que Pablo escribió en Colosenses, parece que Onésimo estaba sirviendo al apóstol en aquel entonces, y después, Pablo le envió devuelto a su viejo amo Filemón. “Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor, el cual he enviado a vosotros para esto mismo, para que conozca lo que a vosotros se refiere, y conforte vuestros corazones, con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber.” Pero Pablo conocía la historia del “amado y fiel hermano” que antes había sido nada más un esclavo rebelde, y quería que Onésimo siguiese su carrera cristiana con una buena conciencia delante de su antiguo amo.
Pablo empieza su carta con un saludo amable y tierno; “al amado Filemón, colaborador nuestro, y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa.” Se supone que Apia era la esposa de Filemón, y Arquipo quizás su hijo. “La iglesia que está en tu casa” nos enseña que los locales humildes, como en las casas, eran conocidos en el tiempo de los apóstoles, tanto como en el día de hoy, e indudablemente esta pareja amaba y cuidaba la asamblea, así ofreciendo su casa como lugar de reunirse. Que testimonio tan bonita daba Pablo de Filemón, uno que yo también anhelo poder tener “Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos.”
Pero entonces el apóstol empieza a implorar por el siervo desobediente y rebelde, Onésimo. “el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.” ¿Cómo iba a poder Filemón rechazar tal ruego? “Para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor…Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré.”
Es posible mirar ejemplos bonitos en el evangelio en este libro. Éramos cada uno de nosotros siervos rebeldes e inútiles. Éramos como Onésimo dignos de muerte. Pero nuestra cuenta, tan grande que era, fue puesta en la cuenta del Señor Jesucristo, y podemos decir “aun mí mismo te debo también.” Así Pablo rogaba a Filemón, con la certeza que él iba a obedecer de todo corazón, regocijando de la salvación de su siervo rebelde que había sido tan útil a Pablo después de su conversión. “Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo.”
Vemos en el fin de este libro lo que nos hace pensar que Pablo por fin fue suelto de su encarcelamiento en una casa, aunque quizás no fue por mucho tiempo. “Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido.” Pablo tenía la certeza que ellos (la familia de Filemón, y sin duda la asamblea que estaba en su casa) oraba por él y además estaba seguro que sus oraciones iban a ser contestadas.