Estoy un poco atrasado por haber estado viajando. Pude visitar la asamblea de Reynosa, México, donde hay varias familias que están congregados al nombre del Señor bien aislados de los demás asambleas en México. Fue grato visitarles y ver su constancia y gran deseo de agradar al Señor. Adjunto algunas fotos para que les conozcan un poquito. Estoy de viaje de nuevo pero tengo algunos minutos libres y pienso continuar el estudio de Eliseo, viajando con Elías a dos lugares más, Jericó y el rio Jordan.
Se nos acuerda que Jericó era la ciudad de la maldición, y si el Señor quiere, vamos a meditar algo más sobre esto cuando consideramos el regreso de Eliseo a aquel lugar después que Elías fue arrebatado. Por el momento, recordamos que Jericó era la cuidad que bloqueaba la entrada en la tierra prometida, la tierra que nos habla de nuestra herencia celestial. Así como Eliseo, nosotros también tenemos enemigos en lugares celestiales que quieren impedir nuestra apreciación de la herencia celestial, y quieren hacernos amadores de la tierra, con toda su riqueza, cosa que Jericó nos hace recordar. Un israelita (Acán hijo de Carmi) en el tiempo de Josué, fue tentado por las riquezas de Jericó, y tratando de llevárselas, se encontró instrumento de la pérdida de vida y la perdida de toda su familia. También fue ante la ciudad de Jericó que Josué encontró el Príncipe del ejército. “Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. ... .” Josué 5:13-14 Eliseo, preparado para el futuro cuando iba a ser instrumento de liberación para los reyes de Israel y Judá, y también protegido por este mismo Príncipe, tuvo que pasar por Jericó. Nosotros pasamos por este mundo obligatoriamente. No podemos ni debemos tratar de hacernos monjes para escapar de este mundo, pero sí conocemos el Príncipe que nos guarda de este mundo. La oración de Jesucristo por sus discípulos fue “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” Juan 17:15-17
De Jericó Elías y Eliseo pasaron el rio Jordan, el rio que constantemente nos habla de la muerte. En el caso de Elías, nada más pasó por lo que era el tipo de la muerte, pues Elías nunca ibaa morir. Iba a ser arrebatado al cielo sin morir, lo que también es la esperanza de todo creyente en Cristo en el día de hoy. No esperamos la muerte, sino esperamos la venida del Señor para arrebatarnos, nuestra esperanza bienaventurada. “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.” Tito 2:13 Pero Eliseo iba a quedarse en este mundo, representante del hombre que fue glorificado al cielo, y así pasando el rio Jordan, le vemos “muerto” al mundo. Claro que el mundo tiene sus atracciones como vemos en prototipo en la ciudad de Jericó, pero Elíseo está muerto al mundo y sus esperanzas están en otro sitio. Nosotros estamos también en el mundo, pero muertos a ello por la muerte de Jesucristo, y mostrando este muerte en tipo por haber pasado por las aguas de bautismo. “Más nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” Filipenses 3:20-21
Haciendo resumen de estos cuatro lugares donde los dos profetas fueron juntos, quizás se puede decir que en Gilgal, se conoce la santidad de Dios que requiere el juicio de la carne; en Betel recordamos la gracia de Dios sin condiciones que nos guarda hasta el fin; en Jericó, el grande poder de Dios para cuidarnos de los peligros y obstáculos en la senda hacia la herencia celestial; y por fin en el rio Jordan, vemos la separación de este mundo ahora mismos, mientras tanto viajemos hacia el mismo hogar celestial.
Seguiremos Dios mediante con la senda del hombre Eliseo, profeta de Dios y representante en gracia a una nación rebelde y no agradecido.
12 de julio de 2011