“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.”
Como vimos la semana pasada, tenemos ahora un profeta desanimado y deprimido. ¿No es bonito de todos modos ver el cuidado de Dios, aun sobre su siervo de mal genio? Los cuervos en otro tiempo habían llevado comida a Elías, pero en esta época, es un ángel de Dios que está ministrando al siervo deprimido. Parece que Elías no se levanta de su depresión aun así, sino se dedica a dormir, pero Dios no regaña a su siervo por haber descansado. “Largo camino te resta” dice en nuestra traducción 1960 pero en inglés y en la Biblia de Jerusalén leemos “porque el camino es demasiado largo para ti.” ¿No es el camino demasiado largo por cada uno de nosotros? Quiero corregir lo que escribí la semana pasada pues quise decir acerca de Pedro, caminando sobre el agua, que no es más fácil caminar en la mar tranquila que en la mar brava. Igual no podemos, y el camino había sido demasiado para Elías y en los tiempos de hambre, y contra Acab y los profetas falso de Baal, pero había confiado en Dios, y los resultados habían sido siempre exitosos.
Después vemos como Elías contesta a la voz de Dios, suave y tierno “¿Qué haces aquí, Elías?” ¿No hay una voz para nosotros también, dondequiera que estemos en la vida? Debemos poder contestar que estamos aquí por la voluntad de Dios, para agradarle en nuestras vidas. Elías responde, mostrándose molesto para con Dios y el pueblo de Israel que no le había protegido de Jezabel. “El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” Elías en esta oración acusa la nación de Israel, y era muy diferente su oración aquí que antes, cuando oraba que no lloviese sobre la tierra. Romanos 11:2 “... ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel …” En su oración que Dios no enviara la lluvia, oraba porque buscaba la bendición de la nación, a través de arrepentimiento. Ahora, él quiere que Dios juzgara a Israel por su desobediencia. Pero no era buena esta oración pues no nos toca y no tocaba a Elías pedir que cayese el juicio de Dios sobre este mundo. Sabemos que viene el juicio, pero nosotros, si tenemos la mente de Cristo, reconocemos que el corazón de Dios es así: “... no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” 2 Pedro 3:9
Vemos ahora al profeta encerrado en una cueva, siguiendo de mal genio y queriendo estar a solas, pero Jehová no iba a dejar pasar a su siervo de su camino de servicio en una forma tan deshonroso. “Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva.” No fue las cosas grandes que tocaron el corazón de Elías, sino la voz de Dios, como un silbo apacible y delicado. Dios nos quiere hablar en la misma forma; tengamos oídos para escuchar su voz así hablándonos.
Dios entonces dio a Elías algunos quehaceres, acerca del futuro del ministerio para Israel, a además para su juicio. Pero tiene una palabra final para redargüir a su siervo “Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.” Elías pensaba y dijo “yo soy el único fiel en Israel”, pero no fue cierto, pues Jehová tenía siete mil. Tengamos cuidado también nosotros pensar así. Siempre hay los que son fieles a Dios y si nosotros andamos en comunión con el Señor, los vamos a descubrir. Estaba dictando clase una vez en el sur de Tejas, y después vino uno de los alumnos y me dijo “¿Entonces tú también amas al Señor Jesús?” No pude pensar de lo que había dicho durante la clase que indicó esto, pero estaba contento que Dios me había dado la oportunidad de conocer a uno de los “siete mil”.
29 de mayo de 2011