Quiero seguir con las meditaciones sobre estos cuatro lugares donde fue Elías y con él, Eliseo que iba a tomar su ministerio. Esta semana vamos a meditar sobre Bet-el. “Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el. Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.”
El lugar Bet-el tiene una historia larga e interesante. Su nombre quiere decir “La casa de Dios.” Aparentamente fue Jacob, hijo de Isaac, que dio este nombre al lugar, aunque se nombra así (Bet-el) en el libro de Génesis capítulo 12. “Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.” Abram edificó su altar cerca de Bet-el. Quizás hemos notado que Abran no tuvo altar en Harán, donde había estado hasta la muerte de su papa, pues Jehová le había dicho que fuera a la tierra de Canaán, no a Harán. Parece que su papa Taré era muy influente en esto. “Y tomó Taré a Abram su hijo … y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí.” Taré quizás pensaba seguir el mandamiento que su hijo había recibido de Jehová, pero no fue posible. Los padres no pueden vivir de la fe de sus hijos ni tampoco lo contrario. Pero cuando Abram por fin, después de la muerte de su padre, entró en la tierra, la primera cosa que hizo fue construir su altar cerca de Bet-el. ¿Tenemos nosotros tal sitio? Para mi es la oración y la lectura de la Biblia familiar. Claro que el estudio de la palabra en la asamblea es importante; pero no es substituto para el altar familiar. Abram invocó al nombre de Jehová en Bet-el. Y aunque usted no tenga marido ni hijos, es importantísimo el altar familiar.
Leemos después de Bet-el cuándo Jacob fue allá, huyendo de Esaú. “Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue … Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella ... Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia … Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo ... Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero.” Génesis 28:10-19 La escena que vemos aquí en Bet-el es bien precioso. Pero Jacob no estaba en la condición espiritual para disfrutar. La escalera al cielo nos habla de Cristo, el único mediador entre Dios y los hombres. En este lugar Jacob recibió bendiciones sin condiciones, pero a pesar de esto trató de hacer un contrato con Dios, basado sobre la cuestión si Jehová iba a ser fiel a su palabra. Jacob no le gustó aquel lugar, pues dijo “: ¡Cuán terrible es este lugar!” ¡Pobre Jacob! No conociendo a Jehová, no pudo aprovechar su presencia y en vez de gozo, le da miedo.
Mucho peor que Jacob, que no apreciaba la presencia de Dios en Bet-el, tenemos a Jeroboam, quien introdujo el principio de idolatría en Bet-el. “Dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén … Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro … Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.” Así lo que antes era lugar de invocar al nombre del Señor, como en el tiempo de Abram, y lugar donde Jehová se manifestó a Jacob como Dios fiel, ahora se hace un lugar de adoración a un dios de oro. Vemos por todos los años de lo que sigue en la historia de Israel que la idolatría no fue purgado hasta el reinado de Josías. “Igualmente el altar que estaba en Bet-el, y el lugar alto que había hecho Jeroboam hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel; aquel altar y el lugar alto destruyó, y lo quemó, y lo hizo polvo.” 2 Reyes 23:15
Eliseo tuvo que pasar por Bet-el. Quizás Elías le contó de su historia; no sabemos pero la lección por nosotros, me parece, es esto que si vamos nosotros a ser siervos del hombre glorificado al cielo, tenemos que tener nuestro Bet-el; el lugar en la casa de acercamiento a Dios, sea por oración o por lectura y meditación de la Biblia. Va a haber obstáculos, quizás hasta la confusión religiosa, significado de la idolatría de Jeroboam, pero con energía como la que tenía Josías, podemos restaurar este lugar tan importante en nuestras vidas.
3 de julio de 2011