“Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.” Santiago 5:17-18 Es nuestro deseo estudiar primeramente el hombre “sujeto a semejantes pasiones” y después considerar al profeta que tomó su lugar, el profeta Eliseo que nos habla de la gracia soberana de Dios.
... conversábamos esta mañana sobre la misión del profeta. Muchas veces pensamos de un profeta como uno que predice el futuro y es posible que así sea, pero el caso de Elías es muy diferente. El profeta aparece en la historia de Israel después del fracaso espiritual del pueblo. Bajo los reyes de Israel, había una serie de reyes después de Jeroboam, cada vez peor y más alejados de Jehová, pero de todos los malos, Acab no tenía semejante en su maldad. La idolatría de Acab (y sobre todo su esposa de la extranjera Jezabel) era famosa. “Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel.” 1 Reyes 16:33 El pueblo seguía a su rey en su senda apartada de Jehová, tanto que más tarde Elías pensaba que fuera el único que seguía a Jehová, cosa que no fue cierto pero nos da de entender cuan apartados estaban. La adoración de Baal era casi universal. En esta escena triste se nos introduce a un hombre fiel a Jehová, un hombre que lamentaba la triste condición de Israel. Este profeta oró fervientemente para que no lloviese. ¿Quiso Elías que se murieran de hambre los hijos de Israel? No, lo que quiso era su arrepentimiento y siendo en comunión con Jehová, supo que fuera mejor que el pueblo sufriera de hambre que continuar en su condición apartados de Dios.
En los primeros días de los cristianos en el libro de los Hechos, vemos como Dios usaba a los dones principales para la bendición del hombre; el evangelista, el pastor, y el maestro. La iglesia así en su juventud y buena salud espiritual no tenía tanta necesidad del don del profeta. ¿Pero qué tal en el día de hoy? La mundanalidad y carnalidad abundan y hay mucha flaqueza y desanimo. Es entonces cuando Dios usa el don profético para llamar al pueblo de Dios al arrepentimiento. El profeta en el día de hoy no predice el futuro, pero igual como Elías, tiene el sentimiento de la necesidad de volver el pueblo al lugar de adoración de Cristo Jesús, en vez de la adoración de otras cosas, sean dinero, fama, carrera, o lo que se llama “éxito” en este mundo. Quiera Dios que cada uno de nosotros tengamos el deseo de ser útiles como profetas en el día de hoy, intercediendo a Dios a favor de su pueblo.
“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” 1 Reyes 17:1 Elías mostraba bastante valor así hablando de frente a un rey que era también homicida, como vemos más tarde. ¿Y cuál era la fuente de su valor? “Vive Jehová Dios de Israel en cuya presencia estoy …” dijo el profeta, totalmente sin temor. Regocijamos aquí viendo aquel ánimo, pero más tarde veremos como hombre de “semejantes pasiones como nosotros” cuando levantó y se fue por su vida, amenazado por la reina Jezabel. Su energía y valor solo existían cuando caminaba en la presencia de Jehová, y fuera de aquella presencia, era tan cobarde como cualquiera. Nosotros no somos mejores que él y no somos diferentes tampoco. Fuera de la presencia de nuestro Señor Jesucristo, somos débiles y temerosos.
“Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit.” No es común que el ser humano le gusta esconderse. Somos por naturaleza buscadores de reconocimiento, si no de fama. Pero el mandato de Jehová al profeta era “escóndete”. Así por nosotros, si queremos ser útiles al Señor Jesús en su servicio, o en la obra del evangelio o del ministerio a los santos, es necesario que el “yo” estará escondido, para que la gloria del Señor resplandezca. Elías se fue en obediencia a la palabra de Jehová y se escondió, bebiendo del arroyo y comiendo la comida que le fue traído por los cuervos. Veremos mas Dios mediante la semana que viene del hombre de “semejantes pasiones como nosotros.”