“Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres, tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad.” 1 Reyes 8:35-36
Menos que cien años antes del tiempo de nuestro estudio de Elías, el rey Salomón había orado, anticipando la desobediencia de la nación, pero a la vez pidiendo que la disciplina de Dios fuera por traerles al arrepentimiento. Si “confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado” Jehová sin duda hubiera enviado la lluvia como antes. Pero no, no fue así. Y nosotros, ¿somos sensibles en nuestra vida a la disciplina de Dios? Recién he escuchado una predicación grabado de un pastor evangélico que dijo que el arrepentimiento es por toda la vida. Eso es cierto, aunque desgraciadamente este señor estaba enseñado que la salvación es un proceso de toda la vida, cual cosa para nada es cierto. La salvación es la obra de Dios, y pasa en un momento, de muerte a vida. “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Juan 5:24 Aunque estamos de acuerdo que el arrepentimiento es muy necesario en la vida del creyente, no podemos disminuir el valor de la obra de Cristo en la cruz, diciendo que tal arrepentimiento tiene algo que ver con nuestra salvación.
Pero en la historia de la nación de Israel, no había el arrepentimiento esperado de parte de Elías. Jehová le había dicho “Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.” Y allí estaba Elías, con paciencia esperando la obra de arrepentimiento. Pero no pasó y “Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.” ¿Qué es esto? ¿No había dicho Jehová “beberás del arroyo”? El arroyo era la misericordia de Dios por Elías, y aunque sus misericordias abundan cada día, Dios es más grande que sus misericordias y nuestra confianza tiene que ser en Dios y no en sus misericordias.
Dios no iba a abandonar su siervo. “Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.” ¿No es maravillosa pensar que la viuda gentil iba a ser el sustento de Elías? Quizás hubiéramos pensado que Elías debería haber sustentado a la viuda, y no al revés, pero los caminos de Dios no son nuestros. “Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.” Lucas 4:25-26 Los hijos de Israel en el tiempo del Señor Jesús se pusieron bien molestos, escuchando que Jehová había enviado a Elías a la viuda de los gentiles, pero así era. Dios usa quien él quiere. Nosotros lo vemos y agradecemos aunque no sea nosotros.
¿Y qué tipo de viuda era? ¿Una mujer de grandes recursos para sostener al profeta? Pues, no, todo lo contrario, era una viuda pobre en extremo, a punto de muerte en verdad. “Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.” Ella, a pesar de ser gentil y del pueblo de donde había venido la reina idolatra Jezabel, era persona de conocimiento de Jehová Dios de Elías y de Israel. Conocía algo pero iba a conocer más, a través del profeta que había venido para morar con ella. Mostraba fe, obedeciendo lo que Elías dijo después. “Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.” ¿Primero para Elías, y no para ella y su hijo? Si, así dijo y así es también por nosotros. “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33
Es notable que Elías no dijera que iba a recibir un barril de harina ni tampoco un vaso grande de aceite. Cada día ella tenía que ejercitar la fe, buscando en la tinaja, aparentemente vacía el día anterior, el pan de cada día. Así con nosotros; Dios provee la gracia por cada día, y no por una semana o un mes. Cada día buscamos su rostro y el suministro de misericordia y gracia que necesitamos.