MEDITACIONES

de     P. F.

Elías Ora por la Lluvia  *

1 Reyes 18:31–46 *

“Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido palabra de Jehová, diciendo: Israel será tu nombre;  Edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová: después hizo una reguera alrededor del altar, cuanto cupieran dos satos de simiente.  Compuso luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y púsolo sobre la leña.  Y dijo: Henchid cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; é hiciéronlo la tercera vez.  De manera que las aguas corrían alrededor del altar; y había también henchido de agua la reguera.  Y como llegó la hora de ofrecerse el holocausto, llegóse el profeta Elías, y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.  Respóndeme, Jehová, respóndeme; para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú volviste atrás el corazón de ellos.  Entonces cayó fuego de Jehová, el cual consumió el holocausto, y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió las aguas que estaban en la reguera.  Y viéndolo todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros, y dijeron: ¡Jehová es el Dios! ¡Jehová es el Dios!  Y díjoles Elías: Prended á los profetas de Baal, que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y llevólos Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.  Y entonces Elías dijo á Achâb: Sube, come y bebe; porque una grande lluvia suena.  Y Achâb subió á comer y á beber. Y Elías subió á la cumbre del Carmelo; y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.  Y dijo á su criado: Sube ahora, y mira hacia la mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió á decir: Vuelve siete veces.  Y á la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube de la mar. Y él dijo: Ve, y di á Achâb: Unce y desciende, porque la lluvia no te ataje.  Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento; y hubo una gran lluvia. Y subiendo Achâb, vino á Jezreel.  Y la mano de Jehová fué sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y vino corriendo delante de Achâb hasta llegar á Jezreel.”  (1 Reyes 18:31–46)


“Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová.”  Estaba reflexionando un poco sobre la historia de Elías, leyendo de nuevo estas palabras, y me parece que tienen suma importancia en el día de hoy.  Elías volvió a construir el altar de Jehová, Dios de Israel, que estaba en ruina por años de negligencia.  ¿De que hizo la construcción?  De DOCE piedras, reconociendo que la nación de Israel todavía era una en los ojos de Dios.  En la práctica, la nación estaba dividida, con diez tribus bajo Acab, y dos tribus, Benjamín y Judá, bajo Josafat.  Nosotros, el día de hoy si el Señor permite, vamos a sentarnos con un solo pan en la mesa, para recordar al Señor en su muerte.  ¿Por qué un solo pan?  Porque, como nos dice en 1 Corintios 12:13 “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”  Alguien hubiera podido decir a Elías, “pues, ¿Qué haces poniendo doce piedras, sabiendo que la nación está dividida desde hace tantos años?”  Y así a nosotros, sabemos que el testimonio de un solo cuerpo está en ruina.  La cristiandad es un caos de partidos, denominaciones, y grupitos.  Pero en los ojos de Dios hay un solo cuerpo, y nosotros con un solo pan reconocemos que la confusión del hombre no ha logrado destruir lo que es de Dios.

Algo más sobre la ofrenda de Elías: Podemos decir que en el caso de Elías, el fuego de Dios era más grande que su sacrificio.  “Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.”  ¿Se acuerda de la zarza que vio Moisés en el desierto?  “Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.  Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.”  Éxodo 3:2-3  Creo que vemos un contraste bien bonito entre estas dos historias.  El sacrificio de Elías fue demasiado pequeño para aguantar la ira de Dios, y fue consumido en su totalidad.  Pero la zarza se quemaba y no fue consumida.  En la zarza vemos el ejemplo o prototipo del sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario.  “La zarza ardía…y no se consumía.”  Podemos decir que el sacrificio de Cristo era más grande que el fuego de la ira de Dios.  El Señor Jesús podía aguantar todo el juicio de Dios en contra nosotros, y salir triunfante en la resurrección, pues por la primera vez hubo un sacrificio capaz de quemar sin ser consumido.  Así en libro de Hebreos tenemos al Señor Jesús preeminente en todo, como gran sacerdote mayor que Aarón, líder mayor que Moisés, y sacrificio tanto mejor que todo sacrificio en el antiguo testamento.  ¡A Él sea la gloria e imperio por siempre jamás!

“Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.  Acab subió a comer y a beber.  Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.”  Vemos de nuevo el gran contraste entre el hombre de Dios y el rey disoluto de Israel.  Jehová había dicho a Elías “Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra” pero Elías, el hombre de fe que caminaba en comunión con Dios, iba a orar que la lluvia viniera en aquel momento, la prueba tan fuerte que Jehová era el mismo Dios de misericordia que había sido en tiempos pasados en la historia de Israel, aunque por tres años y medio se había mostrado de otra forma en el hambre terrible.  “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.  Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.”  Interesante es ver que dice que Elías oró fervientemente para que no lloviese, pero dice que “oró y el cielo dio lluvia.”  Nos hace recordar que no es agradable a Dios juzgar y hacer sufrir al hombre.  Su corazón es longánimo, siempre buscando la felicidad y beneficio del hombre.  Es solo por la terquedad y maldad del corazón humano que Dios habla en voz tan fuerte.

La semana que viene, si el Señor permite, veremos algo mucho menos animoso en la vida de Elías, que hasta el momento ha sido nada más que ejemplar, pero nos hace recordar que Elías era hombre “sujeto a pasiones semejantes a las nuestras”.

FELIPE FOURNIER.