Después de disfrutar la vida triunfante de Elías hasta este punto, nos da pena considerar lo que sigue pero vale la pena reflexionar sobre el hombre de semejantes pasiones que las nuestras. “Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.”
¿Es este el mismo hombre que estaba valiente frente el rey Acab, que por tres años y medio le había buscado dondequiera con fin de matarle? ¿Es el mismo que fue apacentado por cuervos, sostenido por una viuda, y valiente contra 450 profetas falsos de Baal? Sí, es el mismo. Y así nosotros, débiles como agua, si no fuera por la gracia de Dios obrando en nosotros. “Viendo, pues, el peligro… .” Nos hace recordar de Pedro, caminando sobre el agua para ir al Señor Jesús. “descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!” Se nos olvide a menudo que no es más fácil caminar sobre agua calma, comparado con agua tranquila. Igual no podemos, pues necesitamos al Señor siempre en la vida, no solo cuando las cosas nos van malas. Pero Elías, por el momento, había vuelto su vista de Jehová, y estaba viendo el peligro de la mujer enfadada, Jezabel.
“Se fue por salvar su vida…” ¡Pobre Elías! Antes no había pensado de su vida, solo de la honra y gloria de Jehová, Dios de Israel. Y ahora, por salvar su vida, se fue lejos de la senda en que Dios le había puesto. Quizás pensaba Elías que el pueblo, quien ayer o anteayer había estado impresionado por el fuego que descendió del cielo y consumió el sacrificio, y clamó “¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” iba a levantarse a su protección. Pero no, no fue así. Impresionado, sí, pero ¿animado para ahora seguir a Jehová y cambiar el sistema de idolatría encabezada por Jezabel? No, no apareció ni uno a la protección de Elías.
Nos hace pensar de Juan el Bautista. Elías era prototipo de Juan, pues así dijo el Señor Jesús. “Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.” Mateo 11:13-14 Pero hubo día cuando Juan, encarcelado y pensando que su trabajo había acabado sin éxito, dijo “¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” Mateo 11:3 Era bien desanimado con su situación y así todos nosotros somos impacientes para ver el resultado de nuestros trabajos, y cuando parece ser un fracaso, nos ponemos deprimidos. Pero vemos el ejemplo perfecto en el Señor Jesucristo, cuando la nación de Israel le había rechazado, dijo “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.” Solo en el Señor Jesús vemos aquel perfecto ejemplo que en toda situación se ve actuando según la voluntad de Dios.
Hemos escuchado la oración simple y bonita de Elías cuando estaba frente los profetas falsos de Baal. Ahora, deprimido y desanimado, su oración tiene otro sonido. “Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.” ¿Quítame la vida? ¿Iba Jehová a contestar aquella oración? Pues no, porque Elías no murió en aquel momento, y en verdad, nunca murió. “No soy mejor que mis padres”, dijo, pues aparentemente guardaba en su corazón la idea que su mensaje a los Israelitas iba a tener éxito mejor que otros profetas que habían venido antes que él. Cuando entendió que no fue así, quiso morirse. Pero Dios no quería que se muriera Elías, pues tenía más trabajo por él. Elías pensaba que su vida era inútil y no valía ya para nada, pero no fue cierto.
Dios mediante, meditaremos la semana que viene la forma en que Dios habló a su siervo deprimido.
22 de mayo de 2011