“Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal. Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.” Vemos en este capítulo el fin triunfante de Elías, arrebatado al cielo en un torbellino. Este es el mismo hombre que no hace tanta había dicho a Jehová que tenía ganas de morir. Pero Dios tenía otro planes para su siervo, y así Elías llegó a ser uno de dos en el antiguo testamento que no murieron, el otro siendo Enoc.
Leemos antes de Eliseo en su llamamiento y sin duda había estado aprendiendo de Elías todo el tiempo desde entonces. Pero aquí vemos como Eliseo iba a ser el representante en la tierra del hombre que fue arrebatado en el cielo. ¿No es por nosotros un bonito ejemplo de lo que somos también? ¿No somos nosotros representantes en la tierra del hombre que fue arrebatado al cielo, el Señor Jesucristo? Eliseo no solo era representante, pero representante de la gracia de Dios a una nación rebelde y no arrepentido. Ellos habían escuchado el mensajero Elías, que venía con un mensaje desagradable, que no iba a llover algunos años. En una forma exterior, la nación había ejecutado juicio sobre los profetas de Baal, pero cuando el profeta Elías fue amenazado, ni uno se levantó para protestar, mostrando así que el corazón del pueblo realmente quedaba sin arrepentimiento. Había muerto el rey tan malo Acab en la batalla, pero su hijo quizás peor buscaba a los ídolos de lo extranjero para saber si iba a recuperar, y entonces trataba de prender y matar a Elías. ¿Qué entonces puede hacer un Dios justo menos enviar juicio contra un pueblo tan rebelde? Pero no, Dios todavía no iba a hacer esto. Claro que es un Dios justo, pero también es un Dios de amor y de gracia, y en su soberanía él iba a enviar a otro profeta, representante del hombre glorificado, pero con actos de misericordia y gracia. ¡Qué maravilla! Solo podemos doblar la rodilla y adorar en presencia de semejante Dios, que nosotros ya conocemos como padre por medio de su hijo Jesucristo, el hombre glorificado y sentado a la diestra de Dios.
Para ser representante del hombre glorificado, había algunos requisitos para Eliseo. Tenía que seguirle a Elías a cuatro lugares, los cuales vamos a considerar tranquilamente en los estudios que siguen, Dios mediante. Hoy día solo quiero meditar sobre el primer lugar, Gilgal. Su senda no era obligatoria. “Dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el.” No era que Elías no quiso que fuera con el Eliseo, sino que quería probar su corazón. “Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.” Vemos aquí que Eliseo estaba en serio, cuando hace tiempo quemó sus herramientas de trabajo para seguir a Elías hasta el fin. ¿Qué tal de nosotros? ¿Somos en verdad discípulos del Señor Jesucristo? Eso no es lo mismo de conocerle como Salvador. Es más bien cuestión de nuestras vidas. ¿Se viven para él? ¿O más bien ya siendo salvos para la eternidad, nos sentimos contentos de vivir nuestras vidas en la forma que nos agrada a nosotros mismos?
Gilgal era el lugar donde los Israelitas, después de entrar en la tierra de Canaán, hicieron el rito de circuncisión. “Y cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron. Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy.” Josué 5:8, 9 El oprobio de Egipto nos habla de la carne, y en la muerte de Cristo nosotros también hemos visto por fe la muerte de todo lo que nos conectaba a este mundo, pues la carne solo disfruta de lo terrenal. Pero hay también una responsabilidad. “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.” Colosenses 3:5 Es como la mata que se corta y está muerta, pero sus raíces quedan y tienen ganas de brotar de nuevo. Hay que cortarlas cuando aparecen, sabiendo que su fruta será siempre de lo mismo, nada más lo que deshonra a Dios y hace al cristiano infeliz y triste.
Se nota leyendo en Josué, que después de cada victoria, el pueblo volvió a Gilgal. Así es un proceso en la vida del cristiano. No es algo que podemos hacer una vez y descansar; no, es un ejercicio de cada día mantener la carne en el lugar de la muerte. Eliseo en su viaje con Elías nos da el prototipo que nosotros también, si queremos representar en este mundo el hombre glorificado, la carne no puede tener su lugar.
Dios mediante seguiremos con el estudio de los otros lugares que fueron los dos profetas; Betel, Jericó, y el Jordan.
26 de junio de 2011