He meditado sobre este capítulo muchas veces desde joven y antes de dejar el evangelio de Lucas, quiero compartir varias cosas destacados que me han ocurrido en mi meditación sobre este último capítulo de este evangelio tan precioso.
El evangelio empezaba con una escena totalmente judía en su aspecto a pesar de que el autor es un gentile griego; Zacarias, padre de Juan el Bautista, está ministrando en el templo según la ley de Moisés. Empezando en el capítulo 9 vemos el Hijo del hombre rechazado. Lucas 9:18-22 Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. Él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios. Pero él les mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselo rigurosamente, y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
De este punto para adelante, vemos una y otra vez que el Señor amonestaba a sus discípulos como su carácter de Mesías reinando sobre la tierra era algo que tenía que ser postergado. Ellos, hasta nuestro capítulo, siguen insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho.
Tanto estaban sus mentes convencidas del Cristo reinando que no podían reconciliarse a la idea de un pueblo celestial, compuesto de judíos y gentiles. (La enseñanza de la iglesia en su plenitud esperaba las escritas del apóstol Pablo, pero el Señor a menudo les había hablado en preparación por esta nueva realidad.) Los dos en el camino a Emaus dicen Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel.
Pero vemos en Lucas 24 tantas referencias de la nueva posición de los discípulos, separados del judaísmo. La gloria donde Cristo entraba no era la gloria del reino, sino su posición a la diestra del Padre, y eso les explicaba a través de este capítulo. Esta verdad se ve en resumen en los versos 46-47; Y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
Su lugar de ascensión al cielo no era desde Jerusalén, sino Betania en el monte de los Olivos, fuera de la ciudad donde fue rechazado y crucificado. Ascendió al cielo con sus manos levantados, las manos que ellos había visto y tocado, las manos en las cuales se ve todavía las heridas de su sufrimiento por nosotros. Eso nos habla de su nueva posición por nosotros, ambos como nuestro sumo sacerdote y nuestro abogado con el Padre.
Varios puntos adicionales que me gusta enfatizar en este capítulo:
El valor de la oración por el creyente en este día del Cristo ausente se nota en lo que el Señor dijo a los dos en el camino; ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? … Entonces él les dijo: ¿Qué cosas?
¿No sabía él todo lo que había pasado? Claro que sí, pero aun así, él quería que ellos se lo contasen. Así nos da la certeza que él quiere escuchar todas nuestras cargas, aunque las conoce él de antemano.
Reflexión en la persona y obra de Cristo cambia el corazón tardo al corazón ardiente, y abre los ojos a reconocerlo a pesar de las dificultades de la vida. ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer! … ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
La paz perfecta del cristiano vemos por la voz del Cristo resucitado; Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.
Juan 20:20 añade Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.
Cristo resucitado es la prueba de la paz hecha para con Dios, Cristo habiendo vencido la muerte por sufrir el castigo que merecíamos, el justo por los injustos. ¡Gloria sea a su nombre!
La resurrección es del cuerpo, no solo del espíritu y alma. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies … les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos.
La sangre ahora no cuenta pues su sangre era derramada en la cruz. La vida ahora es vida en espíritu. Porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Espero tener sus oraciones y acaso sus sugerencias a donde vamos a meditar ahora.
22 enero de 2023