MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 24: Jesús resucitado, la tumba abierta;


Léase por favor Lucas 24:1-27


Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas. Zacarias 13:7

Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.

Quedamos la semana pasada con el cuerpo muerto del Señor Jesús puesto en la nueva tumba de José. ¿Qué, pues, pueden hacer ahora sus ovejas, sus discípulos? Al Señor Jesús no fue posible tener procesión fúnebre, no hubo funeral, no hubo elogio. Pero vinieron los que le amaron para respetar al cuerpo muerto a un sepulcro, solo para encontrarlo vacío. Nuestro capitulo empieza con la tumba abierta, y termina con los cielos abiertos. Mientras, veremos otras cosas abiertas en este último capítulo de este evangelio que hemos estado estudiando por más de un año.

Pero las mujeres acá, podemos decir, vinieron muy tarde. María, hermana de Marta y Lázaro, había venido con Jesús aun vivo. Ella, por más que todos los discípulos, había entendido las palabras de Jesús respeto a su muerte, y traía su ungüento aromático mientras vivía. Tampoco la vemos aquí en su resurrección, pues posiblemente ella había entendido esto también. En las demás mujeres, aunque no vemos la inteligencia de María, vemos el amor no fingido al Señor Jesús. En el evangelio de Juan, nos explica detalles sobre María Magdalena que no tenemos en los otros evangelios. Pero aquí en Lucas, no se nos da ni siquiera sus nombres; solo nos dice las mujeres que habían venido con él desde Galilea… Llegando a la tumba, encuentran la piedra removida, no para dejar salir al Señor Jesús, sino para mostrarlas lo que los dos ángeles le decían; ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Como un hermano ya con el Señor muchos años acostumbraba decirnos; “Había una sola cosa que hubiera podido recomendar la tierra al ser humano, pero ya no. No está aquí, sino que ha resucitado.” Así no quedan nuestras esperanzas aquí en la tierra tampoco sino donde ha ido nuestro Señor resucitado.

Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. A las mujeres, se las volvieron a sus mentes las palabras de Jesús, pero de los otros discípulos vemos tristemente el testimonio de Lucas Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Esta incredulidad era grande entre los discípulos, pero Lucas nos enfoca más en dos de ellos que iban de camino, a lo mejor a su casa en Emaús. Decepcionados, haciendo lo que la profecía de Zacarias decía serán dispersadas las ovejas pero su caminada fue cambiada por la llegada de un extranjero.

Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. En estos dos, vemos como la fe de los creyentes puede ser muy débil, pero a pesar de la debilidad de su fe, vemos como sus intereses y deseos estaban alrededor de la persona que ellos creían ya muerto. Acaso preguntamos ¿porque no lo conocían, siendo que tenía un cuerpo completo con las heridas de su sufrimiento en sus manos, pies, y costado? Aunque no sé exactamente la respuesta a esta pregunta, la verdad es que cuando andamos en incredulidad, a menudo no detectamos la mano del Señor en nuestras circunstancias. Somos prácticamente ciegos a su presencia. Pero, aun así, se nota como se sorprendían de que cualquiera persona no supiera algo de los acontecimientos en Jerusalén. ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? Para mí, me es muy precioso la respuesta del Señor Jesús a su pregunta Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? ¿No sabía Jesucristo, el tema principal de sus platicas, todo lo que había pasado en Jerusalén? Claro que sí, lo conocía perfectamente bien pero quería escucharlos decir lo que les pesaban. Así es en la oración; el Señor sabe todo, pero quiere que nosotros le digamos todas nuestras cargas.

Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel. Otra vez, vuelve el viejo tema de su ocupación constante, a pesar de todas las veces que les había dicho acerca de su rechazo, muerte, y resurrección de los muertos. Después de escucharlos decir sus cargas y dudas, les habla un poco fuerte acerca de su incredulidad. ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Acaso hemos comentado que hubiéramos gustado escuchar la voz del Señor, en este viaje de aproximadamente tres horas, mientras Jesús se revelaba en las profecías y figuras del antiguo testamento lo que de él decían. Su afecto era tal que sus corazones ardían y querían que él se quedara más tiempo con ellos. El Señor no iba a negar su deseo y al partir el pan, ellos lo conocían. ¿Qué tal nosotros? Hoy día en el partimiento de pan, ¿ha sido revelado a nuestros ojos?

Continuamos Dios mediante esta bella historia la semana que viene.

Felipe Fournier
8 enero de 2023