Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote… Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? Y decían otras muchas cosas injuriándole.
Lucas nos da cuatro épocas distintas acerca de la condenación a muerte del Señor Jesús. Vemos en el bendito Hijo del hombre una calma y la gracia de siempre, mientras en sus acusadores toda la maldad e hipocresía que viene en la naturaleza humana caída. Esa primera época era de noche en la casa del sumo sacerdote y vemos algo casi increíble si no fuera por lo que hemos visto en este bendito hombre a través del evangelio de Lucas; que este hombre, con el poder de Dios creador a su alcance, sufriese tal trato de sus criaturas nos deja sin voz. Que el Señor lo sentía en lo profundo de su santa humanidad no podemos negar, pues los Salmos los explica detalladamente. Vale la pena citar algo por nuestra meditación este día del Señor.
Todos los que me ven me escarnecen;Salmo 22:7-8
estiran la boca, menean la cabeza,
diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él;
sálvele, puesto que en él se complacía.
Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio;Salmo 69:19-21
delante de ti están todos mis adversarios.
El escarnio ha quebrantado mi corazón,
y estoy acongojado.
Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo;
y consoladores, y ninguno hallé.
Me pusieron además hiel por comida,
Y en mi sed me dieron a beber vinagre.
Has alejado de mí al amigo y al compañero,Salmo 88:18
y a mis conocidos has puesto en tinieblas.
Y de la boca del discípulo que, mientras él mismo trataba de disfrazarse por no sufrir estos ultrajes, escuchamos quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.
1 Pedro 2:22
La segunda época era por la mañana pues según los edictos del concilio de los judíos, no era lícito condenar a alguien de noche. Cuando era de día, se juntaron los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas, y le trajeron al concilio, diciendo: ¿Eres tú el Cristo? Dínoslo.
Estos malvados, habiendo sido testigos de todas las pruebas de quien era Jesús hasta verlo curar la oreja cortada por el mal guiado discípulo Pedro, se atreven hacer esa pregunta. Jesús, contestando con calma y testificando de la dureza de sus corazones, se confiesa ser Hijo del hombre, pero a la vez Hijo de Dios. Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentaré a la diestra del poder de Dios.
Allá lo vio el primer mártir Esteban, tal como dijo. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.
Hechos 7:55 Decididos ellos en condenarlo, entiendan perfectamente sus palabras, tal como entendían lo que dijo Esteban no tanto tiempo después. ¿Luego eres tú el Hijo de Dios?
Ya tienen su pretexto; como nos cuenta el evangelio de Juan Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.
Juan 19:7 Lo tenían exactamente al revés; siempre era Hijo de Dios, y se hizo a si mismo Hijo del hombre.
La tercera época de su condenación era ante las autoridades gentiles, Pilato y Herodes. Pesa que ellos estaban debajo el imperio Romano, no era posible por ellos condenar a muerte a uno sin el permiso de estas autoridades. Llevaron a Jesús a Pilato. Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey.
¿Era cierto esta acusación? ¿Prohibía Jesús dar tributo a César? Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
Lucas 20:22 Pilato sin duda entendía la hipocresía de estos lideres y sabía que mentían. Proclama la inocencia de Jesús, pero buscando como escaparse de la decisión que sabía que querían, lo enviaba a Herodes. Herodes estaba alegre pues quería ver un milagro, pero Jesús no trataba nada con este hombre vil, un hijo de Esaú. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió.
Vemos en Jesús entonces lo que fue profetizado en Isaías 53:7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
La cuarta época de condenación era delante del pueblo común. Esta multitud, acaso algunos que habían visto a Jesús levantar de los muertos al único hijo de la viuda (Lucas 7). Habían escuchado y disfrutado de toda su gracia, pero endurecidos sus corazones, motivados por Satanás, escuchan a Pilato ofrecer un castigo inmerecido a un hombre inocente; Le soltaré, pues, después de castigarle.
Pero no, eso no era lo que buscaban; ¡Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás!… ¡Crucifícale, crucifícale!
¡Pobre malvado pueblo! ¡Bendito salvador Jesucristo! ¡Nos encontramos en tu presencia en plena adoración por todo lo que sufriste por amor a nosotros!
18 diciembre de 2022