Ahora andamos en terreno santo, repasando esta porción de Lucas 22. Hemos visto a través de este libro la gracia fluyendo del vaso roto del judaísmo en la persona del bendito Hijo del hombre, Jesucristo. Pero en estos versículos, vemos al santo hombre enfrentando a Satanás, vuelto como se anticipa en Lucas 4. Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo… Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.
El tiempo ha pasado y Satanás vuelve, presentando como león rugiente a Jesús el horror de la cruz, aterrorizándole como nos cuenta proféticamente el Salmo 22:21 Mas tú, Jehová, no te alejes; fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida. Sálvame de la boca del león…
¿Podemos nosotros captar lo que era por un hombre santo reflexionar sobre el ser hecho pecado por nosotros, el que nunca conoció el pecado? No, no podemos y vemos como los discípulos tampoco podían. Orad que no entréis en tentación… los halló durmiendo a causa de la tristeza.
Es una misericordia de Dios que nosotros, en grande depresión o tristeza somos librados a través del sueño. Pero por el Señor, no hubo tal escape.
Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Juan 18:11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?
Entre estos dos eventos, separados quizás con unos minutos, tenemos esta escena que solo en Lucas vemos en algunos detalles diferentes de Mateo y Marcos. Aquí otra vez vemos la humanidad de Jesús y así un ángel aparece, no mencionado en otro lugar. Los ángeles habían anunciado su nacimiento, glorificando a Dios. Ahora un ángel es testigo de su anticipación de la cruz. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.
Además, solo aquí en Lucas vemos el comentario sobre su sudor. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
Se yo muy poco de cosas del cuerpo humano, pero he leído que, en grande agonía, esto de sangre mezclado con el sudor si pasa.
Los discípulos dormían, Jesús agonizaba, y un poco después, el discípulo traidor llega con la multitud. Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle. Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?
Hasta el último momento vemos a Jesús con sus palabras de ternura llamándolo por nombre a Judas recordándolo de quien era. Pero entregado al diablo Judas, su carrera ya decidida, no desvía de su destino maldito. Otro discípulo, (del evangelio de Juan aprendemos que era Pedro), saca su espada buscando defender a su maestro, algo inútil y solo servía para mostrar la bondad de aquel hombre que iban a condenar. Solo aquí el amado medico Lucas nos cuenta de este último milagro hizo Jesús. Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó.
Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él...
¡Qué clase de malvados habían venido a buscar al humilde carpintero! Todo el liderazgo, acaso algunos en cuyas casas el Señor había comido, quienes habían visto sus obras buenas por tres años y media, vienen en este grupo. Pero ellos también se habían entregado para hacer las obras de diablo como el Señor los había dicho en el evangelio de Juan. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
Juan 8:44 Vemos ahora que ha venido el homicida rodeado con muchos más homicidas. Esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.
En lo que sigue vemos a Pedro, tan decidido hace poco de ser fiel hasta la muerte, pero no, no fue así. Habiendo confiado en sí mismo, había ya equivocado sacando su espada inútilmente, ahora sigue de lejos y se encuentra tratando de desaparecer con los que odiaban a su maestro. Estando lejos físicamente, también indica su estado de alma, fuera de comunión con su Señor. El Salmo 1:1 nos dice Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.
Pero Pedro aquí ya no tiene la defensa de comunión con su maestro y el miedo de ser conocido como discípulo de Jesús se encuentra en la posición de ser zarandeado como trigo. Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos.
Un poco después, tres veces niega a su Señor. Pero de ser trigo
y no paja, vemos en lo que sigue, solo contado así en Lucas. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro.
¿Qué había en aquella mirada? Solo podemos adivinar, pero su resultado vemos claramente. Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.
¡O Señor, ayúdanos hoy día de serte fiel, recordando tu agonía en el jardín y tus sufrimientos propiciatorios en la cruz!
11 diciembre de 2022