Quiero añadir algo al estudio de la semana pasada sobre esta parte de la parábola de los laboradores. Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros.
Mencionamos sobre la primera parte acerca del juicio sobre los labradores, en parte cumplido por la destrucción de Jerusalén por medio del general romano Tito, y otra parte que espera por un día aun futuro. Pero, ¿quiénes son los otros a quien se dará la viña? Hay la tendencia de pensar que habla de la salvación saliendo así a los paganos gentiles en el libro de Hechos y la formación de la iglesia. Pero pienso que la verdad queda en otro lado, pues durante la época de la gracia, no se ve el cumplimiento de la profecía. La profecía siempre tiene que ver con la tierra y la iglesia es celestial. Así que, pienso que los otros
son los fieles de Israel que pondrán su fe en su Mesías de verdad, el Señor Jesucristo, y no en el falso Mesías, el anticristo en aquel día aun futuro. Estoy dispuesto ser corregido si estoy mal en esto.
Continuando el capítulo vemos como había dos preguntas más, ambas deshonestas. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?
¿Por qué hicieron esta pregunta? Pues, esperaban acusar a Jesús de incitar rebelión contra los romanos, si decía que no se debe pagar. Si decía que sí, se debe pagar, ¿qué clase de Mesías era él, que los dejaría bajo servidumbre de los romanos? Pero, el Señor con sabiduría divina, pide ver la moneda, siendo que él mismo no tenía ni una moneda. Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.
Ellos mismos eran testigos de su condición, tal que fue su suerte por su desobediencia a la voz de Jehová en los tiempos antiguos. Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
Porque no habían dado a Dios anteriormente, ya su obligación era dar a César. Atrapados ellos en su propia trampa, no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron.
Ahora los saduceos, prácticamente ateos a pesar de su posición como sacerdotes y lideres en Israel, que no creen en espíritus, ángeles, ni la resurrección, tratan de atrapar a Jesús. Aprendemos sobre su doctrina en Hechos 23:8 Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas.
Su historia de una mujer sobreviviendo siete maridos era algo absurdo que habían inventado. Pero el Señor usa su necedad para enseñarnos algo sobre el matrimonio y la eternidad. Los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.
Así vemos que en el cielo no hay muerte, ni tampoco las relaciones terrenales de maridos como los ángeles ahora mismo. Pero nuestra posición como hijos de Dios, va a ser mucho mas elevada que la de los ángeles, pues estamos en Cristo.
Después vemos como el Señor contestaba su incredulidad que era la raíz de su profesada ignorancia de la resurrección. En Mateo 22:29 leemos Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.
Jesús les habla de la manera en que Dios en Éxodo 3 hablaba con Moisés, diciendo Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
Así tantos años después de la muerte de los patriarcas, Jehová podía decir que era el Dios de ellos, ya muertos, pero no aniquilados. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.
Los escribas, a lo mejor los del partido de los fariseos, se dan cuenta de la sabiduría de la respuesta de Jesús. Maestro, bien has dicho.
Ya es Jesús que les hace la pregunta a ellos, citando el Salmo 110. Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?
Esa pregunta ellos no podían contestar pues la verdad seria admitir la divinidad de él que estaba justo en medio de ellos. El Señor Jesús vino, simiente de la mujer pero descendido de la línea de David, rey de Israel. Pero David dijo mi Señor
así confesando que su hijo venia antes de él. Eso solo es posible si el Mesías es eterno, Dios manifestado en la carne, y así es. El hijo de David es también el Señor de David. ¿Cómo iban a contestar estos infieles fariseos, saduceos y herodianos tal pregunta?
Así vemos, pocos días antes que lo clavaron en una cruz, ellos todos quedaron silenciados con la sabiduría divina manifestada en Jesucristo. Peor por ellos, responsables por el testimonio tan claramente manifestado, que ellos rechazaron. Nosotros somos aún más responsables, teniendo el testimonio de no solo los Salmos sino toda la Biblia sobre quien es Jesús.
6 noviembre de 2022