Con el príncipe (joven según Mateo 19:20) rico había un deseo por la vida eterna. A nosotros nos ocurre quizás que quiso vivir eternamente en el cielo, pero no, eso no era el punto de vista de un judío. El buscaba vivir para siempre en la tierra, disfrutando sus riquezas, pero sintiendo en su corazón que no iba a ser posible por algo, que no sabía que era. Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
¿A decir maestro bueno
sabía lo que realmente decía? A mi papa siempre le gustaba notar como en los Salmos leemos No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
Salmos 14:3 En Romanos 3 se cita el mismo Salmo 14 y dice otra vez No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
Romanos 3:12 Pero mientras Cristo andaba aquí en la tierra ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.
Dios manifestado en carne, el Hijo del Hombre estaba delante del joven príncipe, pero no hubo en él la facultad de reconocer que el maestro bueno
era el mismo Jehová del antiguo testamento. Tampoco reconocía la verdad de la condición de su corazón. Como hemos notado una y otra vez, era un auto justificado. Todo esto lo he guardado desde mi juventud.
Como el hijo mayor del capítulo 15 He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás.
Pero el Señor Jesús, con un solo dicho revela el pecado en su corazón. ¿Amaba su prójimo como a si mismo? Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres…
¡O, que fuerte! Sin embargo, como hemos visto también en Lucas, el Señor introduce, no larga vida en la tierra, sino tendrás tesoro en el cielo.
¿El cielo? Eso no era lo que el joven buscaba. Además, y ven, sígueme.
Si Jesús era bueno, también era el Mesías de Israel, Dios manifestado en la carne, y todo el tesoro terrenal no se compara por seguir tal maestro.
Era demasiado pedir, pensaba el joven. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
Amaba a sus riquezas más que a su prójimo y eso era violar el mandamiento No codiciaras.
Igual como dijo Pablo Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.
Romanos 7:7 Así el Señor revela a sus discípulos la verdad que las riquezas, en vez de ser una ayuda, llegan a ser un tropiezo. El mensaje a Juan Bautista encarcelado era a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.
¿Cuál es el deseo nuestro? ¿Seguir al Señor Jesús o seguir a las riquezas? Como dijo Jesús a la pregunta de los discípulos a oír que difícil era que se salve un rico ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
, les dijo que solo Dios puede traer a arrepentimiento uno que amaba a sus riquezas.
Pedro, tratando de entender el dicho del Señor, dijo He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido.
Era cierto y acaso Pedro recordaba la grande pesca que tuvo el día que reconocía que era hombre pecador delante del Señor Jesús (Lucas 5:4-11). Jesús confirma después el valor de lo que Pedro y los demás que habían dejado atrás seguir las riquezas y seguir al Señor. No hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.
No es la vida eterna que buscaba el príncipe rico sino lo de Juan 17:3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Ni tampoco pensemos, como enseñan algunos, que lo mucho más
refiere a hacerse rico de las riquezas mundanas, sino un tesoro de comunión con el único Dios y Jesucristo.
Ahora otra vez, como antes pero esta vez muy detallada el Señor Jesús vuelve a anunciar a sus discípulos lo de su muerte acercando precipitadamente. He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.
Pero como las dos personas en Lucas 24 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel
estaban atrapados en sus mentes a la idea del reino de Dios viniendo sin el sufrimiento de la cruz. Jesús les dijo a las dos ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
Eso aun a los discípulos era escondido pues no habían meditado tampoco en todo lo que los profetas
habían dicho sino solo en la parte acerca de la gloria.
En el ciego de Jericó vemos una figura de lo que necesitaba la nación de Israel; ojos abiertos con fe en el Mesías de Israel. El ciego confesaba ¡Jesús, Hijo de David!
La nación quedaba ciega, en sus tinieblas de auto justicia. Pero este ciego, sus ojos abiertos, luego vio, y le seguía, glorificando a Dios.
¡Qué bueno que nosotros hoy día hagamos lo mismo mientras recordamos al Señor en su muerte!
2 octubre de 2022