MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 18: Aspectos morales del reino de Dios


Léase por favor Lucas 18:1-18


Como hemos visto en nuestro estudio del evangelio de Lucas, el Señor Jesús desde el capítulo 9, ha estado introduciendo sus discípulos al principio de su rechazo como Mesías de Israel y por eso, el reino de Dios postergado en su poder. Como vimos en el capítulo pasado, los fariseos preguntaron acerca del reino, solo pensando de los beneficios de libertad para la nación de sus opresores y sin reconocer que la entrada en el reino es por fe en el Mesías, el mismo que estaba entre ellos con todas las señales y pruebas de su persona. Además, el reino en poder se manifiesta primeramente en juicio, y juicio contra los justos que no necesitan arrepentimiento.

Así por los que van a vivir en la época donde no tenemos el reino de Dios en poder, sino solo en el lado moral entre los que por fe confían en el Señor Jesucristo (sea en el día de hoy o en el día de prueba durante la tribulación) lo importante es que continuemos en fe y oración, humildad y auto juicio, y este es el tema ante nosotros en este capítulo. El juez injusto sirve de ejemplo de la necesidad de perseverar en oración, aunque no vemos de una vez la respuesta. El juez era egoísta e injusto. Pero aun así ayudaba a la viuda por su insistencia. Dios, que es ambos bueno y justo, si escucha y contesta la oración de fe. La pregunta hecha y no contestada es Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? Como dice en Mateo 24:12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Aunque este verso no refiere a nuestro día, su verdad no podemos negar. Mientras vemos la maldad multiplicando como nunca, la tendencia es pensar que Dios es indiferente o incapaz de corregir la maldad y así Satanás ataca nuestra fe con dudas.

La historia que sigue casi resume nuestro estudio del evangelio de Lucas. Hemos visto en tantas ocasiones en Lucas el contraste entre estos dos tipos. A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo… Como vimos en el principio del versículo clave de Lucas No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. Lucas 5:32 El fariseo en Lucas 7 menospreciaba la mujer pecadora que lloraba a los pies de Jesús; el interprete de la ley de Lucas 10 queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? El hijo mayor de Lucas 15 menospreciaba a su hermano menor por pensarse sin necesidad de arrepentimiento. El ladrón en la cruz menospreciaba a Jesús y a lo mejor, a su compañero en la maldad que confesaba su estado de merecer su castigo. Podemos dar más ejemplos, pero estos sirvan para mostrarnos el tema principal del evangelio de Lucas; la gracia infinita en el Hijo de Hombre manifestado a los “indignos” y el movimiento de la vista de los que son así justificados por fe de la tierra hacia el cielo.

Dice que el fariseo subió al templo a orar. Eso era lo que recomendaba el Señor a los que esperaban el reino de Dios. Pero la clase de oración también importa; tiene que incluir auto juicio y humildad de corazón. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo… Su clase de oración era decirle a Dios que era de la clase que no necesitaba arrepentimiento, igual que el hijo mayor de capítulo 15. No le salía cualquier manifestación de estas dos cosas, la humildad y auto juicio, de la boca del fariseo, mientras las pocas palabras que pronunciaba el publicano, menospreciado en nuestro evangelio por los fariseos como los peores de la sociedad, llegaron a producir justificación. Dios, sé propicio a mí, pecador. Acaso no podemos decir que en este tiempo antes de la muerte y resurrección de Cristo era la justificación de que habla Pablo en Romanos 4:25 y 5:1 a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. De todos modos, podemos decir que la anticipa pues es la misma fe en el mismo Dios, solo sin un entendimiento o conocimiento de la maravillosa obra de Cristo en la cruz y el Hijo del Hombre ya sentado a la diestra de Dios. El publicano no podía saber cómo sería posible que Dios fuera o pudiera ser propicio. Nosotros si tenemos la plena manifestación de la justicia y gracia juntada por Cristo crucificado, resucitado y glorificado.

Acaso nos parece raro que se introduce aquí el evento que ha producido tantos himnos de niños. Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. ¿Qué pensaron los discípulos por hacer esto? ¿Qué solo los adultos tienen suficiente prestigio en la sociedad para venir a Jesús? ¿No habían aprendido nada hasta ahora de que Jesucristo buscaba a las ovejas perdidas, a los menospreciados de la sociedad? Bueno, acaso no reflexionaron nada sino hacían la primera cosa que llegaba a su mente, cosa que confieso que me pasa demasiado a menudo por falta de caminar en la presencia de Dios siempre. Pero la lección de Jesús era Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Así era la humildad mostrada por el publicano, de ser como un niño que confía y no cuestiona, que sirve para entrar y manifestar los aspectos morales de reino de Dios. ¡Que apto es esta lección por nosotros en el día cuando la maldad abunda!

Felipe Fournier
25 septiembre de 2022