MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 16: El mayordomo disipador


Léase por favor Lucas 16


Dijo también a sus discípulos… Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Verso 14

En muchos casos hemos visto como el Señor Jesús hablaba con la multitud. Pero en nuestro capítulo, la primera parte, el Señor estaba enseñando a sus discípulos algo más acerca del día en que ellos iban a vivir con el reino postergado. El Señor usa una ilustración mundana de un mayordomo que malgastaba los bienes de su amo con una mala administración. Pero no fue despedido de una vez; le fue dado un tiempo para reflexionar sobre su condición. No fue para reparar su relación con su amo pues le fue dicho ya no podrás más ser mayordomo.

Esta es la condición actual del ser humano. Dios le ha puesto sobre su creación y la ha malgastado y la arruinado. Le queda un poco de tiempo, pero no va a solucionar el caos que ha creado y Dios lo está dejando con solo la posibilidad de usar lo que le queda para otro mundo, uno que es eterno donde no hay cambios ya. Como se nos cuenta en la historia al fin del capítulo una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros. En la eternidad no hay posibilidad de cambiar cualquier cosa. La creación espera que Dios la repara, la renueva. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Romanos 8:19 El movimiento ambiental piensa arreglar la creación sin Dios; el hombre con sus propios esfuerzos piensa que puede arreglar calentamiento global. Pero no, la palabra de Dios es eso ya no podrás más ser mayordomo.

Algunos, incluso yo, han tropezado sobre lo que hacía este mayordomo, descontando las cuentas de los deudores, defraudando aún más a su amo. Pero lo que hacía servía para el futuro cuando iba a perder su trabajo. En el sentido terrenal, eso era lo que hacían los fariseos que iban escuchando, pues eran avaros. Buscaban como enriquecerse con fraude, pues en Lucas 20:47 el Señor dijo Guardaos de los escribas… devoran las casas de las viudas.

Pero el Señor enseña a sus discípulos usar lo de este mundo, encomendado a cada uno de nosotros, a almacenar riquezas para la eternidad. Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas. El sentido es que Dios nos ha dado a cada cual ciertas cosas terrenales, sea casa, ingreso, vehículo, posibilidad de viajar, etcétera. ¿Cómo lo usamos? No son nuestros como dice el Señor Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? Lo que es llamado aquí riqueza injusta simplemente quiere decir lo que el mundo busca con gran anhelo por ahora, sin pensar nunca del día de la eternidad. Nosotros, discípulos del Señor Jesús, debemos tener la mira en las cosas eternas, lo que llega siendo nuestro. Lo de ahora, no es nuestro, es ajeno, es de otro hombre. Nos es prestado a ver qué hacemos con tales cosas. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

El rico en la historia en el fin del capítulo no tenía ninguna mirada hacia el día de la eternidad. Vivía para si mismo y usaba sus bienes para agradarse a sí mismo, ni siquiera daba al pobre Lázaro sufriendo justo a su puerta. Los fariseos así eran, avaros y pensando que Dios no iba a ver sus corazones. Bajo la ley, la prosperidad era señal de la bendición de Dios. Pero esta época iba pasándose; La ley y los profetas eran hasta Juan. En el reino de Dios, las esperanzas no quedan en este mundo sino en la eternidad.

Pero, esto no dice que los principios morales de Dios han cambiado por el cambio de dispensación. Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley. La ley prometía bendición a la simiente de Abraham y en el sentido celestial, todos los que son de fe son simiente de Abraham. Pero lo del terrenal, el reino de Jesucristo como Mesías en el milenio no se ha eliminado; solo ha sido postergado por la época de la salvación por gracia, la época en que nosotros estamos ahora mismo. El reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. Eso quiere decir que hay muchos obstáculos que el ser humano busque a Dios y a las cosas celestiales. Uno de ellos es el amor del dinero que afligía a los fariseos. Otro es el deseo o codicia para la esposa de otro alguien y así el Señor les dijo Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera. Vemos como las palabras del Señor picaban la conciencia de los fariseos y escribas pues acomodaban la ley de Moisés según sus deseos carnales, olvidando por completo que Dios los veía. Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

Continuamos Dios mediante la semana que viene con algo mas sobre el hombre rico y Lázaro.

Felipe Fournier
28 agosto de 2022