MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 15: El hijo perdido y hallado


Léase por favor Lucas 15:11-32


Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. Así es; Dios es un Dios de amor y da a sus criaturas todo lo que tienen, aunque no son agradecidos ni reconocen quien es El que les ha dado salud, fuerzas, sabiduría, y cada respiración que tienen. Además, Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor. Eclesiastés 3:13 Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios. Eclesiastés 5:19 Si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones. Hechos 14:17 Pero, ¿qué hace el hombre natural con las cosas que Dios en su misericordia le ha dado? No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Así es que el hombre egoísta está dispuesto de recibir de Dios pero le falta deseo de compartir o gozar comunión con Dios que le ha dado todo. Así Esaú, quiso la bendición de su padre sin lo que le conectaba con su padre, que era la primogenitura. Así menospreció Esaú la primogenitura. Genesis 25:34

Pero las riquezas de este mundo son pasajeros, y no solo los las riquezas sino la fuerzas y la salud de uno, especialmente cuando hay una vida como la del hijo prodigo. El pago del pecado es muerte no solo refiere a la muerte física, sino incluye también la deterioración del cuerpo humano por vivir en abuso del cuerpo. Pero todavía tenía la idea que podía trabajar, pero durante periodo de hambre, los trabajos buenos no había. ¿De dónde venía esta hambre? ¿Pura casualidad? No, pues, aunque no nos dice como en las primeras dos parábolas, que el padre buscaba al hijo, pero así es y el hambre era la manifestación del Padre Dios buscando al pecador perdido, despertando a su conciencia por sus circunstancias difíciles. No lo sentía mucho todavía pues sigue el hijo menor pensando que no ocupaba a su padre, sino que podía por sus propias fuerzas sostenerse. En vano fue, pues el mundo no simpatiza en forma real y así el patrón del hijo prodigo no lo pagaba ni suficiente para comer y comía de lo de los cerdos. A lo mejor cuando era rico, el hijo tenía sus muchos amigos, pero ya gastado todo su dinero, se encuentra en la posición de uno sin amigos. Pero nadie le daba.

En tal condición desesperada, ya empieza de pensar de lo que había dejado atrás. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Se acordaba de que su padre era bueno. Su benignidad te guía al arrepentimiento nos dice Romanos 2:4 e igual producía en el hijo menor arrepentimiento por su vida de pecado. No soy digno de ser llamado tu hijo decidía decir, y así era cierto. Otra vez vemos en Lucas como eran los indignos que reciben la gracia. Quiso decir hazme como a uno de tus jornaleros y que común es que el pecador arrepentido, reconociendo su pecado, quiere hacer o rendir algo para pagar por aquellos pecados, como los cita el sacerdote católico, “penitencias.”

Aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Arrepentimiento había ya ocurrido en el corazón del hijo, y faltaba nada más la confesión de pecados. Eso hizo el hijo pero no podía hacer la petición de ser un siervo, pues el padre quiso ponerlo en lugar de hijo en la casa, no de un siervo y bien lo sabía pues el abrazo y los besos prometían mucho. Pero no fue todo; el vestido mejor, el anillo y los zapatos eran las pruebas del lugar en la casa de hijo, el amor eterno, y zapatos para otra vez caminar en comunión y obediencia con su padre. Traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta. La fiesta con el padre es la marca del lugar de hijo en comunión con el padre. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Juan 17:3 Nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

Hemos ya comentado del hijo mayor, resentido sobre la recepción de su hermano, y muy semejante a los mismos fariseos que se profesaban justos, sin necesidad de arrepentimiento. No quería tener fiesta con su padre, sino con sus amigos. Aunque no había dejado la casa, en su corazón estaba tan lejos que el hijo menor, y así los fariseos, siempre condenando al Señor Jesús, y resentidos que recibía a los pecadores, y con ellos comía.

Así este capítulo y estas tres parábolas solo encontramos en el evangelio de Lucas. Otra vez vemos como los dignos (las 99 ovejas que no extraviaban, las 9 monedas que no se perdían, y el hijo mayor que no salía de la casa) carecen de la bendición, mientras la gracia por el hijo del hombre sale a los indignos. ¡Jesús no solo recibe a los pecadores, sino los busca! ¡Gloria a su bendito nombre!

Felipe Fournier
21 agosto de 2022