Aconteció un día de reposo, que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban.
Hemos visto como en otras ocasiones, otros fariseos habían invitado al Señor Jesús por mera curiosidad. Aquí, aún peor, vemos a uno que invitaba al Señor Jesús con el propósito de tropezarlo o atraparlo en alguna falla que podrían usar como acusación de infidelidad a la ley de Moisés. Pero en vez de eso, como siempre, el Señor Jesús con sabiduría divina, dispensaba gracia mientras revelaba la hipocresía del corazón humano.
Con el propósito de atrapar al Señor, invitaban a uno con una enfermedad (o así supongamos, dado las circunstancias) un hombre hidrópico. No había en ellos el deseo de ver este hombre bendecido o curado; no, buscaban ocasión contra el Señor Jesús. ¡Que lamentable fealdad revelada del corazón humana! Simpatizaban con sus animales, que no tienen espíritu, para sacarlos del pozo el día de sábado; pero al hombre debilitado no tenían interés ni espíritu de compasión. Así es el hombre religioso, ciego a sus hipocresías, pero exigente a otros seres humanos sin la compasión y la gracia vista en el bendito Señor Jesucristo. Sin sorpresa, vemos nuestro Señor Y él, tomándole, le sanó, y le despidió.
Igual como la pobre mujer viuda del capítulo 7, no vemos ninguna exigencia de parte del Señor; le despidió para que fuera en paz, consciente de que a pesar de la crítica de los lideres religiosos, el bendito Señor Jesús no fue influenciado para no curarlo. En nuestro día, vemos a los testigos de Jehová, que han inventado una regla que no se puede recibir una transfusión de sangre, prefieran que muera uno antes de traspasar su regla sin fundamento escritural.
Siguiendo en la mesa de los críticos, el Señor Jesús aprovechaba la oportunidad de enseñar algo a los que acaso tenían oídos para aprender del más humilde, que, aun siendo él, el más alto, se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres.
Filipenses 2:7 Veía que no solo el gobernante que lo había invitado era orgulloso, sino también los demás invitados pues buscan el lugar más alto. Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar.
Como nuestro hermano Douglas Jacobsen ha comentado Si te pones en el último lugar, allí estarás en la compañía del mismo Señor Jesús.
No es que el honor es despreciable, sino que el honor no se rinde uno a sí mismo. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
Juan 5:44
Después, la amonestación era para el gobernante. Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos.
Otra vez, el Señor habla al corazón y conciencia de uno pues bien sabia porque lo había invitado este gobernante, aunque no lo acusaba de tener malas intenciones. Hablaba en términos como a uno con fe salvadora, que busca agradar a Dios. La recompensa de que se habla aquí es para el que tiene corazón humilde y generoso como nuestro Señor Jesús y va a recibir su recompensa en el tribunal de Cristo.
El discurso en la mesa seguía y no se sabe cuál era la intención del huésped que dijo tal; Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios.
Pero el Señor continuaba hablando sobre el tema tan triste del ser humano que no quiere la gracia. Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos.
Pero no tenían ganas de venir. Podemos decir que los invitados era los judíos y en verdad todos a una comenzaron a excusarse.
Sus excusas tenían que ver con sus posesiones (su tierra), su empleo (los yugos de bueyes), y sus compañeros (la esposa.) Las excusas no sirven, no tienen sentido, pero así es el hombre; no entiende y no quiere la gracia. Entre la nación de Israel había algunos desgraciados que hemos visto que venían al Señor Jesús y recibían su bendición. trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.
Pero aún hay lugar
y así otra vez vemos al Señor Jesús advirtiendo a la nación de que, al rechazar la gracia, Dios no iba a ser frustrado sino iba a proclamar su gracia por los caminos y por los vallados
de los gentiles, tal como el autor de nuestro evangelio, Lucas. Se nota la repudiación de la doctrina de “libre albedrio” aquí. fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.
Si no fuera por la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones, ninguno de nosotros hubiera venido. ¡Bendito sea Dios que nos ha forzado entrar!
31 julio de 2022