MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 13: Herodes y Jerusalén


Léase por favor Lucas 13:31-34


Herodes era descendiente de Esaú. Según los fariseos, Jesús debería salir de Galilea para escapar de Herodes. Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. Se sospecha que estos fariseos no de veras preocupaban por Jesús, pues hace tiempo lo habían rechazado. Posiblemente su sugerencia que se escapara de Galilea era para que el fuera a Jerusalén, donde ellos pensaban matarlo. Pero Jesús, escuchando sus palabras, caracteriza a Herodes como aquella zorra, y recordamos como Herodes, tal como los fariseos que hemos visto en este libro, tenía una curiosidad acerca de Jesús, como había tenido con Juan Bautista, pero influenciado por su enamorada (esposa de su hermano), lo mató. La verdad era más bien por los mismos fariseos que por Herodes. He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. Su obra iba a terminar por su muerte y resurrección el tercer día. Pero hasta aquel día Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino. El Mesías, aun rechazado, iba a continuar su camino mientras la voluntad del Padre quería que siguiera su curso dispensando gracia a los que tenían fe para recibirla.

Pero el mensaje más potente no era para Herodes sino para Jerusalén, lugar conocido por su conducta de matar a muchos profetas de tiempos pasados. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! No puedo leer este versículo sin pensar de dos historias que quiero contar. Una es de mi propia niñez. Fui yo criado en la ciudad, pero por algún motivo mi papa nos compró una gallina, y yo como niño de como cinco años quería mucho a la gallina, y por alguna forma, la gallina entendía y me dejaba cargarla como mascota. Mi papa compró algunos huevos fertilizados y en poco tiempo, los huevos eclosionaron. Me acuerdo bien como estos polluelos siempre acercaban a la gallina madre cuando los llamaba con un cierto tipo de sonido de chasquido, viniendo y escondiéndose debajo sus alas, desapareciendo cada uno en este lugar de seguridad.

¡Que linda ilustración usaba el Señor Jesús acerca de su deseo para los hijos de los mismos fariseos y otros habitantes de aquella ciudad de Jerusalén, a pesar de su mala fama de matar a los profetas! Me acuerdo también de la historia en un tratado del evangelio que no he visto por muchos años y no se si esta traducido al español, pero su relato es conmovedor. Tiene que ver con un ganadero que caminaba por el campo por donde había pasado un incendio de maleza. Vio algo en el suelo y no sabía que era. Le dio una patada y del paquete salieron varios pollitos, vivos y bien. Era una madre gallina que había escondido sus pollitos debajo de sus alas. El incendio, pasando rápido por la maleza, mataba la mama, pero los pollitos fueron protegidos debajo de sus alas. ¡O mi querido lector, ¿está usted protegido debajo de aquellas alas de amor? Cuando llega el juicio determinado sobre este mundo, ¿estará usted libre de este juicio? ¿O dirá el Señor en aquel día no quisiste?

He aquí, vuestra casa os es dejada desierta. En otro tiempo, en el principio de su ministerio en Juan 2, Jesús dijo no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. Pero ahora, después de su rechazo, el templo es llamado vuestra casa. Era nada más un centro de religión profesante y vacía, desierta de cualquier semejanza de la gloria de Jehová, Dios de Israel, pues el Hijo del hombre e Hijo de Dios también había venido a su casa, y habían dicho “no te queremos aquí.”

La bonita respuesta a estas últimas palabras de Jesús en nuestro capítulo veremos mejor si Dios permite cuando llegamos a Lucas 19:37 y para adelante. Mientras, vemos lo que decían los discípulos cuando el Señor Jesús entraba en Jerusalén sobre el pollino de asno. Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Jesús había dicho en nuestro capítulo os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor. Los discípulos creyentes en Lucas 19 anticipan y forman un bendito prototipo del día venidero cuando la nación de Israel diría ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor!

Felipe Fournier
24 julio de 2022