La semana pasada hablamos sobre los dos grupos entre los hebreos en el libro a ellos y entre los discípulos que eran profesantes sin realidad. ¿Cuál era la diferencia entre los dos grupos? Tiene que ver con el arrepentimiento. Así nuestro capitulo sigue adelante con el mismo tema. Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
El capítulo empieza con dos grupos de personas que fueron muertos por algo horroroso y aparentemente judicial. Un grupo de Galileos fueron matados por Pilato justo cuando ofrecieron sus sacrificios y así su sangre fue mezclado con sus sacrificios. Que era su culpa no se sabe, solo la forma de su muerte. Otro evento era una torre que cayó sobre dieciocho personas. La tendencia entre los judíos era proclamar que estos eventos solo pasan a los muy malos pecadores. La palabra del Señor Jesús era si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
Así vemos continuado el tema por el libro de Lucas No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
Lucas 5:32 Ellos habían aumentado su pecado por haber rechazado a su Mesías, el Cristo. El juicio de Dios les esperaba en especial por este pecado e iba a caer después de la paciencia de Dios esperando su arrepentimiento por la predicación de los apóstoles, empezando con Pedro en Hechos 2. Sed salvos de esta perversa generación
eran las palabras de Pedro y la perversidad de que hablaba era de haber crucificado a su Mesías.
La paciencia de Dios se manifiesta en la parábola de la higuera sin fruto. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra?
La higuera era la nación de Israel y la falta de fruto tenía su principal aplicación a su rechazo de Mesías entre sus tres años de testimonio brillante de la gracia abundante manifestada. Les quedaba otros meses algunos para mostrar el fruto de arrepentimiento en la recepción del Mesías. El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.
Pero la verdad era, que a pesar de su crucifixión del Mesías en el cuarto año, Dios no los cortaba aun sino como vimos, los envió a Pedro y los demás apóstoles para predicarlos la salvación por el mismo Mesías que habían crucificado.
En lo siguiente, vemos como otra vez trataron de atar o impedir al Señor Jesús de sus obras de gracia, diciendo que era malo curar en los días sábado. La mujer doblada, veía el suelo y no al cielo; así la nación de Israel, habiéndose ligado a través de la ley de Moisés y tantas cosas más que añadían, se encuentran sin la posibilidad de escapar los lazos del diablo. Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?
En esta hija de Abraham vemos ilustrado los de fe en Jesús el Cristo, confesando su condición perdida e indigna, pero recibiendo la habilidad de pararse, mirar al cielo, y caminar llevando fruto para Dios, cosa que la ley nunca daba ni podía dar. La ley no decía que era ilícito hacer obras de bondad en el sábado, cosa que ellos reconocían con sus animales, pero no querrían permitir a Jesús. Así es la ley en su aplicación religiosa; exige y demanda. Pero Dios quiere dar, no exigir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
Juan 10:10
Las dos parábolas siguen en el patrón de lo que vimos antes; la diferencia entre la profesión y la realidad. Satanás aprovecha la profesión falsa entre el reino de Dios. Cuando habla de los pájaros en las ramas, son espíritus malos que entran en el cristianismo a través de la profesión falsa. La levadura es la mala doctrina que entra y contamina. Así muy pronto en la historia del cristianismo en el libro de Hechos, vemos como Satanás entra, tratando de arruinar lo que no puede eliminar. Su trabajo de esta clase sigue hasta el día de hoy en la profesión cristiana, no tan diferente que la religión judía que continuaba sin relación a Dios.
Otra vez, vemos en el verso 22 el rumbo de Jesucristo, desde el capítulo 9. Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.
Su destino era la muerte, y muerte de cruz.
Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
¿No hemos visto esto en varios en el evangelio de Lucas hasta ahora? El fariseo que lo invitó a Cristo cenar en su casa en el capítulo 7 y el otro en el capítulo 10 que le decía Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?
Querían entrar, pero no por el modo del arrepentimiento. Pero no hay otra forma. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Así entendemos que los que eran de fe en el antiguo testamento tendrán su herencia celestial, más los que querían entrar a través de su religión terrenal, sin aceptar su Mesías, iban a ser excluidos.
17 julio de 2022