La semana pasada notamos como el buen Samaritano llevó el hombre atacado al mesón, dejando dos denarios. El Señor Jesús vino a este mundo, y no había lugar por el en el mesón, pero hay lugar por cada pecador arrepentido en la asamblea, y en su aspecto universal, allí están, aunque en la forma práctica, vemos a los cristianos muy divididos por el fracaso humano. Acaso vemos las raíces de tal división en las dos hermanas, Marta y María en los versículos restantes en el capítulo. Se ve también quizás una de las aplicaciones de los dos denarios en los recursos que el Señor ha dejado por nosotros en nuestro día; la palabra de Dios, como vemos por María, y la oración como vemos en la oración de los discípulos, dado por Jesús en el capítulo 11.
Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
Primero, vemos que tenemos aquí una familia de tres, cuyo hermano no se menciona aquí sino sabemos por el evangelio de Juan, capítulo 11, que fue resucitado de los muertos y los tres eran objetos de un amor especial (o por lo menos, mencionado especialmente) del Señor Jesús. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.
Juan 11:5 Los samaritanos de Lucas 9 no recibían al Señor Jesús, viendo por su cara que iba para Jerusalén. Pero en esta casa, Jesús encontraba una bienvenida siempre.
Pero hubo conflictos en esta casa, como estoy seguro que no falten en cualquier casa, pues hasta que estemos en nuestra casa celestial, vamos a encontrarnos con la tristeza de la condición humana, que tenemos una vieja naturaleza que nos influye. Esta [Marta] tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
A noche leemos yo y mi esposa en 1 Corintios 12:20-21 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.
Acaso vemos en Marta la mano, ocupado en el servicio, y en María la cabeza, aprendiendo de Jesús. Hubo y hay lugar para las dos cosas; el error de Marta era decir que lo que hacía María era malgasto de tiempo y alargándola a ella con trabajo adicional.
Esta María es la misma que vemos en Juan 12. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.
Había críticas en aquel entonces también, primero de Judas y después, de los demás discípulos, siguiendo el mal ejemplo de Judas. Pero en ambos casos, vemos la aprobación del Señor Jesús en lo que María hacía. Hoy día, tenemos el privilegio de congregarnos alrededor de la persona de Cristo, por recordarlo en su muerte tal como nos pedía. Sin duda, hay los que dicen que debemos estar haciendo otra cosa, acaso construyendo casas por los que no tienen, o ayudando en un orfanatorio, o una cosa semejante. Pero María tenía la buena parte
y después, hizo la buena obra.
En nuestro capítulo María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
En Marcos 14 Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.
En el capítulo 11 de Lucas, vemos la oración de los discípulos, a menudo llamado “la oración del Señor.” Los discípulos, varias veces antes, habían visto al Señor Jesús orando, algo que caracteriza el evangelio nuestro de Lucas donde vemos el Hijo del hombre, dependiente siempre de Dios su padre. Era bueno que pidieron ayuda del Señor. Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.
Hay muchos cristianos en el día de hoy que piensan que estas palabras son buenas por nosotros ahora, pero es importante considerar que los discípulos eran todavía de una compañía judía y la oración que los fue enseñado era según su época. Sin embargo, hay aspectos de la oración de los discípulos que sirven para darnos la idea de lo que conviene en nuestras oraciones.
Padre nuestro que estás en los cielos
era algo nuevo por los discípulos pues ya estaban en una relación más cerca, conociendo a Dios como padre por la revelación del Hijo, como vimos en el capítulo 10:22. Debían orar primero según los intereses de Dios, y después de sus propias necesidades, y tener el mismo espíritu del Señor, pues como hemos visto en este evangelio, los indignos son los que no tienen con que pagar
y así reciben el perdón según la gracia revelado por Jesucristo. Se ve que Dios Padre no va a ser menos preocupado con las necesidades de sus hijos que un padre terrenal. Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial…
Los discípulos aun no tenían el Espíritu Santo morando en ellos, como que ya tenemos nosotros, y por eso, debían pedir por su venida, con la seguridad que esta oración seria contestada en su tiempo.
Acaso desarrollamos un poco mas este tema, la semana que viene si el Señor quiere.
29 mayo de 2022