MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 10: Conociendo al Padre por el buen samaritano


Léase por favor Lucas 10:17-37


Vimos la semana pasada como los discípulos, animados por ver los demonios sujetos por el nombre de Jesús, fueron advertidos que su gozo debe ser por tener los nombres escritos en el cielo, así dándonos la idea nueva de mover su punto de vista terrenal hacia uno celestial. Los discípulos tardaron un buen tiempo captando esta verdad, hasta en el libro de los Hechos pero la enseñanza allí está por nuestra bendición hoy en día. No era de lamentar que se postergara el día del reino y así vemos a Jesucristo regocijando. En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Los sabios y entendidos eran los lideres religiosos que rechazaban el Mesías quien vino en esta forma tan humilde. Los niños eran los discípulos, las mujeres fieles que hemos visto, y otros que entendían quién era Jesús, como el centurión del capítulo 7. Jesús regocijaba que eso fuera cierto, pues el rechazo de Israel abría la puerta de bendición a todo aquel que vendría como indigno, siendo judío o gentil. Y no era que el reino fuera postergado para siempre jamás, pues Jesús dijo Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre. Así el reino de Dios, aunque postergado, tendrá su cumplimiento en un día quizás no muy lejos.

Otra cosa que tenían que captar era para hacer esto posible, era necesario que viniera el hijo de Dios como hombre. Esto es el significado del versículo que sigue. Nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre… No es que no lo podemos conocerlo a Jesús como Señor y Salvador; es que no podemos profundizar su persona siendo Dios y hombre a la vez. Pero vemos lo maravilloso en lo que sigue, que al Padre celestial podemos conocer a través de su hijo, el Señor Jesucristo. Ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. La bendición de ser entre los testigos de tal caso es tan grande que se añada aquí Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. Su anhelo para el reino por el momento los dejaba pensando que iban a perder algo, si el Señor Jesús no se sentara justo entonces sobre su trono de Israel. Pero no, no era así, sino una grande bendición por ellos ser parte de la compañía celestial, cosa que los profetas y reyes no podían conocer o ver.

La historia que sigue es demasiado bonita y maravillosa en sus sentimientos, tanto que hay leyes que se ha establecido aquí en los EU, para proteger al “buen samaritano” que trata de ayudar a uno necesitado, aunque no tenga conocimiento de primeros auxilios. La historia fue provocada por uno, como otros que hemos visto en este libro, que quería justificarse a sí mismo. Quiso saber qué cosa podía hacer para heredar la vida eterna. Su entendimiento era según la ley, donde “vida eterna” quiere decir larga vida en la tierra. La ley prometía a la persona que la guardara tus días se alarguen en la tierra (Éxodo 20:12) y así decía Jesús al intérprete de la ley haz esto, y vivirás. Sabiendo en su corazón que no podía, buscaba un escape, pretendiendo que no sabía quién era su prójimo. En esta historia vemos varias cosas que podemos desarrollar, pero consistente con el tema del evangelio, vemos la gracia celestial brotando más allá de la nación de Israel por la persona del Hijo del hombre.

Vemos la senda de la nación de Israel, bajando de Jerusalén a Jericó. Jericó era la ciudad de la maldición, y el camino hacia ella tenía dos lados; el lado limpio donde iban los “dignos”, los religiosos, y el lado sucio, donde iba el pobre hombre que fue atacado. El hombre fue robado, herido, y dejado medio muerto e igual la nación en su estado actual de aquel entonces, Jesucristo en medio de ellos. Los romanos los habían conquistado y sometido y tenían que pagarlos altos impuestos. ¿No es eso también la condición actual de este mundo bajo el poder de Satanás que exige su impuesto alto? ¿No es cierto que vemos casi diariamente personas que han pagado el impuesto, con sus drogas y vicios y se ven como medio muertos? Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él… ¿A dónde iba de camino el samaritano? No a Jericó sino a Jerusalén, hacia la cruz y pena de muerte por pobres pecadores, no medio muertos sino totalmente muertos en sus pecados. Pero a la nación de Israel llegó Jesucristo, Hijo del hombre y así lo veían como si fuera “el samaritano” pues menosprecian ellos a los samaritanos. Había muchos como el sacerdote y levita, los “dignos” que no recibían la bendición e igual, no podían ayudar a ninguno de la nación tampoco. Pero al que no podía ayudar a si mismo, a él llego el Cristo, cerca de él haciendo todo por su bienestar y salud. Así el hombre medio muerto representa a todos que ya hemos visto, y Dios mediante veremos, los indignos que venían buscando la bendición sabiendo que no tienen “con que pagar.” El vino otra vez nos hace recordar del nuevo vino que no se podía contener en la botella del judaísmo. El aceite predestinaba la venida del Espíritu Santo como tanto el mesón nos habla de la asamblea y el mesonero también del Espíritu Santo ministrando a través de sus santos a las necesidades de los pecadores arrepentidos. Se ve que el samaritano no lo llevó otra vez a Jerusalén, donde tantos en nuestro día quieren regresar (hablando de los principios de la ley), sino a un lugar nuevo, anticipando así la iglesia. Así la palabra del Señor a nosotros, que deseamos ayudar, capacitar, y llenar de Cristo al pueblo de Dios, escuchamos la voz del buen samaritano Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

¡Ojalá que nosotros anhelamos la vuelta del buen samaritano que dijo cuando regrese…!

Felipe Fournier
22 mayo de 2022