Volvemos otra vez a considerar el cambio que vemos en este capítulo de Lucas. Como notamos brevemente la semana pasada, el Señor Jesús como el Cristo, Mesías de Israel, había sido rechazado de aquí para adelante en el libro. Así el Señor tres veces en este capítulo se ve esperando su muerte, y muerte de la cruz. Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
Verso 22. … quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.
Verso 31. Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres.
Verso 44. Pero hay que notar que el título Hijo del Hombre
tiene un carácter más amplio de la confesión de Pedro que Jesús era el Cristo o Mesías. ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
La confesión de Pedro era preciosa y precisamente la verdad. Pero el Hijo del Hombre iba a ser algo mucho más amplio e imagino el Gentile Lucas, meditando en esto como su título incluía la salvación y bendición de las naciones gentiles.
Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
El Señor Jesús, mirando así la cruz, anuncia a sus discípulos que lo mismo pueden esperar si lo querían seguir. Es interesante que aquí, antes de la cruz, el Señor usaba este ejemplo, pues podemos imaginar que era una vista común en Israel; esta forma tan cruel de pena de muerte en una cruz, inventado por los romanos, debería haber levantado pensamientos muy serios. Al ver uno llevando una cruz, se sabía que aquella persona estaba sentenciada a una muerte cruel y sin esperanza. ¿Sería eficaz hablar a tal persona de las ventajas de una buena educación? ¿De cómo avanzarse en este mundo a través de una u otra oferta? ¡Claro que no! Pero que tan fácilmente nosotros nos distraíamos, olvidando lo que Jesús dijo en estos versículos; Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.
Esto nos habla de “seguir a Jesús” o simplemente, discipulado, y no la salvación del alma. La vida que se pierde aquí no es la vida eterna, sino la vida que vivimos hoy en día, o por la eternidad o simplemente por nuestros propios placeres pasajeras, que van a acabar y no tendrán nada de recompensa en el día del reino.
Aun anticipando su muerte, el Señor Jesús en su transfiguración compartía a tres de sus discípulos el privilegio de ver la gloria del reino, pero mientras hablaba con Moisés y Elías se nota que conversaron de su partida que iba a cumplir en Jerusalén. Así vemos el prototipo en Moisés de los muertos en Cristo
y en Elías, los santos arrebatados sin morir, mientras en los tres discípulos, la bendición de los de Israel en la tierra. La condición de sueño es la condición en que se encuentra muchos judíos en el día de hoy que va a cambiarse en el día venidero, durante la tribulación y la venida del Mesías falso, el anticristo. Pero a la vez vemos en estos discípulos la tendencia nuestra de estar dormidos mientras pasamos por este mundo, en el sentido de no vivir cada día en la esperanza de su día de gloria de Jesús. Solo Lucas nos cuenta de Jesús “orando” mientras los discípulos dormían y así vemos de nuevo porque somos a menudo tan flacos como ellos. Pedro, despertado y quizás con vergüenza de haber estado durmiendo, abre su boca para decir tonterías, pues siempre Pedro tenía la tendencia de hablar demasiado, no sabiendo lo que decía.
El Padre no iba a dejar dudas de la preeminencia de su hijo, aunque Pedro en su ignorancia lo hacía. Este es mi Hijo amado; a él oíd.
Pedro y los otros discípulos guardaban la historia de este evento hasta el día en que Pedro se lo proclamó en su segunda epístola; Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.
2 Pedro 1:18
Al descender de este lugar tan elevado, los discípulos encuentran una situación de la cual no podían solucionar. Mateo y Marcos nos cuentan sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
Marcos 9:29 Se les dio a ellos en el principio de nuestro capítulo el don de echar fuera a los demonios pero aquí no podían. Acaso vemos en esto la verdad de que no es tanto el don que uno tenga, sino la fidelidad al Señor revelado por su obediencia a las palabras de Jesús en nuestro capítulo Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo…
Su preocupación de los discípulos de la gloria venidera de Jesús los cegaba por el momento de su senda hacia la muerte de la cruz. Así el dicho de Jesús los incluía Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros…
Que no entendían el “hasta cuando” se ve en lo que sigue después. Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.
Vemos que era cuestión de ser el mayor en el reino. No captaban los dos testimonios anteriores ni la tercera vez en este capítulo. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. Mas ellos no entendían estas palabras…
Así seguían tropezando en nuestro capítulo pero lo dejamos para la otra semana.
1 mayo de 2022