Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.
Los discípulos ya habían sido testigos de las cosas que hacia el Señor Jesús, y no solo esto sino también la forma en que las hizo. Ahora, fueron dados poder y autoridad y fueron enviados por Cristo mismo. Son importantes estas cosas si deseamos servir al Señor; debe haber el ejercicio de espíritu que uno sienta la voz de Cristo enviándose y las experiencias de la vida en comunión con el Señor que le da el poder del Espíritu Santo, a fin de que su ministerio sea eficaz. En el mundo de cristiandad de hoy en día, es normalmente el hombre que envía a los siervos a predicar o servir en algún esfuerzo cristiano y al contrario de los discípulos, que eran enviados con toda dependencia en el Señor y sin recursos humanos, son obligados de buscar donadores para suministrar todas sus necesidades antes de salir. El Señor en su gracia los puede usar y los usa, y no queremos ser como Juan más adelante en nuestro capítulo; Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
Lucas no nos cuenta nada de detalles acerca de los hechos de los discípulos, predicando el reino de Dios, publicando con pruebas de curación de enfermos y echando demonios, pero era potente al extremo que Herodes, con su conciencia culpándolo por haber matado a Juan Bautista, se turbaba. Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.
En nuestro capítulo, Pedro testificaba la respuesta a su pregunta, ¿quién, pues, es éste?
diciendo El Cristo de Dios.
Aquí no nos da la bendición que Jesús le daba después, como nos cuenta en Mateo 16:17 pero nos queda en contraste que a pesar de la falta de fe manifestado en este capítulo por los discípulos, y sus muchos errores, la diferencia entre ellos (menos Judas Iscariote) es la fe salvadora que reconocía la persona del Señor Jesús y creían el testimonio que le fue dado en el monte en el verso 35 Este es mi Hijo amado; a él oíd.
Herodes era como otros que hemos visto en este evangelio como Simón el fariseo y otros muchos; impresionados por los hechos de Jesús, atraídos por curiosidad de su poder y la fuerza de sus palabras, pero sin arrepentimiento y fe que resulta en la justificación y salvación.
En el milagro de los panes y dos peces, la alimentación de cinco mil, vemos otra vez que tan lentos eran los discípulos de aprender y apreciar la facultad del Señor a sobrepasar cualquier obstáculo. Era un lugar desierto, como es el mundo entero en una forma espiritual. Los discípulos veían la situación igual que nosotros muchas veces, como una imposibilidad. Me acuerdo de una conferencia de que me contaba un hermano que sucedió en un lugar de pobreza, y por alguna razón que no sabían, no llegaba ninguna donación de otras asambleas a apoyar tal conferencia. Los hermanos se reunían perturbados por eso, pero en vez de abandonar su intención de tener la conferencia, buscaba con fe continuar. Me contaba un hermano después, que aunque no se comían tan bueno, había mucha bendición espiritual a través de la conferencia. Nos consuela quizás ver que estos discípulos, habiendo visto todo el poder de Jesús en su corrida de la nación de Israel, donde después confesaban que no los faltaba nada, veían esta situación del punto de vista de la falta de recursos. Lucas 22:35 Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada.
Pero tantas veces somos recordados que la memoria no es la fe. Dios nos cuidaba ayer, pero ¿Qué tal hoy o mañana? Es fácil criticar a los discípulos si no conozcamos demasiado bien a nosotros mismos; Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados.
No se les venia a la mente el Salmo 132:15 Bendeciré abundantemente su provisión; a sus pobres saciaré de pan.
Jehová andaba en medio de ellos, el que había provisto el maná diariamente en el desierto por millones al espacio de cuarenta años, pero no median la necesidad según esto, sino según sus propios recursos. Los cinco panes y dos peces eran suficientes, no solo por los cinco mil sino había restante doce canastas, una por cada discípulo. Así que vemos como nos dice los Proverbios 11:25 El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.
De experiencia puedo decir lo mismo; estos veinte años de escribir estudios me han brindado mucho beneficio espiritual por mí mismo.
Después de haber alimentado a los cinco mil, Jesús anunciaba a sus discípulos algo que tardaron mucho para entender. Él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios. Pero él les mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselo rigurosamente, y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
El ministerio de los discípulos, anunciando el evangelio del reino y la venida de su Mesías a Israel había resultado en un fracaso, pues, lo que decía el pueblo de Israel acerca de Jesús era Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
Pocos aceptaban lo que Pedro confesaba. De este punto para adelante vemos la senda del Señor Jesús hacia la cruz, el reino postergado.
El capítulo termina con la restauración a la vida de la niña de doce años. No creo que es por nada que son de la misma duración de años las dos; la mujer doce años sin remedio, y la muchacha de doce años ya muerta. Del número no sé su significado exacto, pero sugiero que se ve en las dos el mismo estado de estar sin esperanza menos en el Señor Jesús el mundo entero, sea gentil o judío. Había un grupo grande de incrédulos que aparentemente lamentaban la muerte de la muchacha, pero su lamentación era nada más algo exterior y sin una consolación verdadera por los padres, pues se cambiaban de una vez de un estado de lamentación a un estado de burla, cosa que para mí muestra que sus lágrimas eran de verdad fingidas. El papa, indudablemente desconsolado cuando le dijeron que ya había muerto su hija, escucha palabras semejantes a las que Jesus dijo a la mujer viuda que perdió su hijo en el capítulo 7; a ella le dijo Jesús no llores
y aquí No temas; cree solamente, y será salva.
Al parecer, su fe era suficiente a creer que este hombre divino era capaz de resucitar a su hija de los muertos, y así fue. Pero Jesús no buscaba ser notorio a los curiosos sin fe, así les dijo a los padres que no proclamasen lo que había sucedido.
24 abril de 2022