MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 8, parte dos: El poder de la Palabra para deshacer las obras del diablo


Léase por favor Lucas 8:19-39


Antes de continuar con el resto del capítulo 8, quiero citar directamente de lo escrito por nuestro hermano Bruce Anstey pues me parece una explicación concisa y excelente de la parábola del sembrador que estudiamos la semana pasada.

“Así, el primer terreno es una persona de corazón duro, el segundo es una persona de corazón hueco, el tercero es una persona de corazón medio, y el cuarto es una persona de corazón honesto. Con el primero vence el diablo, con el segundo prevalece la carne, con el tercero prevalece el mundo, pero con el cuarto prevalece la Palabra de Dios. Así, esta parábola enseña que la Palabra de Dios triunfará sobre la incredulidad del hombre, y almas serán salvadas para alabanza de la gloria de Dios. ¡Nada, ni el mundo, la carne o el diablo — pueden impedir que la gracia divina obre a través de la Palabra!”

(Las expresiones del corazón si caben bien en el inglés y espero que si se entiende en español también.)

Lo que sigue en nuestro capítulo toca una pregunta que ha tropezado a muchos. La pregunta es ¿Qué vale más? ¿Guardar los valores de la familia carnal o guardar la Palabra de Dios? Conozco a muchos que aparentemente valoran más a la familia que a la palabra de Dios. Un ejemplo: Un hijo o hija cae en pecado y vive así, una forma de vida corrupta y lejos de Dios. En vez de condenar tal pecado, siguen con relaciones familiares pues “es familia.” Aquí nuestro Señor nos deja saber claramente que obediencia a la Palabra nos pone en una relación familiar cuyas ligas son más fuertes de las ligas de la naturaleza. El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen. La familia si es una institución de Dios, dado al mundo como un refugio importante del mundo cruel. Pero debemos valorarla en vista de la necesidad de obediencia a la Palabra de Dios, ante todo.

De la tormenta en el mar, casi no hay necesidad de decir cualquiera explicación, pues creo que todos nosotros hemos visto tales tormentas de la vida y hemos, tal como los discípulos, sufridos del mismo terror. Si me perdonan, hermanos, el miedo tan fuerte de la pandemia me parece algo semejante, y pienso escuchar las palabras del Señor hablándonos con ternura; Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen? Si es así, ¿Cómo puede ser que el COVID es algo fuera del poder de Dios? Si el poder de la Palabra de Jesucristo sea más fuerte que la naturaleza, las olas y los vientos, ¿puede ser que un virus sea más difícil que esto?

Llegando al otro lado del mar, se presenta una situación aún más crítica del poder de la naturaleza, pues es el poder del diablo sobre un pobre hombre. El hombre llevaba por nombre Legión por la cantidad de los demonios que moraban en él. Yo, pasando por ciudades grandes aquí en los EU, veo a gente en la misma condición. Viven en la calle, sin hogar, con poca ropa. Caminan, hablando con nadie sabe quién. Se hacen daño, obviamente endrogados. La sociedad lamenta su condición, tal como el pueblo que trataban ayudar a este endemoniado y casi siempre, con la misma falta de éxito. Pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos. Me acuerdo haber visto lo mismo en Bogotá, Columbia cuando estaba allá hace muchos años. Me pegó en la memoria una mañana muy frio, un hombre bajo un cartón, mientas a su lado estaba un perro que temblaba con el frio. Pero el hombre se veía durmiendo, sin sentir el frio por su estado drogado. Se sabía que su cuerpo sufría mucho de este descuido. Hay refugios aquí por los que son sin hogar, pero a rara vez se ve que ofrecen la única cosa que puede librar de tal estado; la salvación de sus pecados por medio del único salvador del mundo, el Señor Jesucristo. Se les ofrece rehabilitación a través de los gastos del gobierno, pero su falta de éxito se ve pues va aumentando la cantidad de tiendas de acampar que vemos a las orillas de las carreteras y a veces en las banquetas de las calles principales de la ciudad. Se les avergüenza a los lideres y echan cada vez más dinero en programas para “radicar este problema de los sin hogar” pero sin reconocimiento de su raíz; el pecado del hombre.

Pero la palabra de Jesús, que calmaba hace poco la tempestad, era potente para librar también al endemoniado. Los demonios pensaban quizás que Jesús había venido en su juicio final y temían ir al abismo, algo que nos deja entender que el diablo, a pesar de su poder, no entiende los propósitos de Dios por su gloria. El pueblo de Israel no debía haber estado criando a cerdos y lamentaba mucho su pérdida. Preferían vivir con el hombre esclavo del diablo y la ganancia de sus cerdos más que ver el hombre libertado, sentado con los discípulos de Jesús, ya con ropa y en su juicio cabal. Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Al hombre suelto de su esclavitud había gran deseo de quedarse con Jesús, pero le fue dado un ministerio de declarar lo que Dios había hecho por él. Que fue fiel a este trabajo vemos, pues Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él. Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban.

Así fue cumplido la profecía hecha tantos años antes por Jacob en Genesis 49:19 Gad, ejército lo acometerá; más él acometerá al fin. Por la gracia y poder de la Palabra de Dios por Jesucristo, el hombre de Gad llegó a ser fiel servidor de Jesús, instrumento de libertad a otros cuya esclavitud era quizás menos obvio de lo de él.

Felipe Fournier
10 abril de 2022