Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Con este versículo empezó el sermón en la llanura, dirigido a sus discípulos. El hermano Victor de Ensenada me preguntaba quiénes eran los de Mateo 5:3 llamados pobres en espíritu.
No puedo decir porque en Mateo añade la parte en espíritu
y aquí no, pero pienso que vemos en nuestro capítulo que la pobreza no habla de lo económico. Vemos destacados a tres que recibían gran bendición y en cada caso, es la necesidad personal que se sientan (o la pobreza espiritual) y, como la parábola del Señor Jesús al fin dirigido al fariseo no tienen con que pagar.
Leemos en el capítulo 5, verso 32 de nuestro evangelio las benditas palabras No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
En nuestro capítulo 7, vemos revelado la diferencia entre los del capítulo anterior de quienes dice el Señor ay de vosotros
(los justos) y los que son los bienaventurados
(pecadores a arrepentimiento).
El primer caso es bien interesante, siendo un soldado Gentile, que me parece podemos decir que ya era renacido, o por lo menos, podemos ver que había en su corazón la obra del Espíritu Santo. Primero vemos que quería a un siervo. El siervo de un centurión, a quien éste quería mucho…
Jesús dijo en el capítulo 6:32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?
El siervo era un esclavo y los romanos tenían una fuente casi interminable de esclavos disponibles por sus conquistas por casi el mundo entero. Así este amor del centurión por su esclavo no era algo común y para mí, mostraba un carácter de un hombre temeroso a Dios. Además, entendía muy bien el centurión que Jesús era el Cristo, el Mesías de Israel, y por eso, le envió los lideres o ancianos judíos, sabiendo que, como Gentile, no tenía derecho de acercarse por no ser judío. No solo eso, sino amaba la nación de Israel a pesar de sus muchas hipocresías, sabía que solo entre ellos era posible conocer al Dios verdadero.
Los ancianos de los judíos se acercaban a Jesús diciendo Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.
Apreciaban al centurión como dice el capítulo anterior Porque también los pecadores aman a los que los aman.
Lo triste es eso, que estos ancianos no buscaban la gracia abundante de Jesús por ellos mismos, pues su meta era el ser digno.
Se creían dignos y justos, y eso era su pérdida. Pero qué bueno, vemos en el centurión un espíritu pobre, podemos decir, aceptando de una vez la posición no soy digno.
Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti.
El fariseo, otra personalidad que se creía justo o digno, si invitaba a Jesús a su casa, pero pensándose mejor que el, tratándolo sin las cortesías del día. ¿Estamos sorprendidos de la profundidad del entendimiento del centurión acerca de la persona de Jesús, llamándolo primeramente Señor
y después, reconociendo que el poder y autoridad de su palabra era mucho más que la autoridad que él mismo tenia, siendo sobre cien soldados? Los judíos, después de mirar el milagro de resurrección del joven hijo de la viuda dijeron de Jesús Un gran profeta se ha levantado entre nosotros.
Cierto que Jesús era un gran profeta pero el centurión reconocía que era mucho más; era Dios manifestado en carne, y tenía una palabra de poder y autoridad. Forma un contraste grande con el justo
o digno
fariseo al fin del capítulo que dijo Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
Jesús comentaba sobre la fe sobresaliente del centurión con las palabras Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
Su siervo fue curado por la palaba de Jesús y no dudamos que la fe del centurión era fe salvadora y como la mujer al fin del capítulo, sus muchos pecados fueron perdonados, y lo veremos indudablemente en el cielo.
La historia que sigue nos hace volver a repetir como la gracia, saliendo de la botella rota del judaísmo, en la persona del hijo del hombre, vemos aquí en abundancia. Tal escena de una pobreza no necesariamente económica pero muy obvio es la mujer que no tiene marido pues es viuda y ahora, su único hijo ha muerto. La muerte es lo que el hombre, a pesar de sus avances en medicina y ciencia, no puede conquistar. ¿Quién otro hubiera podido acercarse a una escena tan triste y decir a la viuda, no llores
? El judío, tocando al muerto, era contaminado. Pero el Señor Jesús, como antes había tocado al leproso, mostrándose un hombre de verdad, tocaba el ataúd. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron.
El joven fue resucitado de los muertos con la palabra de poder del Hijo del hombre, un poder divinal que el centurión reconocía, pero el pueblo de Israel no. Dijeron Dios ha visitado a su pueblo
que era cierto, pero no se daban cuenta del Emanuel
(Dios con nosotros) que estaba justo en su presencia. Decían que era gran profeta, pero así decían también de Juan Bautista, y como veremos, Dios mediante, la semana que viene, era muy cierto.
Terminamos esta semana citando el verso 30 de nuestro capítulo para destacar otra vez el tema precioso de los pobres indignos que reciben la bendición de Jesús y los ricos dignos que no. Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.
No se consideraban necesitados de arrepentimiento y así que, no fueron bautizados por Juan y se les perdió la bendición. Verdaderamente son ciertas las palabras de Jesús ¡Ay de vosotros!
¡Que grande la bendición de la viuda que recibe por su pobreza su hijo resucitado de los muertos! Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.
20 marzo de 2022