Tenemos en este capítulo cuatro relatos, cada uno dándonos un paso en la obra de Dios en el alma. Como notamos antes, Lucas no necesariamente nos da la orden cronológica, sino una orden moral. El primero es la convicción de pecados, que siempre debe de ser el primer paso de la salvación. Empezamos con la predicación de Jesús desde la barca de Pedro. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.
Pensamos que esta es la segunda vez que Pedro había conocido algo sobre el Señor Jesús, la primera vez siendo en Juan 1, donde el Señor le dio a Pedro su nombre. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).
Juan 1:41-42
No se nos dice los pensamientos de Pedro, dado el tan extraño experiencia de conocer a un hombre que se atreve de cambiarlo de nombre. Pero parece que allí quedaba en su mente de Pedro un sentimiento de maravilla que clase de hombre era eso, pues su hermano estaba ya convencido que este era el Mesías de las promesas del antiguo testamento. Pero la barca prestada llega siendo llenado de peces a pesar de las dudas de Pedro acerca del mandamiento del Señor Jesús. ¿Para qué pescar de día, cuando normalmente no se pesca nada, y especialmente cuando de noche no habían pescado nada? Pero Pedro veía que el hombre quien le mandó echar sus redes (y no tuvo la fe para echar más que una) era de verdad el omnipotente hijo de Dios, viendo la multitud de peces llenando su red. Su reacción era un reconocimiento de su estado como pecador, pero al contrario de Adán, que, al reconocer su pecado, se escondía de la presencia de Dios, Pedro se acercaba a los pies de Jesús. Así es la gracia; convencido de que no era digno, aun se siente que esta bienvenido a los pies de Jesús. Y su atrevimiento es premiado con las benditas palabras del Señor no temas.
Acaso algunos hubieran visto la pesca inesperada y más grande que nunca, y hubieran pensado como invertir tal grande aumento de ingreso en una barca nueva, más empleados, y más desarrollo de su negocio para mejores ingresos. Pero no, Pedro con sus socios de trabajo Juan y Jacobo, escuchan el mandato del Señor desde ahora serás pescador de hombres.
La pesca no se echaba a perder; Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.
Se supone que el padre Zebedeo llegó a ser el que beneficiaba de la venta de tanto pescado.
Sigue la historia de un leproso, lleno de lepra y en parte lleno de dudas. Señor, si quieres, puedes limpiarme.
Conocía y creía en su poder, pero dudaba de su deseo. Lleno de lepra, el hombre llega siendo de doble sentido; en él vemos el caso de cada alma perdida, en una condición vil y fea, necesitando la limpieza de pecados. También vemos en él la condición de la nación de Israel, lleno de lepra. El individuo, a pesar de sus dudas, recibía la limpieza de su lepra, y así el paso numero dos después de la convicción de pecados es la sangre de Jesucristo su hijo nos limpia de todo pecado.
Faltaba para el derramamiento de tal sangre, pero como todos que murieron en fe antes de la cruz, la sangre de Cristo es la fuente del perdón de sus pecados. Sin derramamiento de sangre no se hace remisión.
Hebreos 9:22
Jesús hubiera podido simplemente hablar para limpiar la lepra, pero no, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio.
El santo hijo de Dios no iba a ser contaminado y la toca de su mano era a la vez la demostración de la infinita gracia en la persona del hijo del hombre. Se quitó toda duda con la palabra Quiero.
El leproso limpiado, aparentemente no obedecía las instrucciones del Señor Jesús. Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos. Pero su fama se extendía más y más.
Todavía era la época de la ley, y que testimonio hubiera sido a estos sacerdotes, que a pesar de las instrucciones en Levítico 13, nunca habían participado en la limpieza de la lepra. Jesús no había venido a ser famoso, sino para dispensar la gracia a una nación lleno de lepra.
En el caso número tres, vemos a un paralitico con cuatro amigos, todos con confianza del poder de Jesús. En este caso vemos como el pecador perdonado también recibe poder para caminar a la gloria de Dios, una cosa imposible sin remisión de los pecados primero. Pero en el momento había también bastantes lideres de la nación. Los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar.
Como el hombre lleno de lepra, había en estos lideres la misma necesidad de ser sanados de su enfermedad espiritual y el poder del Señor estaba presente, pero no había en ellos un corazón para creerlo quien era y recibir la gracia disponible. Pero el paralitico recibía la bendición por su fe. Los lideres se quejaban por no ver quien era el Hijo del hombre, Dios manifestado en carne, con el poder de ambos perdonar los pecados y dar fuerzas para caminar a la gloria de Dios. ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
Tenían razón; nadie menos Dios puede perdonar los pecados. Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
Terminamos con el cuatro caso solo en breve, pues este estudio ya es mas largo de lo corriente y quizás lo cubrimos con mas detalles en el siguiente. Levi, un publicano rico, odiado por muchos a través de su trabajo de servir a los romanos, recibe el llamamiento de seguir al Señor. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.
Vemos en su invitación a una grande cena, asistido por otros seres “no dignos”, una devoción de corazón a servir al Señor. De eso veremos mas en el siguiente estudio, pero por ahora, un resumen de los cuatro casos; número uno, Pedro, convicción de pecados; número dos, el leproso, limpieza de los pecados; numero tres, el paralitico, poder para caminar a la gloria de Dios; número cuatro, Levi, devoción de corazón al Señor Jesús.
13 febrero de 2022