“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.”
Vemos en los siguientes capítulos el ministerio de Jesucristo, principalmente en el norte de la nación, la región alrededor del lago o mar Galilea, también llamado “Tiberias” y “Genesaret.” Hemos dicho (y me incluyo en este grupo) que el día de Gracia empezaba en Hechos 2. Pero de verdad empezaba justo aquí en nuestro capítulo, que aprendemos por las palabras del gran Mesías de Israel, leyendo y explicando quien era el mismo, aunque en aquel momento había vuelto a Nazaret, donde la gente le conocía por haber sido criado allí, humilde hijo del carpintero. Lucas nos cuenta la historia por de la traducción griega (sin duda por inspiración del Espíritu Santo) y así el Señor Jesus leía “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.” En pocas palabras del profeta Isaías, Jesucristo se anunciaba como el remedio de todos los malos que habían descendido sobre la nación, justamente, por su desobediencia. Eran pobres, quebrantados de corazón, esclavos de los romanos, oprimidos por los impuestos romanos, y enfermos.
No es por accidente que lo que sigue es por la pura gracia del Señor Jesús. “Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó.” ¿Por qué cerró el libro justo allí? Pues, lo que viene después de Isaías 61 dice “y el día de venganza del Dios nuestro.” Juan nos dice “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” Juan 1:17 El día de venganza se había postergado hasta la segunda venida del Mesías. Esta vez, se manifestaba la oferta de gracia divina al judío, dentro de la nación incrédula. Era de veras “el año agradable del Señor” si ellos tuviesen el deseo de reconocerlo.
“Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?” Al principio, mirando estas palabras, pensamos que sus pensamientos eran al positivo; pero se revela la verdad por su dicho “¿No es éste el hijo de José?” Por decirlo así, decían “Jose no es nadie menos un pobre carpintero y este es su hijo, también un carpintero. ¿Cómo entonces puede ser el Mesías?” Estaba “maravillados” pero en triste incredulidad. Iban a decir que escuchaban de las maravillas que hizo en el norte, y querían verlo justo allí, pero aun así, no iban a creer quien era. “Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra.” Pensaban que le conocían y era imposible que sería el Mesías de la profecía de Isaías. ¡Qué triste su rechazo así de la gracia que hubieran podido disfrutar! El Señor Jesús entonces les cuenta de los libros de los Reyes de otros que rechazaron la gracia, enviado por Jehová cuando la nación aún tenía la oportunidad de arrepentirse. Dos profetas, bien conocidos, Elías y Eliseo andaban en Israel. Pero, ¿quién fue levantado de los muertos por Elías? Una viuda de los gentiles. Y ¿quién fue curado de su lepra? Naamán el sirio.
¡Que solemne fue este anuncio desde el principio del ministerio de Jesucristo! Primeramente, la declaración de quien era Jesús por haber entrado por la puerta de las escrituras. (Juan 10:2 “Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.”) Toda la gracia de Dios era disponible por él. Y si no lo iban a aceptar, igual como había pasado en el tiempo de los profetas de antigüedad, Dios no iba a ser restringido por la incredulidad de Israel; el mensaje de la gracia iba a salir a las naciones gentiles.
¡O, como se enfadaban a escuchar tales palabras! Así vemos que el ser “maravillado” no era por fe. “Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.” Escuchar de la gracia saliendo anteriormente a los gentiles aguantaban, pero no la memoria de que esta gracia así salió por haber sido rechazado por los israelitas. Ninguna viuda recibía la bendición de su hijo resucitado, ningún leproso curado en Israel. Solo entre los gentiles Jehová Dios había podido hacer milagros fue el testimonio que no podían negar, pues era de sus mismas escrituras.
Así desde el principio de nuestro evangelio, vemos a Jesucristo ofreciendo la gracia y siendo rechazado. No iba a terminar aquí, pues faltaba tres años de abono y trabajo la tierra de Israel por su Mesías antes que fuera por fin crucificado. En esta ocasión, Jesús pasaba en medio de ellos y no lo podían tocar, pues su hora no había llegado. Pero podemos imaginar como Lucas, un Gentil escribiendo de estos eventos, regocijaba pensando como la salvación y gracia venido por Jesucristo iba a extender más allá que la nación de Israel a un pobre, desgraciado gentil como él mismo.
23 enero de 2022