MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 4: La tentación de Jesús


Léase por favor Lucas 4:1-13


Hemos visto y escuchado la voz de Dios proclamado de Jesús después de su bautismo por Juan “Este es mi hijo amado.” Ahora vemos a Jesús, hijo del hombre, tentado en el desierto 40 días. El ser humano fue tentado en un paraíso. Por su caída del hombre, respondiendo su carne a las tentaciones del diablo, el paraíso se hizo un desierto. Allí es donde Jesús fue tentado por cuarenta días, y después vemos tres tentaciones específicas, uno en el desierto, otro en un monte alto, y el tercero (en nuestro evangelio, el orden moral y no cronológico) en Jerusalén en su templo.

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?... Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” Genesis 3:1-6

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” 1 Juan 2:16 Eva (la mujer) respondía exactamente como el diablo esperaba, dudando a Dios en su carácter de un Dios de amor y bondad, y creyendo la mentira de Satanás.

Pero nuestro amado Señor Jesús, hijo de Dios e hijo de hombre, no tenía en si la carne que tenían Adán y Eva. ¿Por qué, entonces, era necesario la tentación? dicen algunos, pues si no podía pecar no hay porque tener una tentación. Pues, podemos decir que era necesario por dos motivos. No fue necesario por Dios que ya había proclamado en voz alta desde el cielo en el capítulo anterior “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” Pero por nosotros, al ver Jesucristo saliendo en perfección de estas pruebas, le vemos como el hombre probado santo en todo su ser, no respondiendo a las tentaciones de Satanás. También vemos la forma en que conquistaba las tentaciones. No fue por un acto divino, despidiéndose de Satanás por su poder divinal, sino como hombre por simple obediencia a la palabra de Dios.

La tentación a Eva empezaba igual, haciendo una pregunta, tratando de poner en duda que Dios fuera bueno. “¿Conque Dios os ha dicho…” Allí en Eva empezaban las dudas ¿Dios de veras es bueno? ¿Si fuera bueno, nos impediría de comer algo bueno por nosotros? Al Señor Jesús el diablo le dijo “Si eres Hijo de Dios, dí a esta piedra que se convierta en pan.” La pregunta era por poner en duda lo que dijo Dios en el capítulo anterior “Tu eres mi hijo amado.” ¿Un padre bueno dejaría que su hijo padeciera hambre? Eva no tuvo hambre cuando comió del fruto del árbol. En el jardín, el paraíso, había de todo para comer. Eva no iba a morir de hambre por no comer este fruto; lo que respondía en ella era “el deseo de la carne.” Jesús se encontraba donde no había nada de comer. Jesús era un hombre que había padecido ya cuarenta días con nada de comer. Es un tiempo casi al límite de lo que un hombre puede sostener sin comer. No es pecado comer cuando tenemos hambre. Pero Jesús vino a este mundo para obedecer, no para mandar, y así que no iba a mandar a las piedras hacerse pan para probar que era Hijo de Dios. Era el hombre totalmente dependiente de Dios. “Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo.” Romanos 15:3

En nuestro evangelio, la siguiente prueba era cuestión de “los deseos de los ojos.” Por Eva, “era agradable a los ojos” el fruto del árbol. A Jesús, el diablo le enseñaba “en un momento todos los reinos de la tierra.” (Es interesante el contraste con lo que Dios nos va a revelar, no en un momento sino “en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” Efesios 2:7) Pero Jesús va a ser heredero de todos los reinos de la tierra a través de su derecho como Hijo de Dios y su derecho de haberlo comparado con su sangre. “Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.” Mateo 13:44 El diablo le estaba ofreciendo el reino sin el sufrimiento de la cruz, pero no, el Señor no así iba a evitar su destino; “obediente a la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses 2:8

La tercera prueba era acerca de “la vanagloria de la vida.” Por Eva, era “árbol codiciable para alcanzar la sabiduría.” La serpiente provocaba en ella este deseo de ser como Dios. “sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” ¡Que fuerte fue esta tentación por la carne humana que siempre busca su propia gloria! No había en el santo y humilde Jesús vanagloria, pues “se despojó de sí mismo” según Filipenses 2. ¿Necesitaba confirmar que Dios es fiel por echarse del pináculo del templo? No, para nada. Como muchos han notado, el diablo citaba la escritura por confundir aún más la cuestión, pero no citándolo de todo. Dijo “porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden; y, en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.” El Salmo dice en verdad “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.” Salmo 91:11 Y Jesús no iba a echarse del pináculo a ver si Dios fuera tan bueno como su palabra, pues sabía que Dios lo cuidaba “en todos sus caminos.” Hacerlo hubiera sido desobedecer la palabra de Dios. “Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.”

Así en toda la tentación, Jesucristo contestaba con la palabra de Dios, tal como puede hacer usted y yo, si andaremos en el Espíritu. “Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.” El diablo no pudo, pero iba a volver cuando llegaba “la hora” del hombre. “Esta es vuestra hora, y la potestad de la tinieblas.” Lucas 22:53

Felipe Fournier
16 enero de 2022