La semana pasada meditamos brevemente sobre el ministerio de Juan Bautista y su demanda por “frutos dignos de arrepentimiento.” Pensando sobre este versículo, me acuerdo de la tristeza de una hermana, quien me dijo que su hijo había ido a escuchar una predicación y volvió diciendo que se había entregado a Cristo (o algo semejante, no me acuerdo exactamente las palabras.) Pero después, su mama me dijo, mientras ella esperaba ver algún fruto de dicho arrepentimiento, no había nada de cambio en su vida. Así también el pueblo sincero preguntaba a Juan “¿Qué haremos?” Sus respuestas de Juan a estos tres grupos, el pueblo en general, los publicanos, y los soldados nos indica que Juan entendía muy bien la tendencia de cada cual en su carne. Un arrepentimiento verdadero siempre debe venir con un cambio de comportamiento. Con la gente común, pues una tendencia universal es el egoísmo y avaricia. Les dijo Juan “El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.” A los publicanos que tenían la fama de demandar más de lo indicado por impuesto del gobierno romano se les dijo “No exijáis más de lo que os está ordenado.” Se nota que no recomendaba la rebelión contra el imperio romano pues su servidumbre al poder gentil era por el dicho del profeta Oseas “Haré cesar el reino de la casa de Israel… no me compadeceré más de la casa de Israel, sino que los quitaré del todo.” Oseas 1:4-6 A los soldados que imagino eran también siervos de los romanos, aunque judíos, dijo Juan “No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.” Su posición de poder y autoridad les ponía en una posición de poder extorsionar al pueblo de Israel y en su arrepentimiento, eso deberían abandonar, así preparándose por la venida del Rey verdadero que en su día los iba a librar de toda necesidad, pago de impuesto, y servidumbre al poder gentil.
Algo acaso sorprendente a la primera vista es el Señor Jesús, llegando al desierto en medio de esta compañía de discípulos de Juan, se presenta por ser bautizado. Vale la pena notar que, en Lucas, como mencionamos antes, no vemos los eventos en el orden cronológico. En el verso 20 vemos que Herodes encarcelaba a Juan. En el verso 21 vemos a Jesús siendo bautizado por Juan, que obviamente no hubiera podido pasar con Juan en la cárcel. No tengo explicación porque Lucas nos cuenta la historia así, solo lo veo como algo notable.
¿Por qué Jesús se bautizó por Juan? ¿Tenía algo de que arrepentirse el bendito y santo Señor Jesucristo? No, claro que no, decir esto sería una blasfemia. Pero como mencionamos la semana pasada, el bautismo siempre representa identificación con algo, y aquí el Señor Jesús se identificaba con el remanente de judíos arrepentidos. Y para quitarnos de todo sentimiento que fuera por algún pecado que él tenía, tenemos el gran evento del Espíritu Santo descendiendo en forma de paloma por descansar sobre el santo Hijo de Dios y la voz del Padre del cielo proclamando “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” Acaso por primera vez vemos la trinidad manifestada; Dios Padre, Dios Hijo, y Dios el Espíritu Santo. Tenemos algo para ver (la paloma), algo para tocar (Jesús en carne), y algo para escuchar (la voz del Padre del cielo.) Una cosa más, solo leído en Lucas es la expresión “Jesús fue bautizado; y orando…” Vemos a Jesús orando como el hijo de hombre, dependiente siempre a Dios su padre, aun en esta escena que nos muestra claramente su divinidad.
Si me permiten desviar un poco de mi tema, quiero mencionar la paloma, y porque quizás tenemos el Espíritu Santo en forma de la paloma. Se acuerdan sin duda de la paloma que tenía Noe en el arca. “Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho, y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra. Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra. Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra.” Genesis 8:6-8 Conocemos al cuervo bien, pues yo los veo a menudo comiendo del cadáver muerto de un animal pegado por un auto. Por eso el cuervo saliendo del arca encontraba a algo flotando muerto y estaba contento de ponerse allí para comer de lo muerto. Pero la paloma “no halló donde sentar la planta de su pie” pues es un pájaro que no come de lo muerto. Nosotros, en nuestra carne, no somos tan diferentes que el cuervo que come de lo muerto e inmundo. Pero en nuestro capítulo la paloma en este momento en Lucas 3:22 encontraba donde podía descansar, en la persona santa de nuestro Señor Jesucristo.
Nuestro capítulo termina con la genealogía de Jesús. Lucas, habiendo manifestado el carácter divino de Jesús, ahora nos enseña a través de su genealogía que era también un hombre de verdad. Mateo nos da la genealogía por Jose, pues es su título como el Cristo, el Mesías, el rey e hijo de David que es el tema en Mateo. Aquí en Lucas vemos “hijo, según se creía, de José…” pero es la genealogía de María que tenemos y en vez de empezar desde Abraham e ir para adelante, Lucas empieza con Eli (suegro de Jose) y sigue hacia atrás hasta Adán.
9 enero de 2022