Nuestro capítulo empieza con una descripción de la condición de la nación de Israel, bajo el imperio Romano de Tiberio Cesar, administrado por Pilato y los hermanos Herodes, Agripa y Felipe. Así vemos la triste verdad de la condición de un pueblo que declaraba en Juan 8:33 “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie.” Pero además de su condición degradada política, vemos que su condición religiosa era mucho peor. “Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás…” De los Hechos 5:17 aprendemos “el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos…” Dos sumo sacerdotes nunca era algo aprobado por la ley de Moisés. Aun peor, los saduceos eran prácticamente ateos. Negaron la resurrección, ángeles, y el espíritu del ser humano. ¡Y estos eran los lideres de la religión judía! ¿Estamos sorprendidos que solo eran los pastores de noche que fueron a buscar al niño Jesús por ver la visión de ángeles?
Por eso vemos al profeta Juan en el desierto y no en el templo en Jerusalén. “Vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.” No predicaba por su propia cuenta, sino por “palabra de Dios.” Su mensaje era muy diferente que los profetas anteriores, que exhortaban a la nación regresar a la ley y obediencia a los antiguos mandamientos. No, Juan predicaba un mensaje diferente, llamando al pueblo de Israel prepararse a recibir su Mesías, a través de “el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados.” Aprendemos algo aquí acerca del significado de bautismo; en una palabra, significa identificación con el simbolismo de muerte. Los Israelitas fueron identificados por el bautismo del mar Bermejo con Moisés, según 1 Corintios 10:2 “todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar.” Juan bautizaba en vista de arrepentimiento por separase de la nación casi apostata, identificándose como un remanente de judíos, separados de los religiosos de Jerusalén y esperando su Mesías. El bautismo cristiano, empezado por Pedro en Hechos 2, de igual manera identificaba los judíos arrepentidos de su pecado de haber rechazado a su Mesías, con el mismo Jesús, separándolos de “la generación perversa.” “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados… Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.” El arrepentimiento y pecado especifico era del rechazo y crucifixión de su Mesías y su bautismo mostraba su separación de la generación apostata que iban en pocos años a sufrir un juicio tremendo por los gentiles. Un juicio aun mas grande los espera después del arrebatamiento de los cristianos, judío y Gentile, que en nuestro día forman el cuerpo de Cristo aquí en la tierra.
Juan citaba a Isaías 40:3-5, añadiendo algo que solo vemos en Lucas y no en los otros tres evangelios. “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá.” La profecía anticipa el reino milenial del Cristo, algo postergado por el rechazo de la nación pero de todos modos la parte añadida en Lucas es “Y verá toda carne la salvación de Dios.” Así vemos el gentil Lucas escribiendo con gozo que él, junto con nosotros gentiles, iba a poder participar en la salvación de Dios pues “toda carne” iba más allá de la nación de Israel.
Juan Bautista predicaba la necesidad no solo del bautismo sino también “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento…” En el capítulo ya mencionado anteriormente de Juan 8, los judíos incrédulos dijeron a Jesús “Linaje de Abraham somos…” pero Juan descuenta esta jactancia, diciendo “No comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.” Gálatas nos dice “De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.” De las piedras muertas de los gentiles, Dios iba a levantar “hijos a Abraham” por la fe salvadora.
Juan también predicaba de la necesidad de sinceridad delante de Dios, Dios que juzga los intentos más íntimos del corazón. “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.” Esto predestinaba el árbol de Israel de la parábola de Lucas 13:6-9 “Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? El entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.” Estos tres años eran los años del ministerio del Señor Jesús. En el cuarto año, ¿producía algo de fruto? Pues, no, sino que crucificaron a su Mesías. El resultado era el árbol cortado como testimonio de Dios en el mundo, y los gentiles fueron injertados según Romanos 11:17 “Tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas.” Pero no olvidamos que viene el día glorioso que Israel tendrá una “plena restauración.” Romanos 11:11-12 “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” No seamos engañados por los que predican que la iglesia ha reemplazado a Israel.
No digo que Juan captaba todo esto. El dijo, negando por completo ser el Cristo “él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” No podía saber que habrá dos mil años entre los dos eventos; siendo la venida del Espíritu Santo por morar en la iglesia, formada de ambos judíos y gentiles, y el bautismo con fuego que es el juicio, aun en el futuro.
Continuamos Dios mediante la semana que viene.
2 enero de 2022