MEDITACIONES

de     F. F.

Lucas 2, parte 2: Jesús como niño y joven


Léase por favor Lucas 2:22-52


Considerábamos brevemente la semana pasada el pequeño remanente de Israel que estaban anticipando la venida del Mesías. Consideramos ahora a estos dos fieles en el templo un poco más, Simeón y Ana. La profecía de Simeón declarado a María, más allá de sus palabras de alabanza, anticipaba bastante acerca del futuro de este niño, referente a la nación de Israel. “Y los bendijo Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, éste está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.” Así Simeón anticipaba que “la gloria de tu pueblo Israel” iba a ser algo postergado y acaso por eso Simeón estaba listo a partir. Anticipaba el rechazo del Mesías y la angustia de María (llevado a cabo al lado de la cruz) y algo notable en el evangelio de Lucas; los pensamientos de muchos corazones revelados. Veremos, Dios mediante, los que recibieron la bendición por fe y pura gracia en contraste con los que pensaban recibir la bendición de Dios por su deber; “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres…” “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.” Lucas 18:9-14

Vemos a Ana, una mujer muy anciana, que había sufrido como viuda por tantos años de su vida, no por casualidad entró en el templo en aquel instante para ver al niño Jesús y glorificar a Dios. Pero no solo eso, sino “hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.” Vemos en esto dos cosas; primero, que esta viuda conocía al pequeño remanente de fe en Jerusalén. Segundo, que era un grupo pequeño. No había una mayoría de Israel, sino unos pocos. La gran mayoría eran personas sin fe, como Moisés dijo en Deuteronomio 32:20 “Porque son una generación perversa, hijos infieles.”

Aunque poco sabemos del carpintero Jose, vemos que cinco veces en el capítulo se menciona “conforme al rito de la ley” o algo semejante, dándonos de entender que Jose era un judío piadoso, obediente y sumiso a la palabra de Dios.

Lo resto del capítulo trata con un poquito de la niñez de Jesús. Leemos un solo versículo de su desarrollo; “El niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.” Físicamente, “el niño crecía y se fortalecía.” Mentalmente, “se llenaba de sabiduría.” Espiritualmente, “la gracia de Dios era sobre él.” Se sabe que crecía y desarrollaba como cualquier otro niño, pero sin pecado.

Vemos a la familia yendo al templo, otra vez en obediencia “conforme a la costumbre de la fiesta” (de la pascua.) Su madre María y Jose se fueron a casa, “pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día.” Duraron tres días buscándolo, que forma quizás un ejemplo por nosotros en nuestras vidas; tengamos cuidado de no desviarnos de la senda de fe, caminando con el Señor Jesús, pues puede ser difícil volver. Al encontrarlo, es interesante ver que lo encontraron justo donde lo dejaron; en el templo, otra vez recordándonos que es importante reconocer el punto de partida si hemos desviado. Con doce años, vemos al joven Jesús respetando a los doctores de la ley “oyéndoles y preguntándoles.” De que preguntaba no sabemos pero vemos que “todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.” Hay un corito de la navidad que en ingles dice algo así “no sabías quién eras.” Pero vemos aquí que Jesús sabía muy bien quien era. Contestando a la reprensión de María “Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia” vemos claramente su entendimiento; “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” “Mi Padre” aquí, obviamente no refiere a Jose, a pesar del error de María decir “tu padre y yo.” Pero no era su tiempo de ministerio todavía, así que leemos “descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos.”

Quiero terminar un poco fuera del tema, pero algo relacionado, a través de la pregunta de una hermana sobre la escritura en Zacarias 12:10-12 y Apocalipsis 1:7. Simeón profetizaba de la “gloria de tu pueblo Israel.” Antes de esa gloria, en un día futuro durante la tribulación, después de la venida del Señor por nosotros, va a haber un arrepentimiento profundo del remanente de fieles de Judá por haber crucificado a su Mesías. “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” Pero en Apocalipsis vemos otra clase de lágrimas, lágrimas de miedo por el juicio cayendo sobre ellos. “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.” Estos no son lágrimas de arrepentimiento, sino de remordimiento por estar bajo el juicio del que traspasaron, que ahora ha vuelto como su juez. “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió… y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.” Juan 5:21-27

Felipe Fournier
26 diciembre de 2021