Notamos brevemente la semana pasada algo sobre la alabanza de María acerca de “Dios mi Salvador”, dando la mentira a la doctrina católica que María era nacida sin mancha, una persona santa. En Lucas 1 tenemos tres alabanzas que se puede decir que son doxologías, o sea, expresiones seguidas en las escrituras de alabanzas espontáneas. En el nuevo testamento, proceden de almas entendidas a cierto nivel de lo que Dios está haciendo. En el antiguo testamento, muchas veces los profetas quedaban ignorantes de las glorias de que profetizaban, pues, aunque eran inspirados por el Espíritu Santo de escribir, en sus almas no entendían los misterios que nos son revelados en el nuevo testamento. (Eso nos explica Pedro en su primera epístola capítulo 1, versos 10-12; “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.”)
Las doxologías de Elisabet, María, y Zacarias son distintas y bellas cada una en sí, pero esta semana queremos meditar en lo que decía Zacarias, su boca abierta en la fe, después de ser cerrada por la incredulidad. Zacarias nos presenta un pequeño prototipo de la nación de Israel en su estado presente, incrédulos acerca del Mesías, pero en un día futuro un remanente de la nación, con fe en Jesús como su Mesías, van a tener sus bocas abiertas de alabanzas a Dios por haberlos redimido por poder y gracia. Zacarias no habla de la redención por sangre, lo que nosotros disfrutamos ahora mismo por la muerte del Señor Jesús en la cruz. En su profecía, Zacarias no distingue entre la primera y la segunda venida del Señor Jesús, y como se nota a menudo, habla como si fuera una cosa ya hecha. Tenemos el ejemplo de las promesas hechas a Abraham en Romanos 4:17 “(Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.” Solo Dios puede decir tales cosas, el Dios que no es limitado por tiempos como nosotros, seres humanos, quienes tenemos que pensar como en el pasado, el presente, y el futuro.
Se nota de mayor interés que Zacarias muy poco hablaba de su hijo, Juan. Así vemos como el Espíritu de Dios siempre ha tenido el interés de los cielos enfocado en las glorias del bendito Hijo de Dios. Vale la pena de citar todas las palabras de su profecía justo aquí; “Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, que nos había de conceder Que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz.”
Es bien notable en toda su profecía, se ve lo que es revelado en el evangelio de Lucas desde el principio hasta el fin que la venida del Señor Jesús, hijo del hombre e Hijo de Dios, traía la gracia al hombre perdido a causa de su estado de pecador y sus hechos de pecado. ¿Dónde en toda la profecía se nota algo de cumplir su deber de guardar la ley el pueblo de Israel? Pues, nada, porque fue abundantemente manifestado que, bajo la ley, nada más había un fracaso total. Así que Zacarias, igual con María, habla de la visita y redención de Israel a través de la misericordia y cumplimiento de las promesas de Dios, el juramento hecho a Abraham. Y así todo el nuevo testamento testifica que la salvación, sea por nosotros gentiles o por la nación de Israel en el día futuro es por la gracia y la fe que acepta, en vez de las obras de la ley.
Lo poco que Zacarias hablaba de su hijo Juan tenía que ver con su trabajo de testificar de la venida del Mesías inminente y la necesidad de buscar arrepentimiento, reconociendo sus pecados. Eso fue, como sabemos, por el acto de tomar bautismo. Pero de una vez, después de profetizar de lo que iba a hacer su hijo Juan, vuelve Zacarias al tema de la venida desde lo alto de “la aurora.” Eso es, la venida de la mañana, el amanecer o nacimiento del sol. Pero el sol sale de la tierra para arriba (o por lo menos así lo vemos.) Este amanecer, en cambio, iba a ser de lo alto para abajo, al revés. Y así fue por nosotros, pues la venida de Cristo a este mundo de lo alto para abajo era una mañana gloriosa para este mundo, uno de siete mañanas (tema quizás para otro estudio.) Anticipa la mañana aun futura que David llama “la mañana sin nubes” 2 Samuel 23:4 “Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes.”
El capítulo termina con el crecimiento de Juan sin los lujos de la vida, en el desierto, anticipando la vida difícil del remanente de Israel antes de la segunda venida de Cristo, la manifestación esperada, gloriosamente revelada por su padre Zacarias.
12 diciembre de 2021