Pensaba terminar con el libro de Nehemías esta semana, esperando que mis oyentes y lectores me den sugerencias acerca del futuro y que debemos estudiar, si nuestro Señor Jesucristo no viene antes.
El libro de Nehemías nos ocupa principalmente con la obra de Dios a través de un hombre común. Antes Dios había usado a un hijo de David (Zorobabel), dos profetas (Hageo y Zacarias), y un sacerdote (Esdras). Pero en el transcurso de la senda hacia abajo que siempre se ve en el ser humano después de cualquier reavivamiento, vemos a Dios usando quien quiere y había en Nehemías un vivo deseo por la bendición del pueblo de Israel.
Viviendo y sirviendo al rey Artajerjes, en el primer capítulo Nehemías escuchaba la triste historia. “Me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.” Nehemías 1:3 Se dedicaba a la oración y arrepentimiento, mientas peticiones que pudiera ser ayudado a pesar de ser copero del rey de Persia.
En el capítulo 2, el rey, viendo su semblante triste, le preguntaba el porque y Nehemías, después de una oración ferviente hecho en unos segundos pedía del rey permiso para irse a Jerusalén a reconstruir sus muros y puertas. Recibió el permiso y fue con una guardia. Llegando, salía de noche para ver la triste escena de destrucción y de una vez empezaba la oposición de los viejos enemigos, amonitas, moabitas y árabes. Pero había animo al principio “Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos.”
En el capítulo 3 la obra empezaba y continuaba con la ayuda de muchos, algunos con buen ánimo, y otros con menos fervor pero Dios ayudando y notando a cada cual.
En el capítulo 4 la oposición crecía, tal que los enemigos amenazaban. “¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas? Y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará.” Nehemías 4:2-3 El pueblo se armaron y continuaba el trabajo.
En el capítulo 5 Nehemías, de su poder como gobernador, ayudaba a los pobres y amonestaba a sus hermanos ricos de hacer lo mismo, aparentemente con éxito por el momento.
En el capítulo 6, los enemigos usaban otras taticas, tratando de enredar y atrapar el gobernador, y todo para distraerlo de su buen trabajo, pero sin éxito y el muro iba por terminarse.
En el capítulo 7, se hace un resumen de la historia de la vuelta de la cautividad y los nombres otra vez mencionados, pues la genealogía era una cosa de mucha importancia a los judíos.
En el capítulo 8, otra vez viene a nuestra atención el sacerdote Esdras con su lectura de la palabra de Dios públicamente y con el resultado que se conmovían muchos por escuchar que tan lejos habían caído de la obediencia a la palabra. Pero eran animados de regocijar en Jehová. “Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.” Nehemías 8:10
En el capítulo 9, había un vivo deseo de arrepentirse delante de Jehová y hacer votos por no retroceder otra vez para atrás. Recontaban las muchas misericordias de Jehová por los años desde que salieron de Egipto y confesaban la grandeza de la bondad de Dios hacia ellos a pesar de su desobediencia. Con un celo por no volver a hacer los mismos errores de sus padres, hacían su voto “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes.”
En el capítulo 10 se nota los que hicieron el voto y sus promesas de apoyar la casa de Dios y su adoración, palabras sinceras, pero vanas por la flaqueza humana.
En el capítulo 11, notábamos a los que moraron en Jerusalén, cerca de la casa de Dios y su adoración y como el pueblo bendecía a los que se ofrecían voluntariamente a vivir en Jerusalén.
En el capítulo 12, dedicaron el muro con mucho ánimo, celebrando por primera vez en mucho tiempo la fiesta de los tabernáculos, según la ley de Moisés.
El libro termina hablándonos de una pausa cuando Nehemías regresaba a Babilonia por mandato de rey, y al regresar, encontraba que no había continuado en su voto, sino había hecho alianzas feas con los enemigos. Nehemías contendía con todas sus fuerzas, tratando de corregir todo lo que había sucedido y tenía éxito por algún tiempo. Tres veces en el capítulo 13, Nehemías brotaba en oración a su Dios, pidiendo sus misericordias, y el libro termina con esta oración “Acuérdate de mí, Dios mío, para bien.”
El tema del libro es la obra soberanía de Jehová, haciendo y produciendo un reavivamiento por un hombre común con un corazón aferrado a su Dios, y produciendo, aunque brevemente, bastantes cambios y éxitos entre el pueblo de Dios y a favor de la adoración de Jehová, aunque siempre bajo oposición fuerte, a veces abiertamente y a veces por medidas mas sutiles, pero siempre con el propósito de tropezar y distraer el pueblo de Dios. Hermanos, estamos en tiempos semejantes. ¡Ojalá que hay en nosotros fuerzas para sobrepasar la oposición y desanimo para ser fieles siervos del Señor Jesucristo como Nehemías y Esdras, pues vivimos igualmente en un día de mucha debilidad y ruina!
7 noviembre de 2021