“Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas.” Zacarias 3:1-5
“Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar…” Zacarias 3:6-7
“Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos arreglaron y levantaron sus puertas…” Nehemías 3:1
Eliasib era nieto del sumo sacerdote Josué, de quien hablaba la profecía de Zacarias, mencionado arriba. Hecho un sacerdote purificado de sus vestiduras viles por la misericordia de Dios, es amonestado continuar en las ordenanzas de Jehová y así iba a poder continuar con el privilegio de su elevada posición. Parece que su nieto Eliasib empezaba muy bien en los tiempos del animo provocado por la venida de Nehemías, pues trabajaba en la puerta de las Ovejas, dándonos la idea que ayudaba mucho en cuidado del pueblo de Dios. Pero el hombre en la responsabilidad siempre es un fracaso.
¿Se acuerda de los dos enemigos de Israel, Sanbalat y Tobías? Ellos eran los que siempre trataron de impedir y desanimar a Nehemías. En el capítulo 2 leemos “Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.… Pero cuanto lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?” Podemos citar más versículos, pero acaso sean suficientes estos que nos da de entender que estos dos eran muy enemigos de Nehemías y su obra de beneficio al pueblo de Dios. ¿Qué tiene que ver entonces con Eliasib? Bueno, el capítulo 13 nos da noticias muy tristes acerca de este hombre que empezaba bien. Verso 7 nos dice “entonces supe del mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios.”
Vamos a pintar la escena como por los ojos de Nehemías. Había trabajado duro por 13 años en la construcción del muro y su dedicación, poniendo todo en orden según la ley de Moisés. Pero como hemos notado antes, no fueron librados los hijos de Israel de la servidumbre al rey de Babilonia. Nehemías había sido llamado a la capital para un servicio, acaso por un año. Pero por fin volvió, y llegando al templo para ver como iba el servicio, veía un desastre. En el lugar donde antes guardaban los sacrificios e instrumentos de adoración del templo, allí veía que Eliasib había preparado una cámara para el mismo Tobias, enemigo del pueblo de Dios. “Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías, y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas… que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes.” Además, Nehemías nota que los Levitas no aparecía ninguno trabajando en el servicio del templo. ¿Por qué? “Encontré asimismo que las porciones para los levitas no les habían sido dadas, y que los levitas y cantores que hacían el servicio habían huido cada uno a su heredad.”
Podemos acaso imaginar el desanimo de Nehemías. Todo su trabajo parecía inútil. ¡El mismo enemigo del pueblo de Dios se había dado el bienvenido justo al lado del templo! ¡Y eso a través del gran sacerdote Eliasib! ¿Cómo iba a poder continuar bajo tales circunstancias?
Bueno, mis amados hermanos, yo he visto como algunos, al ver a menudo las fallas de sus hermanos, han decidido no continuar, y así han abandonado la mesa del Señor. Yo no digo que no ha habido fallas y a veces graves entre los hermanos que tienen el liderazgo, como aquí el gran sacerdote Eliasib, quien debería haber puesto el buen ejemplo, y en vez de eso se aliaba con los enemigos. Pero que buen ejemplo tenemos en Nehemías, que no se desanimó, aunque sin duda estaba muy decepcionado y atribulado por la ruina de su duro trabajo. Sus palabras de oración a Jehová nos dejan pensar que sentía profundamente la desaprobación de los a quienes intentaba corregir. “Acuérdate de mí, oh Dios, en orden a esto, y no borres mis misericordias que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio.”
Continuamos con este capítulo, Dios mediante, la semana que viene.
24 octubre de 2021