MEDITACIONES

de     F. F.

Nehemías, y la purificación y adoración durante la dedicación del muro de Jerusalén


Léase por favor Nehemías 12


“Jesúa engendró a Joiacim, y Joiacim engendró a Eliasib, y Eliasib engendró a Joiada.”

“Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías.” Nehemías 13:4

“Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb.” 1 Samuel 25:3

En el principio de nuestro capítulo vemos el linaje o genealogía de los que celebraron en nuestro capítulo una ceremonia de dedicación del muro de Jerusalén. Una cosa me ocurre acerca de esta celebración y lo que ocurrió antes acerca de Eliasib el sacerdote y me hace pensar de Nabal en los días de David. Eliasib era nieto del sacerdote fiel Jesúa que trabajaba con Zorobabel en la construcción del templo después de haber vuelto de Babilonia. Nabal era descendiente del hombre tan fiel, Caleb, quien permanecía fiel a Jehová con su amigo Josue cuando casi todo el mundo rebelaba al oír las noticias de los gigantes en la tierra de Canaán. (Véase Números 13 y 14 para leer la historia triste.) Pero se ve que, aunque es una bendición tener padres y abuelos que son personas de grande fe, no es una garantía de fe personal. Acaso había arrepentimiento de Eliasib por su acuerdo y compañerismo con un enemigo como Tobías amonita y por eso se menciona aquí en nuestro capítulo. Con Nabal, no había y murió por su actitud de rechazo del rey David en los días de Saul, rey desobediente.

Volviendo brevemente al capítulo anterior; “El resto del pueblo echó suertes para traer uno de diez que morase en Jerusalén, ciudad santa.” Ya hablamos de este versículo en el capítulo 11, y esta semana nuestro tema es el capítulo 12, pero quería notar como se nombra Jerusalén como “ciudad santa.” Hemos visto, y Dios mediante veremos aún más en el capítulo 13, que había mucho que lamentar entre el pueblo que moraba en Jerusalén y sus alrededores. Pero aun así la ciudad se nombra “ciudad santa.” El punto de vista es el punto de vista de Jehová y así vemos también como la asamblea se ve en Efesios, “Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella, … para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.” Cuantas gracias damos al Señor que nuestra santidad es a través de la obra de Cristo en la cruz y así nos ve “santa y sin mancha.” Nos llena de gozo contemplando las palabras de Apocalipsis 21:10-11 “Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios.” Nosotros, que éramos en otro tiempo “destituidos de la gloria de Dios”, ahora tenemos la gloria de Dios. ¡Qué cambio tan grande, y afectado totalmente a través de la obra de la cruz!

Volviendo al capítulo 12, en la dedicación del muro, había dos grupos de cantores que iban a caminar alrededor de la ciudad, un grupo hacia el norte y otro grupo hacia el sur, hasta que se encontraron en el otro lado de la ciudad cerca de la puerta de las Aguas. Se nota en el verso 36 “sus hermanos Semaías, y Azarael, Milalai, Gilalai, Maai, Nathanael, Judá y Hanani, con los instrumentos músicos de David varón de Dios; y Esdras escriba, delante de ellos.” Este siervo de Dios, Esdras, se había menguado para dejar el liderazgo a Nehemías mayormente en este libro, pero hemos visto como él salió de frente en la lectura de la palabra en el capítulo 8, y aquí en nuestro capítulo, se nota que Esdras otra vez se ve como líder del pueblo en la adoración. Nehemías era el líder del otro grupo, aunque se nota que iba atrás y no adelante. “Y el segundo coro iba del lado opuesto, y yo en pos de él, con la mitad del pueblo sobre el muro, desde la torre de los Hornos hasta el muro ancho.” Pienso que aquí vemos algo de mucha instrucción para que hermanos anden juntos y sin envidias en la asamblea. En su tiempo Esdras había tomado el liderazgo acerca de la adoración en el templo después de su construcción. Pero en la construcción del muro de Jerusalén, Jehová vio bien usar a otro, eso era Nehemías. ¡Qué bueno es cuando es así en la asamblea, cada uno entiende su lugar y menguándose para el beneficio de la asamblea, cuando el Señor quiere usar otro alguien!

Quiero terminar hoy notando que antes de la adoración, era necesario la purificación. “Y se purificaron los sacerdotes y los levitas; y purificaron al pueblo…” verso 30. David, quizás, entendía algo de esto. Salmo 51:2 empieza con “Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” y termina con “oh Dios, Dios de mi salvación; cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza … Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.” A nosotros como cristianos redimidos por gracia nos toca el verso 1 de Romanos 12; “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Es importante que hacemos la confesión de pecados antes de venir a la adoración del Señor. “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.” 1 Corintios 11:27

Continuamos Dios mediante la semana que viene con algo más de este capítulo.

Felipe Fournier
10 octubre de 2021