“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado á ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios … acerca de su Hijo … de Jesucristo Señor nuestro, por el cual recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia de la fe en todas las naciones en su nombre…” Romanos 1:1-5 (versión antigua RV 1909)
“Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.” Hebreos 4:2
Quería notar especialmente esta expresión “la obediencia de la fe” comparado con la expresión en Hebreos 4:2 “no ir acompañada de fe.” Hemos notado como el pueblo de Israel se juntaron para escuchar la palabra de Dios, leído por Esdras el sacerdote fiel, y como habían entristecidos al principio con lágrimas, reconociendo su pecado y falta de obediencia, y después, regocijaron según la amonestación de Nehemías y Esdras. Pero en nuestro capítulo 9, en el ejercicio de la fe por escuchar la palabra de Dios, sucede una obra más profunda de arrepentimiento, que siempre va a suceder si va a haber provecho en oír la palabra de Dios. “El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí. Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres.” Esto era la obediencia de la fe pues anteriormente caminaron con poco ejercicio con “todos los extranjeros.” Apartaron, pues, de las malas influencias por el momento. En su tiempo habían regocijado en “el gozo de Jehová.” Pero ya ha habido una obra en sus corazones de reflexionar sobre un pasado triste, un pasado de que recién habían leído o por lo menos escuchado leerse. Se juntaron en oración para confesar sus pecados delante de Jehová.
Lo que sigue en el capítulo es de suma interés. Recuentan en su oración un resumen de la historia de Israel, poniendo en contraste la benignidad de Jehová con la desobediencia del pueblo de Israel. Espero que cada uno lee el capítulo para sí mismo, pero aquí un ejemplo de los versos 15-17; “Les diste pan del cielo en su hambre, y en su sed les sacaste aguas de la peña; y les dijiste que entrasen a poseer la tierra, por la cual alzaste tu mano y juraste que se la darías. Mas ellos y nuestros padres fueron soberbios, y endurecieron su cerviz, y no escucharon tus mandamientos. No quisieron oír, ni se acordaron de tus maravillas que habías hecho con ellos; antes endurecieron su cerviz, y en su rebelión pensaron poner caudillo para volverse a su servidumbre.” Imagino que era muy humillante repetir estas palabras en voz alta. ¿Ha notado usted, leyendo las historias que escriben de héroes y personas famosas en la historia de su país, como normalmente no hablan mucho de sus fallas y flaquezas? Pero aquí no esconden nada. Justifican a Dios y condenan a si mismo, sin hacer excusas. En esto vemos un arrepentimiento de verdad.
Para mí, los versos 19 y 20 tienen expresiones de un pueblo maravillado. “Tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir.” ¿Quién menos el soberano Dios puede o podía comportarse en manera semejante? Ellos se dan cuenta, como algo que por fin se les ocurrió entre tanto que oraron.
Ellos reconocen que las misericordias de Dios una y otra vez se les habían sido mostrado, y siempre la reacción del pueblo había sido para volver a sus maldades. “Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de ti.” Me acuerdo bien de algo que un hermano nos dijo, comentando sobre la pregunta de Pedro en Mateo 18:21 “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Sin duda Pedro pensaba que era mucho perdonar siete veces, pero el Señor tenía otra respuesta. “Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” El hermano nos dijo así, que ¿cuántas veces hemos nosotros vuelto al Señor, después de haber cometido el mismo pecado ya por docenas o quizás miles de veces, y estamos confesando y buscando perdón de nuevo? Entonces, ¿cómo no vamos a perdonar a nuestros hermanos? Pienso que estos judíos se dieron cuenta, al orar así, que Jehová había mostrado tanta paciencia para con ellos.
Además, confiesan del estado actual en que se encuentran, rogando a Jehová nuevas misericordias. “Ahora pues, Dios nuestro … no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado … a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día… He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien. Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad, y estamos en grande angustia.” Eran pobres pues su trabajo era para el beneficio de otros, siendo ellos siervos de los gentiles.
Notaremos más adelante, Dios mediante, como pensaban arreglar su condición por hacer nuevos votos de santidad. ¡Cuánto mejor hubiera sido por ellos descansar en la misericordia y gracia de Dios, que había sido su refugio siempre en los tiempos pasados!
19 septiembre de 2021