“Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado.” 1 Corintios 14:16-17
“Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra… Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.”
¡Que palabra de instrucción por nosotros en el día de hoy! ¿Qué tan a menudo pensamos del “simple oyente” cuando abrimos la boca en la asamblea? Hace varios años mi papa me hizo una petición que pienso que era muy bueno; me pidió que cuando oraba, que me levantara la cabeza de boca abajo para ponerme de boca hacia arriba y hablar claramente para que los demás pudiesen aprovechar. Era algo simple y yo, por descuido, había olvidado o simplemente no pensado de hablar y orar con el fin de la edificación de los demás, como nos enseña en 1 Corintios 14. Otra cosa que voy a añadir; en el tiempo de nuestro capítulo en Nehemías, a lo mejor el único que tenía el libro de la ley era Esdras. Los demás eran oyentes sin poder revisar las palabras, cada uno en su propia Biblia. Ahora, siendo que casi todo el mundo tiene su Biblia, y algunos tienen su Biblia bilingüe, vale la pena cuando decimos la referencia, esperar antes de leer mientras los demás van buscando. Eso para mi es especialmente importante cuando hay oyentes que no conocen muy bien sus Biblias. Noto que muchos hermanos dicen la referencia y porque ellos ya están en el sitio con sus Biblias, van leyendo de una vez, sin dar tiempo para los oyentes encontrar su lugar en su Biblia. “Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación…” Hebreos 13:22
Creo que en este capítulo llegamos al punto mas elevado en todo el libro de Nehemías. Hemos leído de las batallas que tuvo Nehemías con los enemigos afuera, y recién en el capítulo 6 leemos como algunos del pueblo judío también estaban aliados con Tobías, el enemigo del pueblo de Israel. Pero en nuestro capítulo aquí leemos algo muy animoso. “Y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.” ¡Que animoso es ver que era el deseo de este pueblo, tan caprichoso y desobediente a menudo, pero aquí pidiendo la lectura de la palabra de Dios! Muy interesante es este acontecimiento de la lectura pública y en voz alta de la palabra de Dios, sin duda de los cinco libros de Moisés, de Génesis a Deuteronomio.
¿En qué parte leyeron? No sabemos con certeza, pero hubo tiempo para leer bastante, pues dice “Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía,” que para mí quiere decir quizás seis horas. Se nota también acerca de los oyentes “en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender.” Eso de “todos los que podían entender” me da de pensar que incluía a jóvenes y niños que eran capaces de entender. Nosotros nos ponemos nerviosos o cansados después de una hora u hora y media de reunión de la lectura bíblica, pero esta compañía no se cansó de escuchar. Acaso había sido muchos años o quizás la primera vez por algunos oír la palabra de Dios, y suponemos que algunos no entendieron las palabras, pues les faltaban el conocimiento del idioma antiguo, el hebreo. “… los levitas … hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar.”
“Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.” Como mencioné arriba, pienso que mayormente aquí se refiere de la traducción de la lectura a los idiomas entendidos por los judíos que habían nacido en diversas naciones. Pero creo que es una palabra de exhortación por nosotros que enseñamos la palabra en la asamblea. Como el apóstol Pablo nos enseña en 1 Corintios 14:9 “Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.” Así que hermanos, si ministramos la palabra debe de ser algo entendible para que haya provecho en la asamblea. Vemos aquí en Nehemías que así era. La palabra tenía su afecto en ellos pues “todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley.” ¿Por qué lloraron? Bueno, no sé con certeza, pero tengo pensado que se dieron cuenta de su pecado de haber sido negligentes de la palabra de Dios tantos años, descuidando la celebración de las fiestas y la pascua. Como en el tiempo del rey Josías, cuando encontraron el libro de la ley que se había perdido totalmente durante el reino largo y malo del rey Manasés, el piadoso Josías dijo “Id y preguntad a Jehová por mí, y por el pueblo, y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que se ha hallado; porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue escrito.” 2 Reyes 22:13 Me hace recordar también de un compañero de mi trabajo hace más que cuarenta años quien empezó de leer mi Biblia en el lugar de trabajo. Me dijo después de varios días “No me di cuenta de que clase de pecador era yo, antes de leer este libro.”
Pero después de las lágrimas, la palabra de ánimo era “Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza.” ¿Qué era el gozo de Jehová? Por ellos pienso que era el gozo que tenía Jehová viendo su arrepentimiento y viendo su pueblo en su lugar, en la tierra antigua, obedientes a la palabra de Dios. Por nosotros, gozamos en el gozo que Dios tiene en su hijo obediente, el Señor Jesucristo. Además, gozamos en el gozo que Dios tiene en su pueblo, nosotros, sus hijos redimidos por la sangre de su precioso hijo. Muchas veces he meditado como el libro de Jonás nos enseña como Jehová quiso que Jonás regocijara en el gozo de Jehová de mostrar misericordia a los arrepentidos en Nínive.
“Enviad porciones a los que no tienen nada preparado.” ¿Recordamos del capítulo 5 de este mismo libro? “Reprendí a los nobles y a los oficiales, y les dije: ¿Exigís interés cada uno a vuestros hermanos?” Los hombres ricos en aquel entonces aprovecharon de la pobreza y servidumbre de sus hermanos, pero aquí vemos otra cosa tanto más animosa. “Todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.” Qué bueno es si nosotros, después de asistir a una conferencia bíblica, por ejemplo, tenemos el ánimo de regresar a nuestras asambleas y compartir lo que hemos escuchado y aprovechado. Claro que puede ser el compartir de cosas prácticas también, de comida o de otra necesidad, pero sobre todo “recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.” Hechos 20:35
29 agosto de 2021