“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro.”
Así empieza este último capítulo de nuestro libro Daniel. El “tiempo de angustia” es lo mismo de que hablaba el Señor Jesús en Mateo 24:21 “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.” Cuando se habla de la gran tribulación, es cuestión de los últimos tres años y medio de la setenta semana de Daniel. En nuestro capítulo menciona varias cosas que serán eventos de juicio por la nación apostata de Israel. Pero a la vez, Dios estará obrando para la preservación del remanente fiel de Israel, del cual los discípulos de Jesús eran un prototipo. Por eso el Señor Jesús, hablando a sus discípulos, les hablaba de estos tiempos que aun ahora no han llegado, y no llegarán hasta después de la venida del Señor en el arrebatamiento.
Desvío por unos momentos para hablar sobre este tema, tan importante por nosotros cristianos en el día de la gracia, y muy atacado de muchos en la profesión cristiana y, desgraciadamente, por algunos que una vez profesaron congregarse al solo nombre del Señor Jesús. El punto de tropiezo parece ser encontrado en Hebreos 9:27-28; “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” La expresión “por segunda vez” ha dado la idea a algunos, que nosotros, que separamos el arrebatamiento de la manifestación de Cristo a su pueblo para su salvación, hablamos de tres venidas; la primera, cuando Cristo vino como un bebe en Belén, la segunda en el arrebatamiento, y la tercera cuando Cristo viene en su manifestación. En sí, tienen razón; son tres venidas. Pero prestando una explicación del hermano Roberto Thonney, supongamos que el presidente de una nación está visitando a otra nación. Llegando al aeropuerto, va a haber ciertos oficiales de importancia que dan la bienvenida al presidente. Pero después, cuando ya ha llegado al palacio presidencial del país de visita, hay una recepción oficial donde se presente el presidente a todo el mundo en una ceremonia. Nadie diría que haya venido el presidente dos veces; solo que había dos eventos separados por un espacio de tiempo en su venida.
Así podemos pensar de lo que quiere decir “por segunda vez.” Son dos eventos separados por lo menos por siete años de la setenta semana de Daniel. (Digo, por lo menos porque no sabemos si hay una pausa después del arrebatamiento hasta que los eventos profetizados en Apocalipsis 6 empiecen a suceder.) Se habla de “la segunda venida” del Señor Jesús y a veces no se distingue de cuál de estos eventos se habla. Pero es bastante claro en la escritura en muchos lugares, sobre todo en 1 y 2 de Tesalonicenses, que estas venidas son distintas. Por ejemplo, el verso 3 en nuestro capítulo refiere a un tiempo de resurrección. “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.” Pero esto no puede ser la resurrección de “los muertos en Cristo.” Las enseñanzas del apóstol Pablo a los Tesalonicenses eran para corregir mala doctrina de aquel entonces, que los que murieron ya no iban a ver a Cristo en su venida. “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza… Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero…” Así eran palabras de consuelo a los santos, cuyos seres queridos ya habían fallecido, que iban a ser los primeros resucitados en la venida del Señor Jesús que llamamos el arrebatamiento, por el resto de 1 Tesalonicenses 4. “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”
Esta venida se conoce por su cercanía inmediata por los creyentes. Se ve de una vez la gran diferencia en el capítulo 5 de 1 Tesalonicenses. “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.” Los Tesalonicenses SI ignoraban el arrebatamiento y la resurrección de “los muertos en Cristo”. NO eran ignorantes de la profecía de Daniel. Por eso, el apóstol les dijo “vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche…” De su venida en juicio, si entendían. De lo que el libro de Tito llama “la esperanza bienaventurada” (Tito 2:13) es la esperanza diaria de cada creyente (y lo que NO entendían los Tesalonicenses.) Lo que sigue en Tito 2:13 “La manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo…” refiere a la venida del Señor Jesús en juicio pero con salvación al pueblo de Daniel. “Pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo” de nuestro capítulo habla de aquel tiempo, muy distinto del arrebatamiento de la iglesia. Los que confunden estos dos eventos también confundan a la iglesia, pueblo celestial, con Israel, pueblo terrenal. El verso 9 de 1 Tesalonicenses lo expresa muy claro. “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.” La salvación de que se habla es la salvación de nuestros cuerpos de este mundo de miseria, a través del arrebatamiento. Después, vendrá la ira y el cumplimiento de las profecías de Daniel, referente al mundo de la iglesia falsa, los reyes del norte y del sur, y la nación apóstata de Israel. No hay evento profético que tiene que suceder antes que Cristo venga por nosotros.
Continuaremos un poco más, Dios mediante, la semana que viene sobre este capítulo 12 de Daniel para terminar con ello.
7 febrero de 2021