Es con un poco de miedo empiezo de escribir sobre este capítulo, consciente de mi ignorancia en cuanto la profecía. Confieso un descuido de este tema que incluye muchos capítulos en la Biblia. Pero en mi debilidad, voy a intentar abrir un poco por ustedes los puntos destacados de nuestro capítulo siete de Daniel.
“En el primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño, y relató lo principal del asunto.”
Por este versículo sabemos que el sueño de Daniel, relatado en este capítulo, sucedió antes de los acontecimientos del capítulo cinco, donde vemos la caída y fin del primer reino indicado en nuestro capítulo y también en los sueños de Nabucodonosor anteriormente. Daniel está en oscuridad pues Belsasar ni lo conocía quien era. Pero Daniel, distante de las maquinaciones del mundo, está en comunión con los cielos y no dudamos que estaba totalmente contento con esta posición.
En el sueño de Nabucodonosor, el primer reino tenía el aspecto de la cabeza de oro. Aquí vemos otro aspecto; “La primera era como león, y tenía alas de águila.” Pero antes vemos la ilustración del mar. “Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar.” Vemos el mar en varios lugares como en Apocalipsis 17:1 como figura de la multitud de humanidad, pero en la confusión de incredulidad tan común en nuestro día, pero aún peor en el día venidero. “Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas.” Acaso allí vemos el poder político de la iglesia católica de Roma controlando los pueblos gentiles que rechazaban el evangelio de la gracia. “Los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar” vemos indudablemente el poder de Satanás luchando por robar las almas, lo que está pasando en el día de hoy. Que no olvidemos que Satanás es el dios y príncipe de este mundo hoy en día. “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” 2 Corintios 4:3-4 ¡Que benditos somos nosotros que la luz del evangelio de la gloria de Cristo haya resplandecido en nuestros corazones por la gracia!
Hay una sugerencia en el verso 4 que toca la humillación del león, Nabucodonosor, del capítulo 4 de nuestro libro. Después, se menciona los otros tres animales que incluyen el oso y después el leopardo que son semejanzas de los imperios de Medio/Persia y del Griego Alejandro el grande. Después viene otra bestia que no se compara con ninguna bestia del mundo salvaje. “La cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba…” Nos enseña los hermanos dotados en la profecía que va a ser el imperio Romano revivido. Esta bestia creo que es la misma que tenemos en Apocalipsis 13:1 “Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas.” Pero siguiendo adelante vemos que hay cuernos que dividen el poder al principio, pero son eliminados por el pequeño cuerno. “Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas.”
Entre todas estas cosas espantosas, vemos como Daniel podía contemplar tras la escena del hombre en su poder, algo más que lo podía tranquilizar, y algo que a nosotros también nos debe tranquilizar. “Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.” O hermanos, no olvidemos esto; “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” Juan 5:22-23 El rio de fuego habla del juicio en palabras muy claras. El cuerno tiene grandes palabras, pero la última palabra no va a ser la suya. “Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego.”
El Anciano de días indudablemente nos habla del Dios omnipotente en tres personas. Pero el capítulo no termina allí, sino nos habla de otro que Daniel nunca pudo haber conocido, pero nosotros sí, el mismo “hijo del hombre” nuestro amado Señor Jesucristo. “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” Como hemos mencionado antes, “así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré.” Ezequiel 21:26-27
A Daniel fue explicado la visión desde verso 16 para adelante. Hay algo muy importante que ha sido verdad desde los siglos pasados. “Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino.” Hay santos que son vencidos, que quiere decir que sufren pena de muerte. Otros santos serán salvos para vivir en la tierra, recibiendo el reino. Así recordamos Hechos 12; Santiago fue matado por Herodes, mientras las oraciones por Pedro resultaron en su libertad milagrosa. Seguro que los santos oraron también por Santiago, pero, de todos modos, Herodes lo mató. Como nos dice en Hebreos 11:33-34 “que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; más otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.”
6 diciembre de 2020