MEDITACIONES

de     F. F.

Daniel 6, parte 2: El foso de los leones


Léase por favor Daniel 6


“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes.” Como vimos la semana pasada, los gobernantes habían persuadido al rey que hiciera una nueva ley, un edicto que prohibía la oración a cualquier dios menos al rey. ¿Cómo iba a reaccionar Daniel? ¿Por lo menos, cerrar la ventana? ¿Para que arriesgar que sea visto de otros? No, Daniel no cambió su forma de vivir nada ni nada. Entendía en su corazón el sentido de la oración de Salomón y seguía por fe en Jehová. Si hubiera sido nada más una costumbre, esa se podía abandonar por edicto real.

Estas oraciones de Daniel, ¿piensa usted que nada más repetía la misma cosa una y otra vez? Desvío de mi tema por un rato para explicar dos palabras que se usa por conversar con Dios; rezar y orar. No quiero ofender a nadie, pero la palabra “rezar” tiene en si el sentimiento de decir la misma cosa una y otra vez. Los católicos rezan cuando oran “Ave María, llena de gracia…” “Nuestro padre que está en los cielos…” Hay algunos que usan la palabra rezar como sinónimo de “orar” y entiendo que a veces usamos una palabra por costumbre sin pensar mucho de su sentido. El Señor Jesús enseñaba a sus discípulos orar diciendo “nuestro Padre” pero a la vez, nos dice específicamente “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.” Así la oración dado a los discípulos era un modelo, no por nosotros los cristianos sino por los discípulos como prototipo del remanente de Israel en un día futuro.

Aunque no sabemos que oraba Daniel, sabemos por su oración en el capítulo 9 que era un hombre totalmente sincero y profundamente piadoso. El no oraba por algún mandamiento; él oraba porque conocía la escritura y confiaba en Dios. Así que, aunque no leemos sus palabras aquí, sabemos que “oraba, y confesaba delante de su Dios.” Daniel no iba a cambiar por amenazas de hombres malos, sea lo que sea las consecuencias. Y no tardaron mucho en acusarlo delante del rey. “Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel, que es de los hijos de los cautivos de Judá, no te respeta a ti, oh rey, ni acata el edicto que confirmaste, sino que tres veces al día hace su petición.” ¿Se nota la mentira mezclado con la verdad? Daniel si había hecho cuenta del rey. En toda su vida siempre había mostrado el respeto y honor que demandaban los reyes de Babilonia. Pero el otro era cierto; ellos habían confirmado que oraba tres veces al día, igual que antes.

“Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle.” Yo no dudo que este rey se dio cuenta de una vez que le habían metido en una trampa, y el en su orgullo se había dejado engañarse. Se nota que el poder del rey había disminuido desde los tiempos de Nabucodonosor, como Daniel había profetizado cuando interpretó el sueño del rey. Él no podía cambiar su propio edicto. “Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado.”

Ahora es el rey que está atribulado, mucho más que el mismo Daniel. El rey trata de consolar a Daniel, aunque no tuvo la misma fe de Daniel “Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre.” A Daniel le echaron en el foso, pero, ¿Quién era que pasaba la noche sin descanso? “Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño.” Yo pienso que Daniel, en cambio, recostaba la cabeza sobre un león fiero, sin el menor miedo y preocupación. Pienso que dormía a gusto toda la noche. Acaso se acordaba del Salmo 3:5-6 “Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba. No temeré a diez millares de gente, que pusieren sitio contra mí.”

Pero en la mañana el rey, “Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?” ¿Esperaba el rey una respuesta? Parece que tenía mucha duda, pero su corazón se alegraba cuando oyó la voz de Daniel, respetuosa como siempre; “Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo.”

Terminamos notando que el testimonio de Daniel era para traer gloria a Dios mismo, y no a sí mismo. “Entonces el rey Darío (dijo)… De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios.” ¿Se podía mandar por edicto temor de Dios? Obviamente no, pues el mismo edicto o semejante había sido proclamado por el rey Nabucodonosor. “Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar…” Daniel 3:29 Solo después, cuando él mismo llegó a conocer “el Dios de Daniel” como su Dios dijo “bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades.” Daniel 4:34 Y nosotros, mis queridos amigos, podemos consolarnos y tomar ánimo de las mismas palabras. El Dios de Daniel es también nuestro Dios, y su señorío es hasta el fin. Aunque a veces parece que los presidentes y gobernantes hacen lo que quieren, seguro que nuestro Dios está sobre todo, y en el podemos confiar, pasa lo que pasa.

FELIPE FOURNIER
22 noviembre de 2020