“El rey gritó en alta voz que hiciesen venir magos, caldeos y adivinos; y dijo el rey a los sabios de Babilonia: Cualquiera que lea esta escritura y me muestre su interpretación, será vestido de púrpura, y un collar de oro llevará en su cuello, y será el tercer señor en el reino. Entonces fueron introducidos todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la escritura ni mostrar al rey su interpretación.”
“Y la escritura que trazó es: Mene, Mene, Tekel, Uparsin.”
Se nos dice que estas palabras eran palabras en el idioma común. ¿Por qué entonces nos dice que no pudieron leer la escritura? Creo que encontramos la respuesta en 1 Corintios 2:14; “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” A nosotros que tenemos vida nueva en Cristo, las palabras de Dios, escritos por hombres cuyas plumas fueron dirigidas por la inspiración divina, son “bellas palabras de vida.” Hace unos años vivía un señor mayor con su esposa en la casa al lado de nuestra casa. No tenían nietos y así les gustaron nuestros hijos pequeños y les daban regalos en sus cumpleaños y mostraron otros favores. Pero no querían que se les hablara nada de la palabra de Dios. Mi esposa cuidaba a la esposa cuando se enfermaba, pero aun estando débil y moribundo, rechazaba escuchar leerse los mensajes del amor de Dios que se publica semanalmente para los niños de la escuela dominical. Al morir la esposa (temo que en sus pecados) al marido mi esposa lo regaló un nuevo testamento. El marido nos regaló su máquina de coser después y encontramos escondido en la maquina (que ella heredó de su madre) una nota que nos indicaba que la madre era creyente en Cristo. Pero desvío de mi tema… la cosa que quería decir es eso, que el señor contaba a mi esposa que encontraba difícil leer la Biblia, pero cuando contrataba con unas señoras musulmanes ayudarlo en su casa, empezaba leer el Corán y eso decía que era fácil de entender. ¿Por qué la diferencia? Pues en Corán fue escrito por hombres y es palabra de hombres. La Biblia es la palabra de Dios. Solo se revela al corazón renovado.
Al corazón duro de Belsasar las palabras escritas por la mano de Dios en la pared no eran entendibles. Pero mucho peor, cuando fueron interpretados, no había una aceptación ni creencia en lo que se explicaba. Daniel en el reino de Nabucodonosor siempre había tenido un puesto de eminencia, pues a pesar de la terquedad del rey, había en varias ocasiones escuchado a Daniel, y por ratos había respetado a su Dios. Mandaba, por ejemplo, en el capítulo 3, que todo el mundo respetara al Dios de los tres hombres que fueron librados de su horno. “Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.” (No funcionaba, como veremos Dios mediante en los capítulos que siguen en el libro de Daniel, pues la fe en Dios no se puede promulgar por edicto gubernamental, aunque por las edades ha sido intentado muchas veces.) Pero por lo menos había respeto mostrado por “el Dios del cielo” como Daniel lo llamaba. Y por fin, como fue relatado de nuevo a Belsasar por Daniel, murió con una fe verdadera en esa Dios a quien llamó “Rey del cielo.” Pero en el reino de Belsasar no había el menor respeto por el Dios del cielo. Daniel fue olvidado completamente y vivía en soledad. El rey no sabía nada de Daniel y fue la reina (a lo mejor su tía o la hija de Nabucodonosor) quien le contaba acerca de Daniel. Daniel no aceptaba la ofrenda de los dones de Belsasar. “Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros.” Pero si le contaba de su fin pronunciado por la palabra y mano de Dios en la pared de su palacio. “Al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste.”
Da cierto miedo ver cómo la gente de los Estado Unidos no quiere tener nada que ver con “el Dios del cielo.” “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová” nos dice Salmo 33:12. Como cristianos aceptamos lo que leemos en el capítulo anterior “el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.” Nuestra oración sigue siendo según 1 Timoteo 2:1-2 “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.”
Que Belsasar no creía el edicto del Dios de los cielos “Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas” se nota por lo que hizo. “Entonces mandó Belsasar vestir a Daniel de púrpura, y poner en su cuello un collar de oro, y proclamar que él era el tercer señor del reino.” ¿Anhelaba Daniel un lugar en un reino destinado a ser destruido aquella misma noche? Así nosotros, sabiendo que este mundo está destinado al juicio, no esperamos un futuro próspero en este mundo, sino anhelamos la venida de nuestro Señor en el arrebatamiento. “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.” Apocalipsis 22:20-21
8 noviembre de 2020