MEDITACIONES

de     F. F.

Daniel 5: Arrogancia reprobada


Léase por favor Daniel 5


“El rey Belsasar hizo un gran banquete a mil de sus príncipes, y en presencia de los mil bebía vino. Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas.”

Lo que me impresiona, leyendo estos versículos, es eso que el conocimiento de Dios no se adquiere por herencia. Recién nuestro hermano Rigoberto ha estado compartiendo con nosotros por WhatsApp algunas meditaciones del hermano Jim Hyland que han sido traducidos al español. Son breves y provechosos. El hermano ya está con el Señor, llevado de nosotros con solo sesenta años. Era un hermano muy fiel que dedicaba su vida al servicio del Señor. Pero que yo sepa, sus hijas andan lejos del Señor. No dudo que nuestro hermano y su esposa fielmente compartía la palabra con sus hijas desde el principio. Pero siendo adultas, las dos escogían el camino del mundo.

El rey Nabucodonosor, o el padre o abuelo (no hay acuerdo entre varios sobre esta cuestión) de Belsasar le había contado según este capítulo del peligro de levantarse en soberbia contra “el Dios de los cielos.” Daniel le dijo “Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto.” Así la humillación de Nabucodonosor resultaba en su deseo de compartir con sus hijos quien era el Dios del cielo, el único Dios verdadero, a quien se debe rendir honor.

A pesar de todo este conocimiento, Belsasar (cuyo nombre a lo mejor tomó por sí mismo según el nombre de su dios Bel) pensaba que podía jactarse contra aquel único y verdadero Dios. “Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra.” En este punto, Jehová Dios de Israel lo iba a contestar por su arrogancia. “En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía. Entonces el rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, y se debilitaron sus lomos, y sus rodillas daban la una contra la otra.”

Recuerdo de otros tiempos cuando el dedo de Dios escribía. “Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.” Éxodo 31:18 La ley inmutable de Jehová fue escrita por el dedo de Dios en tablas de piedra. Esa ley decía “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.” Éxodo 20:4 Esta ley también decía “No cometerás adulterio.” Éxodo 20:14 Pero cuando los fariseos trajeron a una mujer tomado en el acto de adulterio en Juan 8, ¿qué hizo el Señor Jesús? “Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.” Vemos en la gracia de Dios que el Hijo de Dios se hizo carne (polvo) y vino en humillación a la tierra como hijo del hombre para redimir al hombre que había fallado totalmente de obedecer la ley escrito por el dedo de Dios en tablas de piedra.

¿No es interesante cuan pronto los pensamientos cambian de orgullo y arrogancia a temor y temblor? Espero que mis lectores reconozcan esto cuando se escuchan a personas en el mundo, como profesores en la escuela, hablando confiadamente como que no hay dios y que el mundo llegó a existir solo por medio del puro percance de la evolución. No se olvide que Dios va a tener la última palabra, y sus caras tan confiadas van a tener otra expresión en aquel día, como vemos aquí en el rey Belsasar. En un momento estaba sin preocupaciones, orgulloso, medio borracho, y alegre. Al siguiente momento, todo cambiado, sus rodillas esta pegándose, y su cara pálida de terror. Dios le había hablado por medio de algo espantoso, la mano sin muñeca o brazo que escribía en la pared de su palacio. Y así Dios puede hablar a esta gente que quiere pensar que Dios no existe.

Continuamos con el estudio de este capítulo la semana que viene, Dios mediante.

FELIPE FOURNIER
31 octubre de 2020