Ya terminamos el estudio de 2 Samuel y tenía una sugerencia que veamos a los profetas menores. Pero antes de esto, estoy pensando de un tiempo demasiado difícil en la historia del antiguo testamento y pienso de Daniel, un joven que honraba a Dios en un tiempo muy difícil. No solo eso, pero influenciaba a otros hacer lo mismo. No soy capaz de escribir sobre la parte profética de su libro de Daniel, pero por lo menos podemos meditar algo sobre su vida y de sus amigos.
Para empezar, volvemos a 2 Reyes 20:16-18 a escuchar la profecía de Isaías al rey Ezequías quien no quiso morir y pedía fervientemente recuperar de su enfermedad. Jehová escuchaba su oración y le añadió quince años de vida, pero tristemente no eran años de prosperidad espiritual. El rey de Babilonia había enviado mensajeros al rey con adulación y palabras lisonjeras y el rey fue engañado por ellos. “Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová: He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová. Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.” Uno hubiera pensado que Ezequías hubiera lamentado, más que cuando pensaba morir, a escuchar esta profecía, pero no, no había en él corazón para arrepentirse delante de tal profecía. “Entonces Ezequías dijo a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Después dijo: Habrá al menos paz y seguridad en mis días.”
No dudo que Daniel conocía esta historia, y esta profecía se llevó a cabo exactamente como Isaías había profetizado y aquí tenemos “del linaje real de los príncipes” que fueron hechos eunucos para el rey de Babilonia. Por la idolatría y desobediencia fueron cautivos los hijos de Israel, y Daniel y sus tres compañeros tenían que participar debajo del gobierno de Dios a la nación, aunque no habían participado en ella. Pero vemos lo que dijo el profeta Jeremías del porque tenían que ser transportados como cautivos; “Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien.” Jeremías 24:5
¿No es lindo notar las ultimas palabras del versículo? Para bien fueron llevados cautivos, y Jehová los prometía que iban a verlos en el futuro “para bien”. Parece que Daniel estaba muy conciente de que era el mal estado del pueblo de Judá que trajo la disciplina de Jehová sobre ellos. Se nota el verso 1 y 2 “En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá.” (Es interesante el uso aquí de la palabra “Señor” pues nos hace recordar que la nación anteriormente se había relacionado con “Jehová, el Dios de Israel.” El nombre de Dios con relación a Israel no aparece en el libro de Daniel hasta el capítulo 9.) La mano del Señor mismo estaba sobre ellos por medio de su desobediencia, pero lo bonito en este libro es esto, que Daniel no rebelaba bajo el gobierno de Dios. Hubiera podido haber dicho “Nada de esto es culpa mía. ¡Mire tan feas las palabras de mi abuelo Ezequías, diciendo tales cosas!” Pero no, no dijo nada de eso, culpando a otros. Aceptó su situación tan humillante de haber sido hecho eunuco, perdiendo para siempre la posibilidad que él continuara la línea real. A pesar de toda la humillación, Daniel buscaba como agradar a Dios bajo circunstancias muy difíciles.
¿Qué tal de usted, mi amigo? Es muy posible hasta probable que usted esta viviendo en estos tiempos difíciles bajo circunstancias difíciles. La pregunta entonces para usted es este, ¿tiene usted un deseo de honrar a Dios bajo circunstancias difíciles? “Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse.” ¿Qué tenia de malo comer de la comida del rey? Quizás era comida de animales inmundas, o quizás era comida y bebida que habían sido sacrificados a ídolos. No estoy seguro, pero sea lo que sea, era comida que Daniel no podía comer con buena conciencia y “pidió por tanto… de no contaminarse.” Quizás hubiera podido pensar de un montón de excusas porque era aceptable comer. “Todos los demás lo están haciendo.” “Es un tiempo excepcional, los mandamientos de Dios ya no se aplican.” “Estoy bajo el poder de un rey poderoso, tengo que hacer lo que me mandan.” Todo eso pudiera haber sido cierto, pero Daniel propuso en su corazón. Ojala que nosotros, queridos jóvenes, tengamos el mismo fervor de honrar al Señor Jesús, quien hizo tanto por nosotros, no por obligación, sino por amor a él.
Quiero notar dos cosas aquí: Primero, que Daniel “pidió” y no insistió. Pienso que la manera en que él habló al príncipe de los eunucos tenía mucho que ver con la buena recepción que tuvo. Hay una buena lección aquí. Segundo, quiero notar los versículos en Isaías 56:3-5, “Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá.” Creo que Daniel conocía y confiaba en estos versículos en la profecía de Isaías y tomaba consuelo y ánimo. Y ustedes, jóvenes, que anhelan tener un esposo o una esposa, no se desesperen. Yo estoy casado ya 41 años y quizás así no soy capaz de entender, pero de todos modos digo que vale la pena ser fiel al Señor, cuesta lo que cuesta. Daniel nunca tenía esposa ni pudo tener hijos, pero vivía una vida llena de felicidad y contentamiento. Puede pasar lo mismo con usted, querido amigo, si como Daniel propone en su corazón agradar a Dios.
30 agosto de 2020