Hasta ahora no ha habido otra petición de tema para tratar, así que si no hay petición aparte, pienso la semana que viene empezar el estudio de José, hijo de Jacob, en el antiguo testamento. Pero he estado meditando un poco más sobre el capítulo 4 de 2 Timoteo y pienso comentar brevemente sobre las coronas que son mencionados en el nuevo testamento para galardón de cristiano en un día futuro. Al Señor Jesús, le otorgaron una corona de espinas; en el día futuro el Señor Jesús llevará la corona del rey. A nosotros se nos dará, según nuestra vida para el Señor en este mundo, varias coronas.
1) La corona de regocijo: “Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo.” I Tesalonicenses 2:19-20
2) La corona de justicia: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 2 Timoteo 4:8
3) La corona de vida: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.” Santiago 1:12 “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” Apoc. 2:10
4) La corona de gloria: “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” 1 Pedro 5:4
Las coronas para el creyente siempre se ven en relación con la venida del Señor Jesús en su gloria. Nunca se debe confundir los premios dados a los cristianos por su fidelidad con las buenas nuevas de salvación gratuita. Somos salvos por pura gracia inmerecida. Pero como dice en 2 Timoteo 2:12 “Si sufrimos, también reinaremos con él.” Hay galardones relacionados con el milenio y el reino de Jesucristo sobre este mundo que le rechazaron una vez, pero en aquel día se doblará toda rodilla y allí estaremos nosotros reinando con él.
La corona de regocijo tiene que ver con los tesalonicenses que fueron salvos bajo la predicación de Pablo. El regocijaba en su salvación y pensaba del día en que fueron presentados delante de Cristo en su venida como regalos al lado de Pablo. Quizás así será con usted, que una vez con mucho miedo entregó un tratado a un extranjero, que leyendo este tratado recibió a Cristo, y tal persona será de regocijo por usted en aquel día, aunque quizás totalmente desconocido aquí.
La corona de justicia, que Pablo esperaba recibir, también es disponible por los que “aman su venida.” Si amamos su venida, así también nosotros recibiremos la corona de justicia. ¿Y no anhelamos el día cuando Cristo será exaltado delante de este mundo injusto, el mismo mundo que dijo “es culpable de muerte” hablando del mismo Jesús? El pensamiento debe llenar nos de gozo inefable, ver a nuestro Señor Jesús glorificado y honrado, y con estos pensamientos que Dios los sabe todos, nosotros también recibiremos la corona de justicia, igual con Pablo que pagó con su vida por su fe en Jesucristo.
La corona de vida, prometido a los mártires de Apocalipsis 2, parece ser no disponible a nosotros en el mundo llamado cristiano, donde quizás sufrimos algunas risas y burlas, pero no tememos la muerte como cristianos en otro época, o cristianos en el mundo musulmán donde a veces los cristianos en el día de hoy pagan con su vida por su fe. Pero Santiago habla de la misma corona para los que resisten tentaciones, por amor al Señor.
Pedro también nos habla de una corona, una corona de gloria, relacionado con los pastores que pastorean a las ovejas del Señor. En la conferencia en Burbank se mencionaba como el trabajo del pastor a veces no es muy apreciado, pero el que tiene cuidado de los corderos y las ovejas de Cristo puede estar tranquilo que va a haber una corona de gloria dado a tales que por amor a Cristo cuidan a su grey.
Sabemos que, fin de todo, echaremos nuestras coronas a los pies de Jesús. “Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder.” ¡Pero qué bueno si tenemos una corona para echar delante de aquel trono!