MEDITACIONES

de     P. F.

Pablo exhortando a Timoteo, parte 3  *

2 Timoteo 3 *

“ESTO también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos:  Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad,  Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno,  Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios;  Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella: y á éstos evita.  Porque de éstos son los que se entran por las casas, y llevan cautivas las mujercillas cargadas de pecados, llevadas de diversas concupiscencias;  Que siempre aprenden, y nunca pueden acabar de llegar al conocimiento de la verdad.  Y de la manera que Jannes y Jambres resistieron á Moisés, así también estos resisten á la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos acerca de la fe.  Mas no prevalecerán; porque su insensatez será manifiesta á todos, como también lo fué la de aquéllos.  Pero tú has comprendido mi doctrina, instrucción, intento, fe, largura de ánimo, caridad, paciencia,  Persecuciones, aflicciones, cuales me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra, cuales persecuciones he sufrido; y de todas me ha librado el Señor.  Y también todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución.  Mas los malos hombres y los engañadores, irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.  Empero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido;  Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jesús.  Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia,  Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra.”  (2 Timoteo 3)


“Procura con diligencia presentarte á Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad.” 2 Timoteo 2:15

Escribimos la semana pasada de este capítulo 2, del soldado, el atleta, y el agricultor.  Pero además, hay el obrero.  Tengo porque mencionar especialmente este versículo, porque se me ha ocurrido que algunos tienen una idea equivocada acerca de las obras en el día de ruina.  Me ha pasado más que una vez, pero recién, estando en una conferencia, se me acercó un joven que fue criado en la asamblea y me dijo eso “me da pena que tan poco se hace para la predicación del evangelio aquí.”  Mi respuesta a tales comentarios siempre es igual.  “Procura con diligencia presentarte á Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse..”  ¿Con quién habla Pablo en este versículo?  ¿Acaso con la asamblea?  No, no fue la asamblea, sino un individuo, Timoteo.  “Presentarte”.  En el capítulo 3 leemos algo semejante “persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido.”

El llamamiento en el día de ruina es a los individuos, que cada uno procura con diligencia, y persiste con diligencia.  Yo así aconsejé al joven que si él tiene ejercicio en la predicación, que el mismo saliera según el don y los medios que Dios haya puesto a su alcance.  No es bueno reprender a otros, o a la asamblea, que se debe hacer más en la obra del evangelio.  Cada uno debe buscar como el Señor le puede ayudar en eso, y cierto que saliendo uno, otros también van a ser animados para acompañar, o seguir el buen ejemplo y participar de su forma en lo mismo, cada uno un obrero que no tiene de que avergonzarse.  He visto la tendencia de tratar de avergonzar a otros por no hacer la obra del Señor.  Pero no conviene ni se debe criticar a otros, si yo mismo no estoy haciendo lo que el Señor me ha puesto a la mano.  En muchas iglesias forman consejos o grupitos y les impongan el trabajo del evangelio.  Pero no es algo que se puede imponer en otros.

No olvidamos tampoco el fin del versículo.  “obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad.”  Hay algunos que dan poca importancia de trazar bien la palabra de verdad.  Piensan que la doctrina poco importa, si solo el evangelio sea predicado.  Pero no es por nosotros poner a un lado la importancia de entender y trazar bien la palabra de verdad.

Tampoco esperamos que haya un reavivamiento del poder y libertad del Espíritu, que había en los días de Pentecostés, y el cual los Pentecostales ensenan, sin trazar bien la palabra de verdad.  “Esto también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos: que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad… teniendo apariencia de piedad, más habiendo negado la eficacia de ella: y á éstos evita.”  Esto es lo que esperamos.  No que las cosas mejoren, sino que van mal en peor.  “Que siempre aprenden, y nunca pueden acabar de llegar al conocimiento de la verdad.”  “Más los malos hombres y los engañadores, irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.”

¿Hay debilidad entre los hermanos congregados al nombre del Señor?  Sí, hay mucha y no la debemos negar, pero la respuesta no es abandonarla para juntarse con la profesión cristiana con toda su mala doctrina.  No decimos que son todos iguales, pues no es cierto.  Hay entre la profesión cristiana muchos creyentes reales con un deseo verdadero de seguir al Señor y siguen en ignorancia.  Pero Pablo aconseja a Timoteo así “Pero tú has comprendido mi doctrina, instrucción, intento, fe, largura de ánimo, caridad, paciencia.”  Nosotros que hemos aprendido y disfrutado la buena doctrina no debemos abandonarla, buscando más actividad, más energía, o más don.

Termino con los versículos tan preciosos, un consejo bueno por todos nosotros.  “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.  Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

FELIPE FOURNIER